Invertir en tiempos de revolución


TRIBUNA de Huw van Steenis, responsable global de estrategia, Schroders. Comentario patrocinado por Schroders.

Vivimos tiempos revolucionarios. Las repercusiones de la disrupción tecnológica, el cambio hacia la normalización monetaria y las reacciones populistas contra la globalización dominaron los debates de la reciente conferencia con inversores de Schroders en Madrid. Con muchos mercados en niveles cercanos a sus máximos históricos y el crecimiento sincronizado a escala mundial más elevado de la década, la conferencia se centró tanto en las tendencias a largo plazo como en las cíclicas. El modo en que se desarrollarán estas tres transiciones tendrá importantes consecuencias tanto para los inversores como para los responsables políticos.

Las repercusiones de los avances tecnológicos, el cambio hacia la normalización monetaria y las reacciones populistas contra la globalización dominaron los debates en nuestra reciente conferencia con inversores. Con muchos mercados en niveles cercanos a sus máximos históricos y el crecimiento sincronizado a escala mundial más elevado de la década, la conferencia se centró tanto en las tendencias a largo plazo como en las cíclicas. El modo en que se desarrollarán estas tres transiciones tendrá importantes consecuencias tanto para los inversores como para los responsables políticos.

Tal y como afirmó Lenin: «Hay décadas en las que no pasa nada y semanas en las que pasan décadas». Esta frase podría perfectamente aplicarse a la revolución tecnológica. La quiebra de Toys R Us, la adquisición de Whole Foods por parte de Amazon y la prohibición de China de las ofertas iniciales de bitcoin han constituido un recordatorio sobre el incesante ritmo de transformación del sector tecnológico.

No obstante, invertir es una maratón, no un esprint, tal y como se encargan de demostrarme mis entrenamientos para una media maratón solidaria. En los últimos diez años, el valor de mercado de Amazon se ha multiplicado por diez y el de Google, por tres. El valor de Sears, en cambio, ha caído más de un 90% y el de Staples, un 50%. Así, no es de extrañar que la mitad de los inversores presentes en nuestra conferencia afirmase que la disrupción tecnológica sería la tendencia con mayores repercusiones en sus carteras en la próxima década, más que la normalización monetaria (32%), si bien esta última destacó como el asunto más relevante de cara a los próximos doce meses. Las repercusiones del populismo se situaron en tercer lugar.

Los márgenes y los beneficios están fluctuando a un ritmo desafiante debido a los avances tecnológicos. Ya contamos con una exposición considerable a esta transición en algunos sectores —como la música, la publicidad y la literatura—, pero, en otros, nos encontramos en una fase mucho más temprana. Actualmente, el tema más candente es descubrir cuál será la próxima firma que será adquirida por Amazon.

Una pregunta que resulta interesante es por qué el segmento de los servicios financieros no se ha visto demasiado afectado por este cambio, al menos por el momento. El segmento fintech ha fomentado una marcada mejora en los servicios al cliente y una drástica caída en el coste de los pagos, pero este hecho no ha desbancado realmente a los líderes del sector. No obstante, los profesionales del sector financiero y los responsables políticos empiezan a ser conscientes de los riesgos que entraña la disrupción tecnológica, tales como los participantes no bancarios, que operan solo en las condiciones más favorables o asisten con creciente aprensión al auge del bitcoin.

La normalización monetaria es la segunda transición que los inversores deben capear. Pocas intervenciones en la historia de los bancos centrales han sido tan dramáticas como la ampliación de los balances del Banco Central Europeo y el Banco de Japón en aras de apuntalar sus economías. En este momento, sus balances representan las impresionantes cifras del 80% y 130% de sus PIB, muy por encima de la Reserva Federal. Los dos billones de dólares que estas dos instituciones han inyectado este año han actuado como catalizador de los precios de los activos e inhibidor de la volatilidad.

Echando la vista atrás y analizando la historia, no encontramos ningún precedente de una inyección monetaria de este calado de cara a poder evaluar el efecto que tendrá la reversión de diez billones de dólares en bonos con rendimientos negativos. Los bancos centrales deben encontrar su camino en este contexto tan confuso. Así, no resulta sorprendente que los inversores sigan teniendo dudas sobre el ritmo de las subidas de tipos.

No obstante, entre bastidores, la duda cada vez más acuciante reside en el planteamiento de los bancos centrales. Las osadas acciones de los bancos centrales fueron decisivas para sustentar las economías y los mercados laborales cuando no quedaba otra alternativa, pero el momento de establecer unos tipos en niveles de emergencia por parte del Banco de Inglaterra o el BCE ya pasó hace tiempo. Además, los programas de relajación cuantitativa han incrementado la desigualdad, dado que el valor de los activos de los grandes patrimonios se ha disparado, mientras que la inflación salarial se ha estancado. Las implicaciones políticas de este hecho están empezando a afectar mucho más al posicionamiento de los bancos centrales y están reforzando el argumento a favor del replanteamiento de los tipos de emergencia.

Por tanto, ¿quiénes serán los ganadores y los perdedores de las subidas de tipos? ¿Cómo afectarán los posibles escenarios a las carteras? Estas preguntas no se están debatiendo con la insistencia necesaria. Por ejemplo, una subida de tipos supondría una enorme ventaja para los bancos, especialmente en Estados Unidos. No obstante, un hecho que podría resultar sorprendente es que la tasa de crecimiento de la concesión de préstamos bancarios en la zona del euro se sitúa ahora a la par de la de los bancos estadounidenses, lo que podría ayudar a las instituciones bancarias del bloque europeo a superar la década perdida que han sufrido.

Asimismo, las consecuencias de la normalización monetaria para la renta variable frente a la renta fija sigue siendo un debate sin resolver. Pocos inversores esperaban que ambas clases de activos repuntaran este año. Resulta sorprendente que el 87% de nuestros asistentes desease incrementar el riesgo de sus carteras de renta variable.

La forma en que las revueltas populistas se manifiestan contra la globalización es la tercera transición que los mercados occidentales y emergentes deben capear.

Los inversores occidentales han podido ignorar el riesgo político durante mucho tiempo y centrarse en las perspectivas de sectores o empresas concretas, y muchos de ellos esperan poder seguir acogiéndose a este enfoque. En enero, defendí que los inversores occidentales podrían aprender de los paralelismos de la inversión en contextos populistas en los mercados emergentes, donde es fundamental centrarse en la economía política, la volatilidad de los tipos de cambio, las variaciones en las perspectivas sobre el crecimiento a largo plazo y los factores de riesgo país.

No obstante, la forma en que el populismo en los países occidentales —mediante políticas comerciales más centradas en sus mercados internos— pueda afectar a los mercados emergentes es cada vez más importante. Después de un dilatado periodo de impopularidad, 2017 ha sido un año sólido para los mercados emergentes, y la recuperación se está expandiendo a medida que Brasil y Rusia superan la recesión. En los próximos años, la forma en que los repuntes cíclicos interactúen con las transiciones a largo plazo revestirá una importancia crucial.

Todas las revoluciones no son más que una fantasía hasta que se materializan. Deberemos prepararnos para saber invertir durante estos tiempos revolucionarios.

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