Huertas se mueve en TriCiclo


Por muy mal que anden las cosas, algo bueno se cuece en Madrid. Un otoño que prometía ser gris y anodino en los fogones de la capital llega cargado de suculentas novedades. Por ejemplo, Rodrigo de la Calle (una Estrella Michelin, Dos Soles Repsol), un abanderado de una nueva, elegante y brillante cocina con vegetales, se ha hecho cargo de la cocina del hotel Villa Magna. Paco Morales (otra Estrella Michelin, otros dos Soles Repsol) ya asesora al Hotel de Las Letras en una nueva aventura gastronómica. Locales como Kilómetros de Pizza y Sala de Despiece traen propuestas originales pero sensatas, con un buen producto. Chamberí y Argüelles se pueblan de tabernas en las que el vermú es el nuevo gin tonic. Y en Huertas ha abierto un local imprescindible, un nuevo impulso para que el barrio se mueva, una nueva ‘niña de mis ojos’... ¿o debería decir tres nuevas ‘niñas de mis ojos’?

 

TriCiclo abrió en el número 28 de la Calle Santa María cuando se comenzaba a ver cómo el calor salía del asfalto de Madrid. La primera vez que fui fue a mediados de julio. Prometía ser la sensación una vez pasado el verano. Pero acabó siéndolo poco después de abrir sus puertas. Y, a juzgar por mi primera experiencia y por las otras dos veces en las que he estado, no me extraña nada. Los tres amigos que lo han abierto, cocineros que han aprendido lo que es bueno con los primeros espadas de nuestra gastronomía, han dado con una fórmula de éxito: precio, flexibilidad, producto, mimo, cercanía...

 

El precio es más que ajustado y su relación con la calidad de los platos es muy, pero que muy buena: por unos 30 euros por persona, uno sale satisfecho y contento por unos platos deliciosos. Éstos se pueden disfrutar por raciones, por medias raciones o por ‘pinchos’. Así, el comensal puede decidir si prueba un poco de varios, si se quiere centrar en una de las varias tentaciones o si quiere adaptarse a un presupuesto ajustado. El producto, muy bueno, está tratado con cariño. Los platos de TriCiclo, aunque con muchos guiños a lo contemporáneo, tienen una base tradicional: rabo de toro, guiso de pollo, salsa verde, arroz con leche… Todo muy bien guisado y con tanto mimo que siempre hay que pedir más pan para poder mojar hasta dejar el plato limpio. Y ese mimo se nota cuando son los propios cocineros los que salen a la sala, toman nota de la comanda y explican cómo se elaboran los platos. Una cercanía con la que se transmite humildad y gusto por las cosas bien hechas. Algo que faltaba, y mucho, en Madrid.

 

Como decía, TriCiclo es sólo una de las novedades de un otoño prometedor en la capital. Iremos hablando de ellas poco a poco. Mientras tanto, pueden leer esta completa e imprescindible recopilación de Marta Fernández Guadaño en GastroEconomy.

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