Inflación: ni mucha ni poca, sino todo lo contrario


Como con casi todas las cosas en la vida, los extremos no son buenos. Ni es buena una inflación muy alta (hiperinflación) ni lo es una inflación negativa, es decir, deflación. Pero, ¿tiene sentido mantener un objetivo de inflación del 2% en cualquier escenario económico? Da igual que brille el sol o haga tormenta, que estemos en medio de un boom económico o metidos de lleno en una recesión… el objetivo de inflación es el 2%.

Con la llegada del euro y, principalmente, como consecuencia de una combinación de bajos tipos de interés y grandes flujos de capital desde el norte de Europa a la periferia, las industrias de los países del sur de Europa dejaron de ser competitivas con respecto a las del norte. Los costes laborales unitarios aumentaron en España, Italia o Grecia de media un 25% más rápido que en Alemania.

Estos grandes flujos de capital, reflejados en los déficit por cuenta corriente de los países del sur de Europa, se tradujeron, además, en países como España en un gran endeudamiento privado mientras que, en Grecia e Italia, siguieron engordando el endeudamiento del sector público. Estas enormes cargas son la principal razón que frenan el gasto público y privado, imprescindibles para que cualquier economía pueda crecer y generar empleo.

La crisis de la zona euro no se resolverá completamente hasta que no se reduzcan, por un lado, estas divergencias de competitividad y, por otro lado, el endeudamiento de estas economías.

Las diferencias de competitividad y el endeudamiento público y privado con el que tienen que lidiar por tanto estos países se podrían afrontar mediante la aplicación de distintos niveles de inflación en los países que componen la zona euro. Así las naciones mas débiles podrían “devaluar su euro” con respecto a las más fuertes.

Distintos niveles de inflación temporales en la eurozona

Básicamente, de lo que se trata es de fijar un objetivo de inflación temporal de un 3% o 4% para toda la zona euro y que los países con saldo positivo por cuenta corriente apliquen estímulos fiscales para fomentar una inflación interna algo superior al objetivo del resto de la zona euro. Así, los países en dificultades volverían a ganar competitividad ya que sus bienes tenderían a ser más “baratos”.

No olvidemos que países como Alemania son naciones exportadoras netas y que su principal cliente, por delante de China o EE. UU., es el resto de la zona euro. Durante el boom económico que vivió la periferia europea a raíz de la entrada en circulación de la moneda común, Alemania salió comercialmente muy favorecida. Ahora, contagiada por las dificultades del resto de la zona euro, la “locomotora de Europa” aspira a crecer este año sólo un 0,8%. De todo ello es consciente Alemania.

Los salarios deben subir, pero más despacio en el sur que en el norte de Europa. Esto es la devaluación interna. Pretender que todo el ajuste recaiga sobre el sur de Europa mediante la deflación salarial, mediante reducciones nominales de los salarios y del precio de los bienes que producen es políticamente inasumible y, económica y socialmente, inviable. La deflación salarial deprime. Sólo el efecto psicológico de cobrar menos cantidad de euros frenaría aún más el ya de por sí renqueante gasto privado. Con una inflación moderada y controlada y una política monetaria laxa se puede reducir la carga real de la deuda, pública y privada, y ayudar a la recuperación del gasto y del empleo, de lo cual se beneficia toda la UE.

Una inflación moderada y con carácter temporal no es mala por definición y no siempre hay que evitarla. Hay momentos en la vida que requieren de medidas excepcionales y este parece ser uno para Europa.

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