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Inversión pasiva: ¿amenaza u oportunidad para la gestión activa?


El crecimiento de los productos de inversión pasiva, como fondos cotizados (ETF) o fondos indexados ('index trackers'), es sin duda una de las tendencias más fuertes de los últimos años, con implicaciones más o menos directas para la gestión activa, como la creciente presión sobre los costes. Sin embargo, hay otra cuestión en la que merece la pena detenerse: ¿en qué momento pasarán los productos pasivos a dominar el mercado de tal forma que se generen ineficiencias, que los gestores activos aprovecharán para añadir valor?

Es la pregunta que plantea Hortense Bioy, directora de análisis de fondos pasivos para Europa en Morningstar, en un artículo publicado recientemente en FTAdviser. Aunque Bioy reconoce que se trata de “una pregunta teórica sin una respuesta clara”, cree que “sería un error minimizar el impacto de los índices en las cotizaciones. Hay estudios que demuestran que la cotización de una acción suele avanzar cuando es incluida en un índice y viceversa”. Como señala la experta, en muchas ocasiones los inversores que siguen estrategias activas reaccionan ante estas anomalías en los precios y la cotización experimenta una corrección.

“Parece lógico que, a medida que aumenta la proporción de inversiones pasivas, las oportunidades para que los gestores activos añadan valor también aumenten”, comenta Bioy. Pero, ¿en qué medida? “No lo sabemos, y puede que la respuesta sea diferente para cada mercado”. La analista pone como ejemplo el mercado estadounidense, donde los instrumentos pasivos que ofrecen exposición a renta variable de Estados Unidos han crecido con fuerza en los últimos años y concentran un 30-35% del total invertido en la clase de activo.

“Sin embargo, el aumento de la inversión pasiva no se ha traducido en un mejor comportamiento de las estrategias de gestión activa. De hecho, sigue siendo difícil encontrar a un gestor de renta variable estadounidense capaz de batir al mercado”. La experta reconoce que la situación “podría ser diferente, por ejemplo, en el mercado europeo de empresas de pequeña capitalización o en los emergentes –ambos considerados menos eficientes en términos de información– pero hace falta investigar más”.

En resumen, aunque es evidente que los índices generan oportunidades que un gestor activo puede aprovechar, no resulta fácil hacerlo. La conclusión para Bioy es que “dentro de diez años, e independientemente del porcentaje de dinero gestionado de forma pasiva, los inversores se enfrentarán a la misma realidad que hoy: que solo unos pocos gestores activos conseguirán batir sistemáticamente a sus índices de referencia”.

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