Japón: tras la tempestad llega la calma


Tras la dramática reacción que se tuvo ante el desastre del 11 de marzo, los indicadores económicos de Japón han comenzado recientemente a normalizarse y, en general, parecen alentadores en lo que respecta a la tendencia  de fondo de su actividad.  Junio ha sido el primer mes positivo de este mercado desde que se produjo el seísmo.    

Los indicadores económicos van mejorando  de manera gradual 

La balanza comercial japonesa sigue sufriendo por ambas partes: las exportaciones por la fortaleza del yen y los daños en las instalaciones de producción, y las importaciones por sus mayores necesidades energéticas al tener que emplear más las centrales que operan con carbón o petróleo como combustible debido a la pérdida de capacidad de generación eléctrica de las nucleares. 

Al margen de lo anterior muchos de los indicadores son bastante positivos. Evidentemente, la tasa de utilización de capacidad sigue siendo baja y los inventarios permanecen altos, pero esto es algo que podría esperarse dados los problemas de la cadena de suministro en la producción de automóviles y en otros sectores. La encuesta trimestral TanKan prácticamente no se movió, aunque se produjeron los primeros indicios positivos de una recuperación en los gastos de capital derivados de la reconstrucción. El índice de confianza de la pequeña empresa (aún lejos de sus niveles previos al terremoto, pero mucho más cerca) y la encuesta de observadores económicos, así como el índice de producción industrial y el de toda la actividad industrial, también presentan una tendencia positiva. 

El desempleo ha caído hasta el 4,5% y los ingresos  laborales volvieron a subir en términos anualizados. La confianza de los consumidores sigue siendo débil, pero ha comenzado a mejorar ligeramente, y los indicadores del comercio minorista más recientes sugieren que las ventas están acercándose a los niveles previos al desastre.  De todos los aspectos positivos, probablemente el más importante tiene que ver con que se ha moderado la deflación. Aunque la variaciónen los precios  al por mayor volvieron a  un terreno positivo durante algún tiempo, incluso el IPC ( sin la alimentación y la energía, dos de los componentes que habían sufrido más por la inflación recientemente) indica ahora una ligera subida en los precios en términos anuales. 

También queda cada vez más claro que la reconstrucción avanza bien, gracias a la respuesta productiva de las compañías. Los esfuerzos realizados por ahorrar energía también han permitido evitar hasta la fecha cortes masivos de electricidad, los daños se están reparando y se han encontrado soluciones alternativas para retomar la producción lo antes posible. Además, las empresas están centrando ahora sus comunicaciones en  lo pronto que esperan que las aguas vuelvan a su cauce.  Lamentablemente, existe un marcado contraste entre lo anterior y la incapacidad que están demostrando los políticos a la hora de acordar un plan de apoyo a la reconstrucción.  Esta mejora sirvió para que el mercado japonés ofreciera unos resultados algo superiores (en divisa local) a los de los demás mercados durante junio. 

El final de la deflación, un factor positivo para comprar en el económico mercado de renta variable japonés 

No esperamos que la actividad económica experimente una drástica aceleración en Japón en un futuro cercano pese a los beneficios que supondrá la reconstrucción tras el terremoto. El apoyo del gobierno llevará demasiado tiempo y la fortaleza del yen sigue siendo un problema.  No obstante, consideramos que los indicadores recientes no hacen sino señalar que la actividad de fondo sigue siendo tan sólida como pudiera esperarse. Dada la resolución gradual de los problemas de producción y el hecho de que ha caído el precio del petróleo, la situación debería seguir mejorando en el futuro. 

Consideramos también que la estabilización del IPC (descontando la alimentación y la energía) es una buena noticia. Este índice de precios lleva cayendo casi todos los meses  desde hace  más de una década, con excepción de un breve período de suave inflación durante el verano de 2008.  Una vuelta duradera a un terreno positivo podría servir para desbloquear el gasto nacional, que durante tanto tiempo lleva deprimido en Japón.

 

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