“Incrementamos la exposición a volatilidad en las estrategias direccionales porque puede subir en los próximos meses”


La volatilidad es un producto apropiado para aprovechar la incertidumbre de los mercados y no sólo en los momentos negativos de las bolsas, cuando la caída en los precios conlleva un aumento de la misma, sino también como una clase de activo de retorno absoluto. Por eso los inversores han podido beneficiarse de tenerla en sus carteras como un activo más, y podrán seguir haciéndolo en el futuro. Desde Amundi, Julia Kung, especialista de Producto de Volatilidad, Arbitraje y Convertibles, explica que su escenario central se caracteriza por un mantenimiento de unos niveles moderados de volatilidad, lo que permitirá seguir sacándole partido.

Y es que aún hay incertidumbres en el entorno económico, como las preocupaciones relativas a la ralentización del crecimiento, las tensiones globales sobre las divisas, y la falta de recuperación del consumo y el empleo en los países desarrollados.

En este contexto, el equipo de volatilidad de Amundi estima que la volatilidad implícita a un año oscilaría entre el 20% y el 25%, con posibles picos puntuales del 28% al 30% en lo que queda de 2010. En este escenario los fondos de arbitraje de volatilidad de la gestora podrían superar al mercado monetario y alcanzar su objetivo, mientras que los fondos direccionales de volatilidad de Amundi evolucionarían también en línea con sus objetivos del 7% bruto anual. En lo que va de año, de hecho, son estos últimos los que mejor lo están haciendo, con subidas del 6% y el 8% en el caso de las estrategias direccionales, (fondos World Volatility y Euro Volatility respectivamente), en línea con los retornos de 2009. Además, “la volatilidad implícita a un año está tendiendo a bajar desde principios de septiembre”, debido a la recuperación de las bolsas, un contexto que conviene aprovechar. Por ello, el equipo de inversión ha aprovechado la oportunidad para incrementar gradualmente la exposición a la volatilidad en la estrategia direccional para beneficiarse de un potencial incremento en los próximos meses.  

Dos escenarios alternativos son posibles: que la volatilidad implícita a un año se sitúe entre el 20% y el 30% con picos hasta el 35% si las incertidumbres actuales conducen a una nueva crisis. En este escenario el equipo de inversión espera alcanzar, incluso superar, sus objetivos de rentabilidad. O bien que la volatilidad implícita a un año caiga a niveles del 15%-20%. En este escenario los fondos sufrirían, particularmente la estrategia direccional, como resultado de su exposición larga en volatilidad.

Y es que en Amundi ofrecen dos soluciones adaptadas a dos perfiles de inversor diferentes: para el más conservador, apuestan por la estrategia de arbitraje de volatilidad, con un objetivo de rentabilidad de Eonia más el 2% que pretende aprovechar las ineficiencias en la volatilidad de los mercados a través de los diferentes activos. Ello, a través del Amundi Funds Dynarbitrage Volatility, una solución desarrollada desde 1999 con unos 2.400 millones de euros en activos bajo gestión en la estrategia a finales de septiembre 2010.

Y por otro, para el inversor más dinámico, Amundi ofrece la estrategia direccional de volatilidad con objetivo de rentabilidad absoluta del 7% anual. Esta estrategia aprovecha la característica de reversión a la media de la volatilidad y se implementa con dos fondos: Amundi Funds Volatility Euro Equities y Amundi Funds Volatility World Equities. Esta estrategia direccional se creó en 2005 y cuenta con unos 3.300 millones de euros en activos bajo gestión a finales de septiembre 2010. La inversión en volatilidad en Amundi se hace a través de derivados listados sobre índices de renta variable.

 

 

 

 

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