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ISR para mitigar los riesgos


En la inversión socialmente responsable puede haber todavía mucho de marketing, que no de moda. La sociedad, sobre todo las nuevas generaciones, demanda la aplicación de estos criterios ASG a sus carteras, por lo que la oferta se tiene que adaptar. Ahora bien, ¿usar estos criterios es rentable? No hay una respuesta unánime por parte de la industria, pero lo que sí está más claro es que contribuye a mitigar riesgos, según se puso de manifiesto en un desayuno organizado por Funds People y patrocinado por BNP Paribas Asset Management.

Carlos Andrés, director de Gestión y Asesoramiento en Banca March, asegura que la Inversión Socialmente Responsable (ISR) no es una opción a día de hoy, sino una obligación. “No es un tema de oferta sino 100% de demanda. Viene un cambio generacional indiscutible, y no podemos seguir hablando a alguien de 20 años del T-Bond, del bund o de la curva invertida, por ese camino no vamos a atraer al cliente. Tenemos que cambiar”. Y lanza una pregunta: “¿Os imagináis un solo cliente que diga que no quiere que se le gestione su dinero con criterios socialmente responsables?”. Además, pone sobre la mesa otra cuestión sobre la que reflexionar: “¿Habrá clientes que estén dispuestos a renunciar a parte del retorno por obtener una satisfacción personal de la inversión?”.

Aquí entra en juego una clave de la ecuación, la rentabilidad. Ramón Esteruelas, Senior Investment Specialist en BNP Paribas Asset Management, introduce este debate citando al premio Nobel 2014 Jean Tirole, profesor de la Universidad de Toulouse (Francia), quien en 2017 aseguró no tener pruebas empíricas de que la inclusión de los criterios socialmente responsables aportasen más valor a una cartera en relación a una que no los incluyera, para a continuación matizar que tampoco tenía prueba empírica de lo contrario.

Con esta reflexión como punto de partida, David Sánchez, analista de fondos en AndBank, cuenta que es cierto que en la industria hay discrepancia sobre si la ISR aporta o no retorno, pero asegura que lo que es innegable es que “desde el punto de vista del riesgo está demostrado que las compañías que cumplen con los criterios ASG tienen una capacidad de supervivencia mayor a largo plazo que las que no los cumplen”. Asegura que cuando se incluyen este tipo de criterios no financieros o extrafinancieros hay una mejora del retorno-riesgo, y añade que, de hecho, ahora se penaliza a las compañías que no cumplen con ellos.  

En el mismo sentido, María Moya, analista de producto del equipo de selección de IIC en Bankia Banca Privada, afirma que integrar los criterios ASG evita riesgos futuros: “No es una moda sino una manera de mitigar el riesgo y de que nosotros seleccionemos de una manera más adecuada, ya sea en la parte de fondos o en la parte de compañías. Al final, el mercado nos lo va a acabar pagando”. Comenta, además, que aunque hasta ahora no se ha podido demostrar cuantitativamente la aportación de retorno, en un futuro sí que se podrá. “De hecho, muchas gestoras ya no quieren ni sentarse a hablar de un fondo si antes no se constata que cumplen los criterios ASG”.

Pablo Martín, responsable de Fund Solutions de Quality Funds en BBVA, comparte la opinión. “Como selectores tenemos la responsabilidad de que los fondos que seleccionemos cumplan unos criterios suficientes en ASG. Eso es lo que cada vez más demandan los clientes, lo que demanda la sociedad, y también lo que demanda nuestra propia compañía, BBVA. Por tanto, es muy importante que preguntemos a los gestores de los fondos cómo están implementando los criterios de sostenibilidad, y que, además, podamos comprobarlo”. 

Todos los ponentes coinciden en que la inversión siguiendo criterios ASG no es una moda, pero también en que hay mucho marketing detrás con el objeto de vender producto. Ramón Esteruelas considera que a este tipo de inversión no se le debería llamar ASG o ISR. “Si quitas esa marca es más fácil entenderlo. Al cliente se le explica que la labor del gestor es la de hacer crecer su ahorro o su inversión. Es su responsabilidad fiduciaria, y cumpliéndola se va a intentar reducir el riesgo de equivocación en la selección de productos que se van a meter en la cartera o que se van a recomendar”. Con ese objetivo, “a la hora de seleccionar una compañía se va a hacer un análisis fundamental. Pero no solo eso: “También se van a analizar otros elementos no financieros. Por ejemplo, cuál es su estrategia respecto al cambio climático: su nivel de emisiones de CO2, su uso del agua, su eficiencia energética, la utilización de energías renovables… Al final se está reduciendo el riesgo reputacional de equivocarse y de que salga en la prensa un caso Volkswagen, Bayer, Facebook o Apple”.

 

 

 

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