Invertir en valores que se benefician de una “ventaja familiar”


Las empresas gestionadas por familias siempre han jugado un papel clave como impulsoras del progreso económico. Estas empresas son muy diversas, van desde pequeñas tiendas de barrio hasta gigantes multinacionales como Swatch, Samsung o BMW, pasando por los millones de pequeñas y medianas empresas que constituyen la columna vertebral de la mayoría de las economías. Aunque muchas de las empresas familiares más conocidas del mundo diluyeron su propiedad en la segunda mitad del siglo XX al sacar a bolsa sus acciones, muchas de estas entidades siguen muy influidas, si no controladas, por las familias fundadoras, lo que tiene implicaciones importantes para los inversores.

Normalmente, las empresas en las que las familias fundadoras aún poseen participaciones significativas o de control suelen tener una ventaja competitiva más duradera y multi-generacional con respecto a otras compañías. De hecho, según un estudio reciente de Boston Consulting Group (BCG), las empresas familiares suelen mostrar unos ratios de rentabilidad más consistentes que los de las empresas no familiares durante todo el ciclo, en todos los países, sobre todo en tiempos de crisis, lo que confirma esta "ventaja familiar".

Los ratios de rentabilidad más consistentes que suelen exhibir las empresas familiares también se reflejan habitualmente en su evolución en el mercado de renta variable. A largo plazo, las empresas familiares suelen batir a las no familiares, lo que indica que la propiedad familiar puede añadir valor para los inversores. Por ejemplo, en los últimos diez años, el índice DAXplus Family, formado por las 30 mayores empresas familiares alemanas, ha generado una rentabilidad superior en un 41% a la del índice general DAX.

En términos generales, los motivos que explican la rentabilidad superior constante de las empresas familiares, o esta "ventaja familiar", se encuentran en tres cualidades duraderas. En primer lugar, las empresas familiares suelen tener una clara orientación de largo plazo, y a menudo evitan las trampas del corto plazo. En segundo lugar, la gestión de las empresas familiares suele ser más conservadora que la de las no familiares, por tanto se encuentran menos endeudadas e invierten su capital con más cautela. Y, por último, las empresas familiares tienden a inspirar un mayor compromiso emocional con sus marcas, con la consecuencia de una menor rotación de los empleados.

Sin embargo, aunque los factores explicados anteriormente respaldan la hipótesis de la "ventaja familiar", los inversores deben tener en cuenta que las empresas familiares también presentan una serie de riesgos específicos, como la planificación de la sucesión, el nepotismo y las disputas familiares. Por este motivo, recomendamos a los inversores que se centren más en empresas cuyos propietarios pertenezcan a la segunda generación de la familia y que ya hayan establecido sistemas para sortear con éxito algunos de estos problemas, minimizando así los riesgos.

Inversiones estables

Es probable que la principal fortaleza de las empresas familiares de éxito sea su enfoque de largo plazo. Su modelo de negocio genera una rentabilidad al menos similar, o incluso ligeramente superior, a la de sus homólogas, además de ofrecer resistencia durante las crisis. Por esa razón, estas compañías contribuyen significativamente a la estabilidad de las economías nacionales y se trata de inversiones interesantes que pueden añadir diversificación en un mundo cada vez más interrelacionado.
 

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