Implicaciones para el inversor y los mercados de la expansión del coronavirus


El primer gran cisne negro de 2020 ya ha asomado su cabeza. Los inversores se están deshaciendo de su exposición a riesgo y buscando refugio en el oro y el yen ante la expansión desde China del virus 2019-nCoV, conocido popularmente como el coronavirus. El cierre del aeropuerto, la estación de tren, la red de metro, el muelle y todas las estaciones de autobuses… En cuestión de semanas la enfermedad ha impactado con fuerza a Wuhan, la capital de Hubei en China Central (la sexta ciudad más grande de China con 11 millones de habitantes, incluidos 2 millones de trabajadores migrantes). Pero, ¿qué implicaciones tiene de verdad la expansión de coronavirus para las carteras?

La principal fuente de debilidad a corto plazo vendrá de las ventas minoristas, según prevé Philippe Waechter, director de Economic Research de Ostrum AM (Natixis IM), ya que las celebraciones del año nuevo chino se han reducido o cancelado drásticamente. Además, apunta que Wuhan es la sede de los principales productores nacionales de automóviles y acero en la que más de 300 de las 500 principales empresas del mundo tienen presencia. Es un centro industrial y de transporte que ha sido impulsado por el reciente auge del mercado automotor en China.

Sin embargo, expertos como Bartlomiej Szabat-Iriaka, analista sanitario de Edmond de Rothschild Asset Management, piden ser cautelosos con las consecuencias económicas y financieras e intentar aclarar las cuestiones sanitarias y sociales. “El virus apareció hace un mes en el mercado de Huanan en Wuhan. Es muy parecido al virus del SARS (síndrome respiratorio agudo y grave) que se produjo en abril y mayo de 2003. En aquel momento, murieron 744 personas, de las cuales 685 en China, y se registraron 8.096 casos en todo el mundo. Sin embargo, las dos situaciones son diferentes en cuanto al tipo y a la sustancia. En 2003, la falta de transparencia hizo que se retrasaran las formas eficientes de detener la propagación del SARS. Hoy en día, la capacidad de respuesta de Beijing y las recientes declaraciones de XI Jinping muestran que el país está decidido a contener rápidamente el virus”, defiende. 

Es precisamente esa similitud con el SARS lo que preocupa a los mercados. Según recuerda Azad Zangana, economista y estratega senior de Schroders, los estudios académicos estiman que el SARS hizo que el crecimiento del PIB de China disminuyera entre uno y dos puntos porcentuales. Zangana ve un riesgo a corto plazo: las restricciones a los viajes y las preocupaciones de la población en general probablemente reduzcan el turismo, así como el consumo doméstico en China. Junto con el posible retraso en la vuelta de las empresas a la producción normal, aumenta el riesgo de que el crecimiento de China caiga por debajo del 6% interanual en el primer trimestre. 

Y ha desencadenado una corrección global porque China es ahora más importante que nunca para la economía mundial. “Cuando se produjo el brote de SARS en 2002, China representaba el 4,2% de la economía mundial, y contribuía con el 18% al crecimiento del PIB global. Para 2018 su participación en el PIB mundial había aumentado al 15,8%, y el 35% del crecimiento mundial provenía de China”, apunta Zangana.

Una de las consecuencias que ya extrae Gilles Moëc, economista jefe AXA IM, de esta crisis es que la lectura de los datos cíclicos procedentes de China será más difícil en los próximos meses. “Si los datos exhiben ahora una recaída después del alentador rebote que habían experimentado en los pasados dos meses, por ejemplo, si la actividad manufacturera vuelve a retroceder, entonces será prácticamente imposible distinguir si estamos ante una reacción transitoria a las medidas tomadas para contener la epidemia o si la economía se debilita por razones más fundamentales”, explica. 

Moëc teme que estemos ante un final abrupto a lo que se esperaba que fuera un sencillo paseo para la economía mundial en 2020, especialmente por lo relevante que es China para el crecimiento este año. El gigante asiático ha estado en el centro de las previsiones de riesgos macro de las gestoras. “El tono de la actividad manufacturera global vendrá determinado por cómo se vea afectada la economía china por los asuntos como la guerra comercial, la necesidad de afrontar los desequilibrios domésticos o la manera en que los vientos de cara estructurales limitan la actividad doméstica”, afirma.

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