Japón y las flechas de su carcaj


Mucho se ha hablado estos días acerca de Japón. Mucho y, en la mayoría de los casos, muy positivamente por el esfuerzo de sus gobernantes por lograr vencer las cadenas deflacionarias que atenazan su economía. Estos días se habla mucho de sus tres flechas, a saber, política fiscal, reformas estructurales y por supuesto las medidas monetarias tomadas por el Banco de Japón y anunciadas el pasado 4 de abril por su gobernador, Haruhiko Kuroda. Kuroda –en mi opinión- forma un tándem perfecto con el primer ministro Shinzo Abe que dará mucho que hablar –para bien- por los posibles resultados tangibles positivos que se observen.

Antes de la comparecencia del Banco de Japón a lo banzai –esto es sacando la artillería monetaria- algo raro se vislumbraba en el mercado de bonos japonés. Los títulos a más largo plazo estaban siendo comprados, su precio se apreciaba y su rendimiento –medida inversa a su precio- bajaba. Tras el anuncio del pasado jueves 4 de abril, la bolsa nipona ha recogido con ganancias -en apenas cinco días de negociación- del 11%  la voluntad y el empeño demostrado para desatascar la trampa de la liquidez deflacionaria en que se encuentran. Los últimos días no han hecho sino confirmar esa primera impresión. El pasado fin de semana un periódico del país del sol naciente publicaba el monto  total de compra de bonos gubernamentales japoneses que su instituto emisor acometería durante la semana actual. Nada menos que compras de bonos por 1,2 trillones de yenes con un vencimiento de entre 5 y 10 años.

Si analizamos lo que supone tal cantidad sobre el total del programa comprenderemos la euforia bursátil que se está viviendo en la bolsa tokiota. Esos 1,2 trillones suponen algo más del 2% sobre la cifra total de compra anual de bonos por 50 trillones anunciada con anterioridad. La base monetaria japonesa –y por tanto gran parte del pasivo del balance de su banco central- se multiplicará por dos a lo largo de los próximos dos años.

Los agoreros dicen que Japón no tendrá éxito. Que nadie ha hecho antes eso. Personalmente creo que se equivocan. En los albores de la gran depresión de los años treinta, Japón tomó una medida muy parecida. Y tuvo éxito. Logró con creces el objetivo de esquivar y/o salir del pozo de la deflación. Tanto que la inflación llego a niveles cercanos al 20% y la bolsa japonesa se dobló en cinco años. Si nos basados en esto último ¿Qué elementos objetivos existen para pensar que no volverá a tener éxito? Los pesimistas deben mirar la cotización del yen antes y después de los anuncios hechos, calcular el porcentaje de empresas exportadoras cotizadas en Tokio y  aumentar los ingresos esperados por ventas a lo largo de los próximos años en los modelos de valoración. Basta comparar la cotización del yen en los mercados de divisas, y observar como el yen cotiza hoy –tras los anuncios acaecidos- en casi 100 unidades por cada dólar y  130 por cada euro.

La política fiscal es expansiva. Ya lo era antes de las últimas elecciones  y ha continuado siendolo con el nuevo gobierno del PLD.

Lo más positivo es que la combinación expansiva de ambas políticas –monetaria y fiscal- contribuye –no sólo a la depreciación del yen- sino también al objetivo inflacionario fijado del 2%.

Entre las opiniones que no acaban de ver los beneficios de “las tres flechas” figuran firmas de la talla de los que se citan en una noticia publicada en Funds People. Es cierto que la implementación de unas medidas tan ambiciosas puede verse limitada por intereses políticos, pero en todo caso serán intereses políticos foráneos (¿EEUU?¿China?) los que tal vez se pongan en juego y aviven aún más la guerra encubierta de divisas. Los socios comerciales asiáticos de Japón son los que parece que, a priori deberían estar más preocupados. Japón amenaza con reconquistar parte de la tarta comercial que ha perdido a lo largo de los últimos años.

También existen casos de economistas de postín –como el premio Nobel Stiglitz- que respaldan y se muestran esperanzados en el devenir del país asiático. Stiglitz afirma –en un artículo que ha publicado recientemente- que Japón debe combinar en ese mix  de “Abenomics” (políticas adoptadas y auspiciadas por su primer ministro) unas políticas reformistas que favorezcan la educación y animen a que las familias aumenten su tasa de natalidad.

Con una mayor dotación educacional  -aún mayor de la ya de por si alta que poseen- y un mayor apoyo familiar que sustente nuevos nacimientos, Japón podrá afrontar uno de sus retos coadyuvantes, el del envejecimiento de la población. El elevado grado de deuda pública –por encima del 200% sobre PIB- se vuelve ingobernable si lo vinculamos a su pirámide demográfica. Si rejuvenece su población, estará rejuveniciendo su economía y haciendo más sostenible el peso de su deuda pública.

Quizás lo que algunos denominan como experimento japonés no sea tal. A lo mejor a la vuelta de unos años vemos como nuevos países adoptan ciertas políticas que ahora Japón está ejecutando o esta en vías de hacerlo. El incremento de las dotaciones presupuestarias destinadas a educación y apoyo a la natalidad pueden ser parte de la solución en alianza con otras políticas para lograr la vuelta a un circulo virtuoso.

Veremos si las flechas japonesas dan en la diana y si algún país en el futuro decide coger alguna flecha del carcaj japonés.

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