Industria de fondos, claves para la esperanza


Año tras año desde hace ya más de cinco, la industria de fondos ha venido sufriendo los duros golpes de una crisis financiera que ha arrastrado su patrimonio a menos de la mitad de lo que era.

Puede que en estos años no hayamos sido capaces de transmitir la solvencia y eficiencia mostrada por el fondo de inversión frente a otros productos. No ha bastado la demostración de que los fondos son de los vehículos más eficientes a la hora de invertir, tanto por la propia idiosincrasia de su “carcasa” -alta liquidez, eficiencia financiero fiscal, máxima regulación y patrimonio independiente del balance de la entidad comercializadora- como por sus ventajas a la hora de optimizar las inversiones de los clientes -capacidad de invertir desde un mínimo importe en multitud de tipologías de activo y geografías de la mano de una gestión profesional, etc.-. Estas realidades se han visto empañadas o casi ocultadas por el entorno que nos rodea y que hace que el producto fondo haya desaparecido de los escaparates de las entidades financieras y, por ende, del pensamiento de los clientes.
 

Factores determinantes para el cambio

Son cuatro los factores determinantes de la apatía comercializadora de fondos en estos últimos años:

  • Las necesidades de financiación de las entidades comercializadoras, monopolizando su actividad comercial hacia productos de balance, en muchas ocasiones, en detrimento del patrimonio de fondos.
  • La continua y mediática presencia de la ya “familiar” prima de riesgo y de la mala evolución del “patriótico” Íbex35, elementos poco incentivadores para fomentar la confianza de los inversores.
  • La extensa y promiscua regulación, en cuanto al propio producto y su comercialización, a la que han sido sometidos los fondos de inversión frente a otros productos.
  • Y la cada vez más relevante disminución de la tasa de ahorro de los hogares españoles,  mermando la capacidad inversora del particular español y radicalizando, aún más, su perfil conservador.

Pese a la persistencia de algunos de estos factores, lo acontecido en las últimas semanas/meses parece haber reforzado el discurso de la esperanza, o como diría aquel, el de los “brotes verdes” para la industria de fondos de inversión:

Remisión “guerra de pasivo”: Pese a la poca información que aún tenemos sobre la “recomendación” de Banco de España para limitar la remuneración de los depósitos minoristas, podríamos decir que, de confirmarse este punto, esta acción podría suponer el golpe de efecto definitivo a los depósitos extratipados, disminuyendo sus rentabilidades a tasas no vistas por los ahorradores desde el inicio de la crisis financiera. A esta noticia se suma la inminente ayuda financiera a las entidades con déficit de capital, la cual debería mitigar considerablemente sus necesidades de financiación, trasladando su foco de atención desde el balance (depósitos) hacia la cuenta de resultados (fondos y otros productos) para demostrar la viabilidad de su negocio y la capacidad de devolución de las ayudas públicas.

Mejoría de los mercados: Puede resultar ventajoso hablar ahora de que la prima de riesgo ya no parece la oveja negra de la familia y de que el Íbex35 es ahora el alumno aventajado frente a sus compañeros europeos. Dejando atrás las últimas semanas, cuya mejoría podría ser solo fruto de un sobreoptimismo temporal, desde hace ya algún tiempo en cada foro de gestores y analistas se oye hablar cada vez más de signos positivos en el medio y largo plazo, y que, pese a la todavía enferma economía real española y europea, podríamos estar ante el comienzo de una senda positiva en los mercados financieros, que siempre suelen actuar con antelación.

Equiparación regulatoria: Que será exigida desde Europa para la mayoría de productos de ahorro/inversión y que ya va calando en distintas transposiciones que afectan a productos como seguros, depósitos estructurados, deuda emitida por la propia entidad financiera, etc. El ingente esfuerzo de adaptación a las nuevas regulaciones que ha realizado la industria en los últimos años hace que el producto fondo esté en la pole position en lo que a nivel de cumplimiento normativo se refiere.

Incógnita en la evolución de la tasa de ahorro: Hablar de una mejora de la tasa de ahorro de las familias en el corto plazo resultaría pretencioso, pero no hay duda de que si finalmente la recapitalización bancaria cumple su objetivo, el crédito a empresas y familias debería empezar a fluir en nuestra economía, facilitando la recuperación y permitiendo de nuevo un pequeño margen para el ahorro familiar. No obstante, y sin desmontar el hecho de que cualquier sector que vive de los ahorros de los particulares aumenta su potencial de crecimiento en la medida que aumenta la tasa de ahorro, podríamos afirmar que la incidencia de la evolución de este indicador sobre el saldo de la industria de fondos de inversión es relativa en la actualidad. Y todo ello en base a las estadísticas que hablan de unos 850 mil millones de euros en depósitos que, ante una remisión en la “guerra de pasivo”, deberían empezar a busca mejor acomodo, por qué no, en los fondos de inversión.

Nuevo escenario

Fruto de lo comentado, se abre un nuevo escenario en el mundo del ahorro/inversión en el que los fondos de inversión deberían jugar un papel determinante en la búsqueda de rentabilidad por parte de comercializadores y clientes.

Un escenario en el que las entidades financieras vuelvan a lo que da sentido a su existencia, ganar dinero. Y puesto que la generación de resultados parece difícil que venga vía negocio tradicional, esto es, captar dinero barato y prestarlo caro -por la inexistencia del segundo de los factores de la ecuación-, deberá ser vía comercialización de productos y servicios que generen comisiones al mismo tiempo que aporten valor añadido a sus clientes, entorno en el que los fondos de inversión cumplen con ambos requisitos.

Un escenario en el que los clientes más conservadores, todavía resacosos de rentabilidades por encima del 4%, no acepten un 1,75% como respuesta y busquen alternativas en productos como los Fondepósitos y Garantizados de Rendimiento Fijo, que les ofrezcan rentabilidades atractivas, ciertas y seguras.

Un escenario de cierta estabilidad en los mercados financieros que pueda sentar las bases para que el cliente empiece a pensar en cómo rentabilizar su patrimonio más allá de a doce meses vista, siendo el fondo el vehículo idóneo para ello gracias a su inacabable oferta en cuanto a activos, zonas geográficas, plazos, etc., donde elegir.

Un escenario en el que la promiscua regulación financiera obligue a que la transparencia e información a la hora de vender un producto financiero sea la base sobre las que pivote el asesoramiento a clientes, para que éstos puedan comprender y comparar entre las diferentes alternativas de producto en igualdad de condiciones. Escenario en el que los fondos, gracias al trabajo realizado en los últimos años, sean el referente en cuanto a regulación garantista para el partícipe.

Fruto quizás de la necesidad, ya en anteriores ocasiones desde la industria de fondos hemos venido hablando de ciertos brotes verdes que uno tras otro han sido segados de un plumazo por noticias y  condicionantes que volvían a golpear a la industria. No obstante, nunca habían coincidido en el tiempo tal número de buenas noticias para el sector, ¿y si ésta es la definitiva?.

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