Jugando la carta de la gestión activa


Los tipos de interés de los depósitos y las cuentas de ahorro a corto plazo están a un nivel extremadamente bajo y tal y como ha mostrado en su última reunión, probablemente el BCE no va a llevar a cabo una subida de los tipos antes de 2016. Existe el riesgo de que los bancos centrales suban los tipos demasiado tarde, pero esto es parte de una estrategia deliberada. Y esta situación podría conducir a la inflación. Poner todos los ahorros “de forma segura” en una cuenta de ahorros no es quizás la decisión más recomendable porque a pesar de que la inflación en Europa es baja actualmente, siempre se pierde dinero en términos de poder adquisitivo real. Es por tanto preferible asumir un poco más de riesgo, con la perspectiva de un rendimiento real positivo.

En este contexto, creemos que la gestión activa de una cartera diversificada puede, mediante un proceso de inversión disciplinado y siguiendo un control riguroso de riesgos, compensar este problema al que se enfrentan los inversores desde hace varios años. Dada la coyuntura actual, un fondo patrimonial/flexible representa una buena solución para inversores que no quieran asumir mucho más riesgo, ya que la filosofía subyacente de estas estrategias es la preservación del capital, minimizando el riesgo de caída.

Esta estrategia se comporta bien en los períodos bursátiles más desfavorecidos. Este tipo de carteras están compuestas por una parte de renta variable, para tomar ventaja de los períodos más favorables, y por otra parte en valores de renta fija que pueden servir como un "amortiguador" cuando las cosas evolucionan de manera menos favorable. De esta manera, se trata de minimizar las grandes fluctuaciones a través de la gestión activa. Lograr el objetivo de tener un rendimiento superior al que puede ofrecer una cuenta de ahorros sin asumir riesgos excesivos sólo se consigue a través de un proceso de inversión disciplinado basado en tres pilares: asignación de activos,  selección de valores individuales y construcción de la cartera.

La primera fase, asignación de activos, consiste en analizar cuidadosamente la situación económica general de manera global y definir dónde estamos en el ciclo de inversión. Al mismo tiempo, se analizan las valoraciones por clases de activo y por regiones a medio y largo plazo. Además se tienen en cuenta en este caso los indicadores tácticos que reflejan el sentimiento del mercado a corto plazo.

La segunda fase del proceso es la selección de valores individuales, acciones y bonos. Este proceso se debe basar en una investigación especializada tanto de analistas de renta fija como de renta variable. La tercera y última etapa del proceso es la construcción de una cartera con títulos sólidos para el futuro. En este sentido ser capaces de gestionar adecuadamente el riesgo y de minimizarlo es de suma importancia.

Asimismo, en la parte de renta variable podemos diversificar nuestra inversión en tres horizontes temporales diferentes. A corto plazo, la selección de valores estará basada en una selección oportunista como las salidas a bolsa, fusiones y adquisiciones etc... A medio plazo, la selección de las acciones depende de la valoración, que difiere significativamente del precio de mercado. En cuanto al largo plazo, hay que tener en cuenta algunas de las temáticas que darán forma al mundo en los próximos años y décadas, como la agricultura, la energía, la demografía, el transporte… La combinación de estos tres horizontes de inversión garantizará el equilibrio.

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