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Inversión Sostenible y Responsable (ESG)


Estamos leyendo y escuchando constantemente en nuestra industria que las inversiones van por el camino de la inversión sostenible y responsable. La introducción de los factores medioambientales, sociales y de buen gobierno en las empresas en las que las gestoras invierten el dinero de sus clientes está empezando a ser de serie. Estuve la semana pasada en la presentación de un producto novedoso en este ámbito en Madrid de una gestora europea, la cual nos comentó que ellos llevan 20 años introduciendo estos factores en su proceso de inversión. En inglés se utiliza la nomenclatura ESG (Environmental Social Governance) para referirse a esta megatendencia.

El hecho de que ya podamos hablar de estos factores ESG con naturalidad en nuestra industria, nos da un síntoma de dónde estamos y la madurez que en 20 años ha tomado la industria de la inversión colectiva tanto en Europa como en España. Hemos pasado de no tener casi benchmarks o índices de referencia, a que los factores ESG estén también de serie en nuestros procesos de inversión. De hecho, el futuro de la industria va por la fusión de ambos conceptos. Me comentaba una experta de un gran banco español que no tardaremos ya en ver los benchmark ESG en todos los fondos, es decir, índices de referencia que de serie incorporen ya los factores Medioambientales Sociales y de Gobernanza.

Esta gestora europea ha ido incluso un paso más lejos. Ha sacado un fondo que invierte en renta variable global según los 17 objetivos establecidos por Naciones Unidas para reducir, antes del año 2030, la pobreza, la desigualdad y la degradación medioambiental y buscar la prosperidad, la paz y la justicia en los cinco continentes.

Para que nos entendamos, los criterios ESG son filtros que se utilizan en las gestoras para hacer la selección de su universo de inversión. Es decir, que sólo invertirán en empresas que cumplan con esos criterios y pasen esos filtros. Ejemplos de criterios que deben cumplir las empresas ESG son: exclusión de armas controvertidas (minas antipersonas, municiones en racimo...), exclusión de sectores controvertidos (juego, tabaco, energía nuclear, carbón...), evitar prácticas y comportamientos empresariales controvertidos (derechos humanos, trabajo forzado e infantil, impacto medioambiental, condiciones laborales, ética en los negocios....), o reducción de las emisiones de CO2 entre otros.

El hecho de que ya podamos ir pensando en incorporar todo esto a nuestra industria quiere decir que hemos avanzado mucho camino todos estos años.

En cualquier caso, la implementación de estos filtros va a tener costes por lo que primero probablemente tendremos que digerir MIFID II, y luego ya habrá tiempo de volver a adaptarnos a la inclusión de los factores ESG en el proceso de inversión de la gestora. Nos debemos dar unos cuantos años para costear estos nuevos requisitos y hacerlo de manera ordenada como hemos hecho con MIFID II. Lo que sí podrán algunas gestoras, como esta que os comento, es aprovechar esta megatendencia que vieron venir, y sacarle partido a esta ventaja competitiva hasta que toda la industria se adapte a la nueva realidad.

Esto me recuerda a una situación que ocurrió en España en la posguerra. Había todavía importantes necesidades básicas que cubrir, pero un banco con sede en Bilbao, decidió de motu propio establecer un departamento de auditoría interna. Fue el primero de toda España. ¡Qué limpia tradición!

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