Invertir en bancos: ¿sí o no?


Desde el estallido de la crisis financiera en 2007, la banca ha sido un sector muy controvertido. Mientras que algunos gestores lo ven como una buena oportunidad de inversión y sobreponderan estas compañías en cartera, otros lo consideran un importante riesgo a evitar. El sector financiero ha sido uno de los sectores con mejor comportamiento en el S&P 500 desde los mínimos alcanzados por los mercados el pasado 11 de febrero. Lo mismo ha sucedido con los bonos emitidos por las entidades bancarias. Las emisiones de deuda de las firmas financieras dentro del Barclays US Aggregate Bond Index superaron ampliamente al índice en el mismo periodo de tiempo. Esto representó una remontada desde el mínimo alcanzado en los meses precedentes al 11 de febrero, cuando los emisores financieros cayeron un 20% desde su pico en diciembre de 2015.

¿Las razones? Debilidad en el sector petrolero y en los precios de las materias primas, sumadas a las preocupaciones por una desaceleración más fuerte de lo previsto de la economía china alimentaron los temores acerca de la estabilidad de las grandes entidades bancarias –y las posibles consecuencias que esto podría haber tenido para el sector financiero–. Según explican desde Legg Mason Global AM, los temores a una crisis sistémica parecen haber sido disipados, y el sector financiero ha rebotado generando algunos retornos atractivos en los últimos meses. Desde la gestora recuerdan que el índice Financiero del S&P 500 se mantiene más barato que el año pasado. “Los diferenciales de los bonos del sector financiero también se mantienen altos. El contexto para las compañías del sector sigue siendo desafiante”, apuntan desde la firma americana.

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Sin embargo, la gestora recuerda que, a menudo, los sectores con un comportamiento irregular y alta incertidumbre son un estímulo para los gestores activos de cara a encontrar más oportunidades de valor a largo plazo. Quien no parece mostrar tanto entusiasmo por el sector es Michael Clements, responsable de Renta Variable europea de SYZ Asset Management, quien prefiere no invertir en este sector. “Es complicado entender los balances de los bancos. Sus acciones han sufrido en lo que va de año por muchas razones, pero una de ellas son los persistentes bajos tipos de interés. De hecho, los bancos pueden tener dificultades para ofrecer rendimientos sólidos a corto plazo ya que los bajos tipos de interés pueden mermar los retornos que se obtienen del capital de los bancos”, asevera. A su juicio, el problema de los bancos es que no tienen poder de fijación de precios.

“Si alguien quiere una hipoteca o un préstamo, no tiene en cuenta de dónde lo obtiene sino que busca el mejor precio. En cierta manera los bancos son como las materias primas, si ellos ponen un precio alto están en desventaja competitiva frente al resto, y no es lo que desean”, señala Clements. Hay diferencias muy claras entre la situación en la que se encuentran los bancos estadounidenses y los europeos. "En EE.UU. el sector se beneficia del aumento de los márgenes de tasas de interés y la fuerza del sector doméstico, que impulsarán la actividad económica en el futuro. Sin embargo, la banca europea se ve lastrada por la modesta y desigual expansión en la eurozona y el continuo aumento de la presión ante nuevas regulaciones sobre los valores financieros. Pero también están haciendo frente a la baja capacidad de generar beneficios en medio de la baja demanda del crédito, tanto de préstamos corporativos y de consumo, los cuales no están siendo ayudados por la política ultra-acomodaticia del BCE, como la tasa negativa de depósitos", indica Mads Koefoed, jefe de estrategia macro de Saxo Bank.

En general, los bancos europeos se enfrentan a distintos desafíos. Fidelity los resume en cuatro:

1. Descensos de los márgenes de intermediación: los tipos de interés a corto plazo están en territorio negativo, por lo que la diferencia entre los intereses que los bancos cobran al prestar dinero y los intereses que pagan a los depositantes está descendiendo.

2. Mayores coeficientes de liquidez: los bancos deben tener más capital para cubrir actividades que antes eran muy rentables y muchos podrían no haber recortado costes todo lo rápido que debían.

3. Asunción de pérdidas: los bonistas ahora pueden verse obligados a asumir pérdidas para rescatar a bancos en problemas, pero existe una confusión legal sobre la forma de aplicar las normas y en torno a cómo se han vendido estos bonos a los clientes particulares.

4. La amenaza de litigios: los reguladores podrían demandar a los bancos en los tribunales, lo que conllevaría más costes judiciales (y menores beneficios) para algunas entidades.

También está la incertidumbre que rodea al sector en lo que respecta a la regulación sobre los requisitos de capital del sector bancario y su aplicación más que desigual en Europa. Las deudas subordinadas Capital Adicional de Nivel 1, Additional Tier 1 (AT1) han padecido una volatilidad muy alta a principios de año. “La incertidumbre en torno a la normativa y a las reglas que rigen los AT1 que preocupa al sector bancario no es una grata noticia. Con todo, el pragmatismo del que están haciendo gala las autoridades políticas y los supervisores europeos para encontrar una solución es bastante esperanzador”, indica François Lavier, gestor-analista especialista en deuda financiera de Lazard. “A pesar de la normativa europea única, cada supervisor nacional interpreta a su manera las normas. Ante este caos, se manejan cuatro soluciones. Todas ellas conllevarían asemejar los bonos AT1 a los Legacy T1 y a que sean más parecidos a una obligación que a una acción”. Se prevé que la Comisión Europea publique a finales de abril su respuesta a los comentarios realizados al respecto.

En el entorno actual, Justin Bisseker, analista de bancos europeos en Schroders, considera que hay tres aspectos importantes a tener en cuenta a la hora de estudiar cada entidad: la calidad de los activos bancarios, la exposición a materias primas y el entorno de bajos tipos de interés (leer más).

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