Hollywood


Nuestra abuela suele ir al cine cada semana en busca de la película que le haga sentir lo mismo que llegó a sentir hace unos años, sin embargo, pocas son las películas que tienen la suerte de aguantar la tolerante intolerancia de la abuela. Después de calificar la última película de Jennifer Lopez como XXX, creo que su paciencia se ha agotado y dejará de peregrinar a los cines de al lado de casa (en los que, por cierto, han abierto un Opencor).

Como ella siempre dice: “Rod Hudson, ese sí que era un actor, un hombre hecho y derecho… y no los de ahora”, dice mientras señala la foto de un deformado Nicolas Cage, en una revista del corazón. Posiblemente tenga razón, aunque Rod nunca pisara su misma acera y fuera un actor deplorable. Hay algo evidente y es que el Star System de Hollywood antes dominaba el negocio del cine, mientras que ahora, el negocio ha pasado por encima de personas, actores y actrices.

Algo parecido ha sucedido en nuestra industria donde la gestión ha pasado a ser tarea de máquinas y gestoras sin sentimientos, sin capacidad de transmitir. A mí me sigue gustando la gente, los gestores y sus ideas, por encima de procesos 100% racionales. Recuerdo con cierta nostalgia la primera vez que me encontré a un gestor de fondos con verdadera vocación y pasión en lo que hacía, en la gestión de su fondo. Su nombre era Donald Pitcher y gestionaba un pequeño fondo de pequeñas compañías americanas (“chicharros en toda regla”); su figura era un cruce entre Jay Leno y un vendedor de coches usados, ni alto ni bajo, más bien rellenito y con gafas antilujuria al estilo Buffet. Adoraba lo que hacía y transmitía verdadero convencimiento por los valores que tenía en cartera, hasta el punto de que hablaba de alguno de los valores que tenía en cartera: “Morning Coffee – decía orgulloso - the best donuts in the World”, mientras se relamía como si fuese el mismísimo Hommer Simpson.

Posiblemente no supiera en ese momento que estaba en Madrid, ni por supuesto quien era yo, pero algo tenía claro: en cartera tenía a los fabricantes de los mejores donuts del mundo y eso le hacía feliz, muy feliz. No tenía que convencerme de nada, sólo con mirarle sabía que creía en lo que hacía y que él siempre buscaría lo mejor para el fondo. El bueno de Pitcher se jubiló y posiblemente esté saboreando un buen puñado de rosquillas en Florida, pero como él, aún quedan gestores que son capaces de vivir por y para su cartera, por lo que debemos seguir buscando esa pasión, ese nivel de convencimiento, ya que es indicativo de la importancia que el gestor está dando a su trabajo, a la gestión del fondo.

Por él y por muchos otros, este trabajo merece muy mucho la pena y desde Allfunds adoramos lo que hacemos. Quedan menos gestores con pasión y gestoras que permitan esa libertad, pero lo que está claro es que son las personas, los gestores, quienes crean las verdaderas diferencias. Este es y será siempre un negocio de personas, basado en el talento y la capacidad de cada una de ellas, por mucho que el negocio intente imponerse. Por mucho que las gestoras intenten limitar el significado de la palabra “key man risk”, éstos (gestores) no desaparecerán, y ahí estaremos nosotros para identificarles. Como nuestra abuela, no desistimos en nuestro empeño de encontrarnos cada día con gestores que tienen ese algo especial.

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