Índices de referencia: ¿referentes de inversión o simples fórmulas matemáticas?


En los últimos años hemos asistido a un crecimiento vertiginoso de la inversión en ETF, fondos pasivos que replican a los principales índices de referencia: índices de Morgan Stanley, Standard & Poors, Dow Jones, Citi, EuroMTS,… 

La mayoría de las ocasiones los inversores escogen un ETF para seguir un determinado índice de referencia, guiados simplemente porque es el más utilizado en un determinado mercado o en una determinada clase de activo, pero pocos se paran a pensar si ese índice de referencia refleja la realidad de ese mercado o la exposición al mismo que pretenden conseguir. 

La construcción de los índices obedece a fórmulas matemáticas y no a una adecuada selección de valores. Tenemos índices como el S&P 500 construidos en función del peso de la capitalización de cada acción (cada valor va a tener un peso en el índice igual al porcentaje que representa su capitalización sobre el total de capitalización del mercado) y otros índices, como el Dow Jones Industrial Average, en el que el peso de cada valor depende del precio de cotización (a mayor precio mayor ponderación en el índice). En algunos índices, como es el caso del español IBEX35, sólo tres compañías pueden representar más del 50% de su valor y en casos más extremos como el OMX-C20 de la Bolsa de Copenhage podemos encontrar valores con pesos cercanos al 35%. Otros índices como el OMXH25 de la Bolsa de Helsinki limita la ponderación máxima de una compañía al 10% (podemos imaginarnos la ponderación que podría alcanzar Nokia en este mercado si no se aplicara este criterio). 

Recientemente hemos asistido a una revisión histórica de uno de los índices más seguidos del mundo, el Nasdaq 100. El imparable ascenso de la cotización de Apple había subido su ponderación en el índice hasta el 20,49% y tras la revisión, su peso ha bajado a “tan solo” un 12,33%. Otras compañías, en contra, ven aumentada su ponderación en el índice: Microsoft pasa del 3,41% al 8,32%, Oracle del 3,32% al 6,68% ó Intel del 1,56% al 4,20%. 

Para corregir estos desequilibrios han surgido ETF que toman como referencia índices tradicionales que han sido modificados aplicando diferentes criterios. Unos de los más utilizados son los ETF de la compañía neoyorkina Rydex SGI, con una gama de ETF que siguen unos índices que equiponderan el peso de las distintas compañías que los componen. De esta forma, podemos invertir en el índice S&P 500 Equal weight Index, en el que todos los valores del índice S&P 500 tienen el mismo peso, un 0,2%. Del mismo modo, podemos invertir sobre índices internacionales o de pequeñas compañías igualmente equiponderados.  

El hecho de cambiar la fórmula de cálculo de la composición de un índice va a tener un enorme impacto en la ponderación de las compañías que lo componen y por lo tanto, en la distribución sectorial, estilo de inversión y tamaño de la resultante de la inversión. En el caso del S&P 500 Equal weight Index hemos convertido un índice mixto de grandes compañías en un índice de medianas compañías de valor. Los resultados de ambos índices, S&P 500 Index y S&P 500 Equal weight Index, presentan notables diferencias en los últimos años, ya que el índice equiponderado se ha beneficiado del mejor comportamiento de las medianas y pequeñas empresas y ha compensado su mayor nivel de riesgo con unos retornos superiores, obteniendo un ratio de Sharpe superior. Al invertir en un fondo equiponderado vamos a asumir un mayor nivel de riesgo en nuestra inversión, ya que vamos a tener en cartera más ponderación de pequeñas compañías que presentan una volatilidad mayor que las grandes compañías que sobreponderan los índices tradicionales, sin embargo vamos a disminuir el riesgo que representa tener una exposición excesiva en un determinado valor.        

De esta forma a la hora de invertir en un determinado mercado podemos optar por un fondo de inversión que realice una inversión activa, mediante una selección de valores atendiendo a unos criterios específicos, o por una inversión pasiva a través de un fondo indexado o un ETF. Si optamos por una inversión pasiva es fundamental estudiar el índice de referencia sobre el cual vamos a fijar la misma. Puede que si queremos invertir en una cartera diversificada de grandes valores no financieros que cotizan en el mercado norteamericano no sea buena idea el escoger un índice en el que una sola compañía pondere un 20,49%, ¿queremos invertir en grandes compañías de diferentes sectores o queremos invertir en Apple?. Lo mismo ocurre en los grandes índices de referencia de determinados países ¿queremos invertir en una cartera equilibrada que refleje la realidad de la economía española o queremos invertir en Telefónica y en el Banco Santander?. A la hora de fijar un determinado índice como referencia de nuestra cartera o al escoger un determinado fondo indexado debemos estar seguros que dicho índice refleja la realidad de nuestra cartera o de la cartera que estamos intentando construir. La metodología de construcción del índice puede hacer que nuestra inversión difiera en gran medida de la que pretendíamos implementar. 

Así como en un fondo de gestión activa debemos estudiar, antes de su compra, su folleto de inversión y a su equipo gestor, para entender su política de gestión, en el caso de la inversión pasiva es fundamental entender la composición del índice de referencia sobre el cual va a girar completamente nuestra inversión, para entender el riesgo que estamos asumiendo, las expectativas de rentabilidad y si se ajusta de verdad a la inversión que pretendemos realizar. De otro modo puede que las matemáticas nos jueguen una mala pasada.    

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