“Invertir en renta variable es más complicado que antes. Hay que adaptarse”


En Goldman Sachs creen que la alta volatilidad y la correlación permanecerán en el mercado y, ante ello, es necesario adaptar la manera de invertir en renta variable. “Es momento tanto de estrategias de buy & hold como de inversión táctica”, explica Christian Mueller-Glissman, estratega de renta variable europea del banco. “En ambos extremos hay oportunidades, pero el problema lo tendrá más el inversor de en medio, el que tenga una visión a un año, porque es más difícil acertar de esa manera y, además, estos inversores son los que hacen que aumente la volatilidad”.



Ante la alta concentración que se está viviendo, el experto de Goldman Sachs cree que ahora se aporta mayor alfa a las carteras en la correcta selección del sector más que en la compañía. “El inversor debe adaptarse rápidamente; invertir en renta variable es más difícil de lo que solía ser, pero la correcta selección sí aporta valor y si aciertas en tu selección, el beneficio es mayor”. En todo caso, desde el banco estadounidense prefieren la inversión temática y ven cada vez más el futuro en una inversión multiactivo.



A tres meses, en Godman Sachs se muestran neutro en renta variable, favorecen más las materias primas e infrapondera la deuda pública aunque a doce meses sí que favorecen la renta variable, prestando especial atención a los dividendos de las compañías, que Mueller-Glissman cree que son uno de los atractivos que actualmente tiene esta clase de activo. "Estamos a mitad de camino de la recesión con mucha diversidad dentro de Europa entre mercados como el alemán o los periféricos y esto es algo que hay que tener en cuanta a la hora de invertir", explica. Considera que la renta variable cotiza a niveles muy atractivos y prevé una subida del 20% a un año, pero no a corto plazo. A largo plazo, los sectores en los que el equipo de Goldmans Sachs están sobreponderados son sanidad, telecomunicaciones, automoción y petróleo y gas, frente a sectores como el de la alimentación o los servicios financieros en los que se mantienen infraponderados. En todo caso, cree que será a mitad de año cuando se comience a estabilizar la bolsa como consecuencia de las revisiones de los beneficios empresariales que se darán en el año lo que provocará que se vean recortes en los dividendos pero no de manera drástica.


Precisamente, el equipo de Goldman Sachs ha solido acertar en los últimos ejercicios en su previsión de beneficios empresariales, pero Mueller-Glissman reconoce que ahora es tal la incertidumbre que es difícil prever qué pasará: augura que serán negativos pero no en cuánto.


Respecto a España. Mueller-Glissman considera fundamental que el sector privado mejore la competitividad para poder ponerse al nivel de otros países y en el banco contemplan entrar en bolsa española para la segunda parte del año, especialmente en las grandes empresas con alta diversificación geográfica que cotizan con grandes descuentos. Respecto al sector financiero nacional, el experto de Goldman Sachs reconoce que los bancos españoles están en un momento más difícil que sus competidores europeos por su necesidad de elevar su capital, si bien, reconoce que tienen capacidad para hacer frente a esa situación ya que cuentan con atractivos activos de los que pueden desprenderse. “La gran pregunta con los bancos es si se verán obligados a recortar su dividendo”, advierte Mueller-Glissman.


Cree que los políticos necesitan todavía sentir mayor presión de los mercados para tomar más decisiones que permitan a Europa salir de la crisis, decisiones que considera deben ir encaminadas a la mutualización de la deuda europea a través de, por ejemplo, los eurobonos. “Los políticos deben salir su zona de confort para asumir este tipo de decisiones”, dice. Y es que cree que las políticas de refinanciación del sistema financiero a largo plazo que se están implementando han sido positivas pero que tienen un impacto limitado al corto plazo y no se sabe para qué invertirán los bancos el dinero captado así que es necesario ir hacia políticas más agresivas. “Alemania quiere que el euro sobreviva y hará lo que sea necesario para ello, incluso la mutualización de la deuda. Otra cuestión es qué países estarán en el euro y cuales no, pero la moneda sobrevivirá”, dice Mueller-Glissman. Está convencido de que el euro sobrevivirá y marca un cambio objetivo contra el dólar de 1,44 a doce meses pero, a corto plazo, ve la moneda única más cerca del 1,20.

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