Invertir en lujo: una inversión atemporal y un placer duradero


La inversión en productos de lujo, como obras de arte, relojes antiguos, vinos, etc., posee todas las características de los activos reales, pues actúan como depósitos de valor o incluso se revalorizan a largo plazo. Pero, ¿en qué se diferencian de las inversiones habituales?

Los ejemplos más importantes establecieron récords en subastas en la mayor parte de las categorías de objetos de colección. Por ejemplo, un Ferrari NART Spider de 1967 se vendió por 27,5 millones dólares, y "Tres estudios de Lucien Freud" de Francis Bacon estableció un nuevo récord al venderse por 143 millones dólares en 2013.

De hecho, este tipo de inversiones en objetos muy excepcionales y valiosos son un tipo especial de producto de lujo, y muchas personas con grandes patrimonios gustan de "invertir" en algún activo trofeo. Normalmente, los objetos de colección que alcanzan precios récord en alguna subasta cuentan con un historial de propietarios famosos, que proporciona valor y no puede ser imitado. Los aspectos positivos en cuanto al placer que se deriva de la propiedad de dichos activos de prestigio son fáciles de entender pero, desde la perspectiva de la inversión, a menudo existen algunos aspectos negativos. Por ejemplo, los objetos de colección no tienen un valor fundamental ni generan ingresos, y no tienen un precio de mercado, ya que la única manera de averiguarlo es vendiéndolos.

Además, los objetos de colección son ilíquidos y están sujetos a unos altos costes de transacción y mantenimiento. Por último, también están más expuestos a los cambios de gustos y tendencias del mercado. Sin embargo, las inversiones en estos productos son activos reales que aportan un rendimiento "emocional" junto a —en ocasiones— una rentabilidad financiera potencial.

China: un motor de crecimiento importante

Solo en mayo de este año, las ventas de obras de arte ascendieron en Nueva York a un valor de venta total de 2.200 millones de dólares. Según la Fundación Europea de Bellas Artes (TEFAF), el mercado mundial del arte marcó en 2013 un récord de 64.000 millones de dólares en volumen de ventas, lo que representa un aumento del 7,5% con respecto a 2012. Esta positiva evolución de las inversiones emocionales y el crecimiento del mercado mundial de objetos de colección en la última década han coincidido con un aumento espectacular del número total de individuos con alto patrimonio (HNWI por sus siglas en inglés) de Asia y especialmente de China. La reciente encuesta Hurun afirma que los superricos de China son ávidos coleccionistas, y el 70% de los chinos ricos incluye el coleccionismo entre sus aficiones.

La categoría del índice de arte global mide la rentabilidad financiera de las escuelas más buscadas: arte moderno, maestros antiguos, arte del siglo XIX, de posguerra, arte contemporáneo y pinturas como las obras de arte tradicionales chinas. La rentabilidad por precio de cuatro de las cinco categorías ha sido similar —los precios cayeron durante la recesión mundial y apenas se han recuperado desde entonces. La única evolución destacada ha sido la de las obras de arte chinas tradicionales, que casi han duplicado su valor desde 2008, ya que los coleccionistas chinos han comprado principalmente arte chino. Sin embargo, esta situación empieza a cambiar lentamente y, en 2013, los compradores chinos compitieron cada vez más en subastas de arte occidental moderno y contemporáneo de perfil alto.

Invertir en el tiempo

Los relojes han sido la inversión emocional preferida de los chinos (cerca del 60% posee más de cinco piezas), aunque se está reduciendo la distancia con el arte clásico chino, mientras que los objetos de jade emergieron recientemente como uno de los activos de lujo preferidos. Si se compara la evolución de los relojes de colección durante la última década con la preferencia por los objetos de colección de los HNWI chinos aparece una disparidad —es decir, los relojes no producen las rentabilidades más altas pese a su gran popularidad. Esto sugiere dos cosas —en primer lugar, que no todos los relojes se coleccionan con fines de inversión y, en segundo lugar, que no todos los relojes son buenas inversiones. Aunque durante la última década los relojes raros todavía captaron el interés de los inversionistas emocionales y cada vez son más buscados para las colecciones de entusiastas con grandes patrimonios, el crecimiento del sector relojero se ha desacelerado en comparación con los años récord de 2010 y 2011.

Las subastas de relojes han alcanzado nuevas cuotas. Quien poseía una pieza codiciada podía conseguir unos rendimientos muy superiores a los de las inversiones en bonos y renta variable. Un ejemplo es un Rolex "Paul Newman" Daytona bien conservado, cuya fama se debe a que lo llevaba el actor Paul Newman en la película "Winning". Este reloj pudo comprarse por menos de 1.000 de dólares antes de superar el umbral del millón de dólares en una subasta de Christie's en 2013.

El mundo de los relojes está lleno de anécdotas y leyendas que ayudan a elevar los precios. Sin embargo, no puede preverse una evolución como la observada en el mercado del arte. No obstante, existen muchos compradores que eligen sus relojes cuidadosamente en función de los aspectos de valor recibido o incluso de las perspectivas de crecimiento del valor, sobre todo en momentos en que muchas inversiones tradicionales prometen rentabilidades escasas o únicamente volátiles. Lo que aumenta la probabilidad de retención de valor o incluso una rentabilidad positiva es una marca de lujo reconocida. Sin embargo, solo es un aspecto entre muchos, ya que no todos los modelos de un productor de primer nivel pueden mantener su valor a lo largo del tiempo. Con diferencia, el requisito más importante es que el reloj sea raro.

El mercado de subastas por internet está creciendo

Las compras por internet se están convirtiendo en la norma, incluso para un sector tan tradicionalmente conservador como el de los objetos de colección. Hace tiempo, el coleccionismo era un coto de entusiastas bien informados. Pero esta situación ha cambiado gracias a sitios web especializados y a un puñado de agentes internacionales que han entrado en el mercado de las subastas digitales; al hacerlo, han aumentado lentamente la transparencia, y también han intensificado la competencia. Internet ha aumentado enormemente la facilidad para llevar a cabo una investigación previa a la compra y ha facilitado oportunidades comerciales. La TEFAF estima que las ventas por internet ascendieron en 2013 a más de 3.200 millones de USD, o alrededor del 5% de las ventas mundiales del mercado del arte.

El mercado de subastas por internet —especialmente de arte— está creciendo con gran rapidez, lo que puede arrojar más luz sobre el mercado de objetos de colección y aumentar aún más la disponibilidad de datos de precios. En nuestra opinión, la aparición de nuevas tecnologías y nuevas empresas de internet aumentará potencialmente la competencia, reduciendo los altos costes de transacción y ampliando la red de expertos disponibles.

Los objetos de colección son difíciles de valorar dentro de una cartera de activos tradicionales
Los precios récord que ocupan titulares podrían animar a la gente a comprar activos trofeo. Pero estas ventas son la excepción y no la regla. En realidad, solo unos pocos artistas y muy pocas piezas de alta relojería han mantenido su valor o incluso se han revalorizado constantemente a largo plazo. Los objetos de colección están sujetos a modas, gustos y a la oferta, por lo que son difíciles de valorar dentro de una cartera de activos convencionales. Además, por lo general están menos regulados, con frecuencia son ilíquidos y su comercialización es cara. Ahora bien, solo porque las piezas sean difíciles de valorar, no significa que no tengan valor. La clave consiste en trazar una línea entre los productos de lujo fabricados en serie y las piezas realmente excepcionales. Por lo tanto, nos abstendríamos de invertir en activos alternativos, tales como objetos de colección, por razones puramente financieras. Los objetos de colección son una inversión a largo plazo hecha en primer lugar para obtener placer y solo en segundo lugar para obtener una ganancia financiera.
 

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