Italia y España, spreads disparados. ¿Está cerca el precipicio?


Existen grandes similitudes entre el incremento de la prima de riesgo italiana y el de la española. Para muchos inversores institucionales, estos parecidos son cada vez mayores: tanto que apuestan por que ambos países puedan ser carne de rescate o sede de grandes defaults que antecedan a la desaparición del euro como hoy lo conocemos. El acrónimo PIGS, acuñado en la época de la firma del Tratado de Maastricht y hoy ampliado a PIIGS por Irlanda, ya incluía a los dos países. Entraron en la primera fase del nacimiento de la moneda única europea, con más polémica en el caso de España, y pueden ahora protagonizar uno de sus peores episodios. ¿Tan grave está la cosa? Parece que bastante, pero creo que nada que algunos cuidados intensivos y varias medidas de prevención posteriores no puedan curar. Ahora el problema principal está en quién receta esta medicación. 

Sin entrar en el debate de si la UME fue concebida o no como una unión de transferencias, es evidente que en el seno de la Unión no existe una posición común sobre cómo afrontar los problemas financieros de varios de sus miembros (progresivamente de la mayoría de sus miembros). Las dificultades en aprobar un plan para el salvamento/reconducción de la deuda griega son buena prueba de ello. Este obstáculo es, a mi juicio, uno de los mayores catalizadores de los recientes ataques a los mercados españoles e italianos. Tras la quiebra de Lehman Brothers, las apuestas fueron sobre la caída de bancos, y hoy lo son sobre las deudas soberanas. Su eventual default se llevaría por delante a bancos y demás familia financiera, amén de sumir a nuestra economía en un desconocido caos sobre el que, por sanidad mental, mejor no pensar demasiado. Esto es mucho más grave que el lamentable episodio Lehman y requiere máxima coordinación entre Estados, cesiones temporales de soberanía y, en general, aceptación de sacrificios por parte de los gobernantes de todos los países miembros y sus ciudadanos. 

Yendo a lo concreto, la superación por parte de España e Italia de este episodio de tensión en sus mercados y la normalización de sus primas de riesgo me parece un escenario de altísima probabilidad. No así la solución en el corto plazo de los problemas estructurales a que ambos países se enfrentan y el consecuente débil crecimiento en este año y el siguiente (1,1 y 1,3% para Italia y 0,8 y 1,6% para el caso de España, según estimaciones de abril 2011 del FMI). 

La génesis de esta nueva ampliación de spreads está de nuevo en la falta de confianza que inspiran las políticas individuales de los países europeos, lo que se suma a la ausencia de coordinación conjunta en el seno de la Unión. ¿Qué puede ayudar a recuperar al menos parte de esta confianza perdida? Varias medidas para ello, tanto individuales de cada país como globales en la Eurozona, y que sólo citaré pues todas tienen demasiado recorrido para glosarlas aquí. Entre las primeras, la más evidente son las futuras elecciones generales, pronto en España y más tarde en Italia (no son hasta 2013, pero Berlusconi ya ha anunciado que no se presenta). Además, la profundización en la reducción/redistribución (de partidas) de gasto público que ya se ha emprendido debe añadir en el más corto plazo otra dosis de confianza. 

Pero lo más urgente, por su efectividad y visibilidad cara a los mercados, son las reacciones de los órganos de gobierno e instituciones de la Unión. Por un lado debe tomar cuerpo algo cercano a la creación de una autoridad única en finanzas esbozada por el saliente Trichet, y que debería ser muy bien acogida e impulsada por su sucesor Draghi quien encima, ya sabemos, es italiano. Por otro, también ayudaría la concreción  de la posibilidad, también auspiciada por Trichet, de que se dote a organismos europeos de más autoridad sobre los países que van "por el mal camino" y que incluya el derecho a veto de determinadas políticas nacionales. Hay que dejar atrás el famoso eje franco-alemán, un lastre en la práctica, y trabajar conjuntamente para dar una imagen de unidad y firmeza a los mercados. El eventual anuncio formal de la emisión de bonos respaldados por todos los países de la Eurozona supondría también un elemento de apoyo a los mercados. 

Y sin duda, la medida más deseable sería el compromiso firme por parte del BCE con la “normalización del mercado de bonos europeo”, lo que tendría fuertes efectos disuasorios en el cortísimo plazo ayudando a parar muchos de los ataques más o menos especulativos que hoy tienen lugar en nuestros mercados. Hay muchas voces que reniegan de una medida de este tipo por el intervencionismo que comporta. A ellos sólo decirles que miren hacia lo sucedido con las compras de bonos en EEUU, teórica cuna con Reino Unido del liberalismo más audaz, y piensen por un momento en cómo se encontraban cuando leían en octubre de 2008 la frase World on the Edge en la portada de The Economist. 

No creo que vayamos a estar otra vez al borde del precipicio y presumo que se van a tomar medidas para parar esto, de choque y de rehabilitación del enfermo, aunque llevará tiempo. Si así se hace, los bonos soberanos italianos y españoles son ahora una buena oportunidad de compra.

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