La clave del éxito en la distribución de fondos internacionales en España está en una buena definición de sus clases de acciones


Tribuna de Luis de Ussía, director regional de Iberia y Latinoamérica de Allfunds Bank.

¿Se imaginan ustedes que al buscar el surtidor de diésel en la gasolinera se encontraran con un cartel como este “Clase de hidrocarburo líquido de 832 kg/m3  compuesto por parafinas”? El cartel que identificaría la gasolina súper no sería más aclarador “Mezcla de distintas clases de hidrocarburos obtenida por destilación fraccionada”. Imaginen además que cada vez que cambiaran de proveedor (Cepsa, Repsol, Elf, BP….) la definición de ambas cambiara totalmente… una locura, ¿no?

Difícil imaginar una industria en la que el fabricante no defina claramente el producto que pone a disposición de los distintos canales de distribución para que el cliente final compre lo que necesita y lo que le corresponde comprar. Pues locura o no, esto es exactamente lo que ocurre en nuestra industria de fondos de inversión.

De un tiempo a esta parte, el problema de la disparidad y la falta de definición concreta de cada una de las clases de acciones de una IIC se ha convertido en uno de los mayores dolores de cabeza (si no el mayor) para todos los que formamos parte de la cadena de distribución de fondos. Hace ya dos años, la CNMV puso en la diana de su labor supervisora este asunto y de manera incansable ha revisado con todas las entidades los criterios en que se basaban para distribuir unas clases u otras así como las reglas que seguían para comprar una determinada clase para las IIC gestionadas o las carteras discrecionales. El tema no es menor, ya hemos visto las primeras multas y amonestaciones, mientras la presión sobre los distribuidores no ha aflojado tras la comunicación realizada al efecto por la CNMV hace escasas semanas sobre la distribución a clientes de clases de acciones de IIC.

Desde Allfunds entendemos que es obligación de las gestoras y también nuestra ayudar a los distribuidores en la determinación de cuál es la clase de acción que deben de comprar para cada uno de los servicios prestados (asesoramiento independiente o no independiente, solo ejecución, gestión discrecional o fondos de fondos). La distribución de fondos es  una tarea cada vez más compleja, los requerimientos regulatorios son cada vez mayores y por tanto los costes asociados para los distribuidores también lo son. Frente a esta realidad compleja, existen soluciones tan simples como comprar ETF (y más aún si estos fuesen traspasables).

Es imprescindible para asegurar el futuro del negocio de distribución de fondos de gestión activa dar toda la información y herramientas a las entidades para ayudarlas en la selección de fondos así como en la determinación de las clases correctas. 

Nosotros desde Allfunds ya les aseguramos todas las informaciones que necesitarán para poder hacer su selección de clases sin problema (gastos corrientes, retrocesiones, universo invertible, clases elegibles…). Las gestoras deben también asumir su responsabilidad. Tienen la obligación de definir con claridad absoluta cada una de sus clases con las aclaraciones más precisas posibles en sus folletos evitando generalidades y ambigüedades.

Lo perfecto sería poder disponer de una clase para cada tipo de servicio tal y como se definen en MiFID (asesoramiento independiente o no independiente, gestión discrecional, solo ejecución…) y en todo caso indicar (quien mejor que el fabricante para hacerlo) el objetivo de servicio/producto al que se dirige cada clase. De cara a MiFID II es algo que ninguna gestora debería obviar.

En Allfunds recientemente lanzamos la iniciativa de preguntar a las mayores gestoras cuál era la clase adecuada para negocios “institucionales” en España y cuáles  eran las idóneas para negocios de distribución. La respuesta de las gestoras lamentablemente ha sido pobre y escasa. No existe mejor ayuda a la hora de definir la clase más económica disponible que las indicaciones del “fabricante”, de otro modo tendremos que interpretar folletos y por tanto correr un riesgo innecesario.

Las gestoras que entiendan esta realidad harán negocio y triunfarán, las que desatiendan estas necesidades de nuestros clientes y se dediquen solo a hablar de sus fondos (y no de sus clases) quedarán excluidas de forma natural. Los distribuidores priman minimizar sus riesgos regulatorios frente al reto de enfrentarse a tal complejidad y riesgo.

La rentabilidad de un fondo es factor clave a la hora de ser seleccionado pero, no nos engañemos, lo que de verdad importa y marca la diferencia entre los fondos buenos de un nicho es la clase.

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