Inversión en tecnología: ¿Qué ha cambiado desde la burbuja de 2000?


La innovación tecnológica que sacude nuestro mundo ha puesto a las empresas de este ámbito en primera línea; compañías que no es la primera vez que viven un gran momento. Ya ocurrió en los 2000, y aquello acabó en el pinchazo de la burbuja. ¿Lo recuerdan los inversores cuando toman posiciones en este sector? ¿Qué ha cambiado desde entonces? Varios gestores analizan este tema en un desayuno organizado por Funds People y patrocinado por DNB Asset Management.

Miriam Fernández, gestora del fondo Ibercaja Tecnológico, apunta una diferencia entre antes y ahora: ahora los inversores son muy selectivos. “Se buscan modelos de negocio disruptivos y tanto las compañías que los tienen como las que los facilitan son las que están captando financiación. No hay más que ver el índice Nasdaq, que se encuentra muy por encima de los niveles máximos que tocó en la burbuja de los años 2000, mientras que el índice europeo de telecomunicaciones, que no ha tenido estos modelos disruptivos pese a que hay compañías muy potentes, se encuentra muy por debajo”. 

Añade que la tecnología se aplica de manera trasversal: “Tiene aplicaciones en el campo de la automatización, a la hora de crear modelos mas customizados pero en masa, a la hora de reducir los residuos que se generan…; es una aplicación trasversal pero de modelos de negocio exitosos. La disrupción es lograr la mejora de la eficiencia y productividad. Todo eso genera crecimiento potencial de la economía a medio y largo plazo”. Dicho esto, advierte que el 80% de las colocaciones que se están realizando actualmente son de beneficio neto por acción negativo, “y esto no se veía desde los máximos de la burbuja tecnológica de 2000”. Asegura que aunque hay evidencias de que los inversores son más selectivos, hay que ser cautos.

También de selección habla María Jesús Martínez Pardell, gestora sénior del fondo CaixaBank Comunicaciones Mundial, FI. Considera que hay una variable clave, el flujo de caja generado por las compañías. “Ahora en las nuevas tecnologías sí que es un parámetro que es una realidad. Si se hace una comparativa de múltiplos con el resto de la economía, las compañías tecnológicas en los ratios que toman la variable de flujo de caja todavía están baratas respecto al mercado”. Considera que hay que hacer una selección de compañías a nivel bottom-up y seleccionar aquellas que sean mas eficientes a la hora de producir ese flujo de caja, “y una vez que se tenga el flujo de caja la rentabilidad llega sola, se van produciendo más eficiencias a nivel de márgenes operativos, lo que al final dará una cuenta de resultados sólida y con balances de caja que proporcionen resistencia en momentos de ciclos más adversos en cuanto a crecimiento”.

Añade, además, que son las compañías startup las que pueden materializar la nueva innovación y dar un nuevo salto disruptivo, “pero al final para todo el desarrollo hace falta mucho dinero”. Explica que el I+D de las compañías tiene que ser muy fuerte si se quiere subir a gran escala y que “aquellas empresas que tienen fuertes balances y han sido capaces de sostenerse durante décadas dentro de la industria de la tecnología son también las que tienen musculo financiero para hacer compras e introducir en su portfolio este tipo de negocio”. En este sentido, afirma que invertir en small caps dentro de la tecnología es un alto riesgo: “No suelen tener una internacionalización geográfica que les ofrezca algo más de soporte. Al final, hay que jugar con el riesgo asumido inicialmente y con el retorno que se puede esperar y teniendo presente los momentos de ciclos económicos que pueden ser adversos y en los que se necesita músculo financiero para poder afrontar situaciones complicadas. La apuesta por las grandes compañías da algo más de estabilidad en el largo plazo”.

Jaume Puig, CEO & CIO de GVC Gaesco Gestión y gestor del fondo GVC Gaesco TFC, FI, cree que la situación del 2000 y la de ahora no tienen nada que ver. “En primer lugar, la mayor parte de las empresas de tecnología del 2000 no existen actualmente. Muchas de las tecnológicas de entonces eran un brindis al sol. Y en segundo lugar, el inversor sobrepagó sobremanera por la gran mayoría de ellas. Hoy en día la tecnología es mucho más realidad y mucho más sólida que lo que era en 2000, y el inversor no está sobrepagando de aquella manera, otra cosa diferente son las valoraciones, que las compañías estén baratas o no”.

Coincide en esta opinión Francisco Blasco, responsable de Fondos de Fondos y Renta Variable de Imantia Capital. “En 2000 se estaba empezando. Todo eran expectativas entorno a la reducción de costes que se iba a conseguir gracias a la aparición e implantación de internet en el ámbito empresarial, y ahora no hay ningún negocio que no tenga internet. Aquello era el comienzo de una tecnología que ahora es una realidad. Ahora son temas disruptivos o mejoras de una tecnología ya implantada, en aquel entonces la tecnología no estaba ni siquiera implantada”.

“Los modelos de negocio son mucho mejores hoy en día”, añade en el mismo sentido Mikko Ripatti, senior client portfolio manager de DNB Asset Management, quien introdujo en el debate el importante papel de la tecnología en la lucha contra el cambio climático y el uso de las energías renovables, poniendo como ejemplo el avance de las baterías para el coche eléctrico.

Pero advierte que no todo es tecnología, “también hay que pensar en cómo hacer las cosas”. Pone el ejemplo de la sede de la gestora en Oslo: “Allí trabajan 5.000 empleados, pero solo hay espacio para 20 coches. El mensaje es claro: al trabajo se acude caminando, en transporte público, esquiando…, pero no en coche”. Insiste en que la tecnología va a ofrecer muchas oportunidades en el ámbito de las energías renovables, “pero también tenemos que pensar en como ponerlo en marcha; no solo se puede contar con la tecnología, sino que también es necesario incentivar a las personas a utilizarla”.

 

 

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