ISR, un nuevo producto de marketing financiero de moda en los planes de pensiones de empleo


Desde hace ya algún tiempo se viene hablando de un tipo de activo de inversión en las carteras de los fondos de pensiones de empleo, un “novedoso” concepto que no es otro que el de la Inversión Socialmente Responsable ISR (SRI por sus siglas en inglés). Como concepto de inversión es muy interesante. A la vez que “lava” nuestra conciencia social, deja constancia escrita de que nuestras inversiones cumplen unos estándares éticos y sociales, pero es posible que el concepto “socialmente responsable”, que incluye palabras tan atractivas como social o responsable, se haya visto pervertido por los maestros del marketing financiero, tal y como ocurriera en el estallido de la crisis subprime en EE.UU.

Además del muy discutible debate entre si una empresa es o no “socialmente responsable”, con independencia de su objeto social, han hecho aparición en el mercado algunos fondos específicos de ISR que, según su definición, ayudan a la sostenibilidad y al desarrollo económico de localidades o pequeños empresarios en países en vías de crecimiento, ofreciendo la financiación que necesitan y a la que no pueden acceder.

Analizando este tipo de fondos y entrando en el análisis de sus actividades te das cuenta de que se reabre el debate sobre lo que es o no “socialmente responsable”. Un ejemplo de fondo al que tuve acceso ofrece financiación a pequeños artesanos en países en desarrollo con tasas de interés que se situaban en torno al ¡30%! anual, y que, a buen seguro, el pequeño artesano no podrá pagar ni aunque la esperanza de vida en esos países alcanzara cifras record. Este fondo, que se anuncia como fondo de ISR, ¿realmente está siendo socialmente responsable, o está usando este concepto como herramienta de marketing para ofrecer cuantiosos beneficios a sus inversores?, o dicho de otro modo, ¿es el capitalismo compatible con este tipo de inversiones?

Pero, ¿pensamos que estas situaciones sólo pasan en países en vías de desarrollo? Nos orgullecemos de incorporar en nuestros mandatos de inversión de nuestros fondos de pensiones idearios de inversión ética, mientras que seguimos siendo accionistas de referencia de bancos que desahucian a nuestros vecinos, familiares, incluso partícipes, que, afectados por la crisis económica que ellos mismos han generado, se ven imposibilitados de pagar sus deudas. Estos agentes del mercado del que somos accionistas siguen desahuciando, cobrando altísimas comisiones, cláusulas suelo hipotecarias que no comunicaron debidamente o no devolviendo el dinero de las famosas “preferentes” que vendieron sin ningún tipo de “ética”.

¿Qué pensarían nuestros partícipes si fuesen preguntados al respecto?, ¿acaso las Comisiones de Control consultan a sus partícipes acerca de la conveniencia o no de este tipo de productos?, ¿qué opinarían nuestros partícipes acerca de utilizar la capacidad de opinión que nos otorgaría la suma de los fondos de pensiones (3% del PIB español) en beneficio de fines como los descritos anteriormente? Son preguntas que resultan molestas en algunos foros, pero no por ello deberían dejar de tener respuesta por el bien de los partícipes de fondos de pensiones de empleo.

No estaría de más que los fondos de pensiones, que juntos suman el 3% del PIB español (33.000 millones de euros), y que son controlados por Comisiones de Control “independientes”, las cuales deberían velar “única y exclusivamente” por los intereses de los partícipes a los que representa, pusieran sobre la mesa una serie de prácticas a seguir (como por ejemplo la de desaconsejar o prohibir la inversión de nuestros fondos en aquellos bancos que realicen prácticas abusivas, o que mantengan las famosas cláusulas suelo en las hipotecas de nuestros partícipes, o que hayan emitido “preferentes”) que apoyaran y fomentaran la inversión en bancos que operaran con buenas prácticas sociales. ¿Acaso no sería eso la verdadera Inversión Socialmente Responsable con nuestros partícipes, vecinos, familiares y en definitiva la sociedad en general?

De igual manera se podría actuar con empresas que no cumplan unos estándares éticos con sus trabajadores, proveedores, clientes, aconsejando la no inversión en este tipo de compañías. Para ello, necesitamos Comisiones de Control valientes, libres, e independientes, sin ningún control político ni social y que no estén vinculadas al propio mercado de Pensiones que puedan ejercitar e implementar una verdadera ISR en España.

Dado el “control” que existe por parte de bancos (propietarios de la mayoría de las gestoras y promotores de grandes fondos), agentes sociales (presentes en la mayoría de las Comisiones de Control como representantes de los partícipes y socios de una gestora) y administración (promotora de grandes planes de pensiones de empleo), parece que ninguno de estos tres pilares está dispuesto a impulsar la creación de una Asociación de Comisiones de Control, que pueda dar cobertura a estos y otros muchos temas que están sobre la mesa y que nos competen a todos.

Por tanto, el sistema de pensiones español seguirá siendo un negocio para unos pocos, donde las inversiones son casi calcadas para la mayoría de los fondos, y donde los partícipes se ven abocados a pagar con sus ahorros las “modas” inversoras que nos implementan, sin intentar ofrecerle lo que realmente necesita que no es otra cosa que obtener la mayor rentabilidad posible, con un control exhaustivo del riesgo, y para conseguir esto, las políticas de inversión no pueden ser iguales para distintos colectivos.

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