Italia: Una crisis política


Nuestro analista político considera que la opción más rápida y factible para Italia es un gobierno de coalición o de unidad nacional un vez que haya dimitido el primer ministro Berlusconi. Este futuro gobierno no tendría dificultad en aplicar el programa de ajuste económico y fiscal que le demanda Europa. Realmente, que le demandan los mercados. Pero, considerando lo dividida que está la clase política italiana, la posibilidad de elecciones anticipadas parece más probable. Y esto tampoco tranquiliza mucho a los inversores. ¿Por qué Italia? ¿por qué ahora? La segunda pregunta es más fácil de responder que la primera. La crisis de Grecia ha sido el detonante de la crisis de deuda pública en Europa. Pero, en el fondo, simplemente ha aflorado las debilidades de cada uno de los países cuestionados.

En el caso de Italia, la desconfianza se centra en el primer ministro y la dificultad política para aprobar reformas. Lo llamativo es que estas reformas tratan de aumentar el crecimiento potencial de la economía. ¿Quién se puede oponer a ello? Aquellos que no quieran asumir el coste social que puede suponer a corto plazo. “No sólo es necesario aprobar las medidas,  estas deben ser también aplicadas”; este comentario reciente del presidente del Eurogrupo refleja que la desconfianza hacia el ejecutivo italiano no es sólo de los mercados.  No, no creo que Italia sea rescatada. De hecho, no entendería un rescate al País. Y tampoco creo que Europa esté preparada, no sólo financieramente, para hacerla. Lo que no significa que en un escenario extremo pueda acudir a los mecanismos de asistencia de liquidez temporal que existen en la zona Euro. Me refiero, naturalmente, al EFSF. Y es que a diferencia de los tres países rescatados, en el caso de Italia no hay un problema fundamental que corregir.

Más bien el problema estructural se puede originar por la propia desconfianza del mercado: mayor prima de riesgo, luego tipos de interés de financiación que pueden hacer insostenible la deuda pública. Debemos recordar que la deuda pública se estima en Italia en más del 120% del PIB, con una carga financiera equivalente al 4.0% del valor añadido. A corto plazo el país puede asumir tipos de interés más elevados. En concreto nosotros hemos estimado que a los tipos de interés actuales la carga financiera en 2012 podría aumentar entre un 1.5/2.0% del PIB. Un coste elevado, pero asumible. Sin embargo, a medio plazo un nivel de tipos como el actual sería insostenible para una economía con un crecimiento nominal promedio inferior al 3.0%.  La situación es muy complicada para Italia. Y difícil para el resto de la zona Euro.

Realmente podemos hablar de un problema a nivel mundial, como sugería esta noche la directora gerente del FMI. Si aún se mantiene pendiente la solución de la crisis financiera internacional,  una mayor aversión al riesgo desde los inversores podría ser una nueva piedra en el camino para el crecimiento mundial. Más allá de los países desarrollados, inmersos en sus políticas de ajuste, son los países emergentes los que me inquietan. Un mayor deterioro de las condiciones de financiación internacional podrían llevar a un descenso del comercio mundial y mayor inestabilidad en los flujos de inversión. No es un riesgo menor, considerando lo que ocurrió en los últimos meses de 2008. En aquel momento fue la quiebra de Lehman el detonante de la contracción del crédito y crisis económica. Ahora es la restricción del crédito y debilidad de las economías desarrolladas lo que debemos temer. Como ven, depende de los políticos evitarlo.  Los italianos a corto plazo. De la clase política en su conjunto para lograr superar realmente la crisis de deuda internacional.

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