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Henderson: Los bancos brasileños y el nuevo precio del dinero


Pese a contar con unas de las tasas de interés del real  y de préstamos nominales más elevadas del mundo, el crédito en Brasil ha crecido sólidamente. La introducción del crédito se duplicó con creces entre 2003 (23% del PIB) y finales de junio de 2012 (50% del PIB). Aunque las tasas nominales cayeron durante ese mismo período, el ratio de cobertura del servicio de la deuda de los hogares se elevó de forma considerable, lo que llevó a un importante medio a publicar en febrero de 2011 que “Brasil podría ir camino de una crisis subprime”. Si bien en el pasado nos mostramos preocupados por el deterioro que registraba la calidad de los préstamos de algunas instituciones, nunca hemos compartido la opinión de que el sector bancario brasileño estuviera al borde de una catástrofe de magnitud similar a la que golpeó a la banca estadounidense entre 2007 y 2009.

Al igual que muchas otras naciones emergentes, Brasil depende en gran medida del crédito bancario interno. Gran parte del sector bancario nacional está controlado por el Gobierno, bien de forma directa (bancos propiedad del Estado) o indirecta (subvenciones y préstamos direccionados). Tras la quiebra de Lehman Brothers en septiembre de 2008, el banco central recortó sus tasas de interés e inyecto un gran volumen de liquidez en la economía. Una vez disipados los temores a un colapso de la economía mundial, las autoridades advirtieron que quizá habían sobrerreaccionado en su afán por relajar las condiciones monetarias, por lo que en mayo de 2010 comenzaron a subir los tipos de interés y a adoptar medidas para enfriar el crecimiento del crédito en segmentos tales como los de préstamos para la compra de automóvil o los créditos sin garantía.

Variación de las tasas oficiales – Selic

Fuente: Bloomberg. Tasa Selic entre 2001 y agosto de 2012.

Pese a los elevados niveles de inflación del país, los tipos de interés fueron recortados cuando el crecimiento del PIB brasileño comenzó a ralentizarse a mediados de 2011. Asimismo, a partir del otoño de 2011 se permitió que el real brasileño se depreciara rápidamente. Ello llevó a los mercados a creer que las autoridades preferían adoptar medidas puntuales a corto plazo para impulsar la demanda interna en lugar de eliminar los impedimentos estructurales que dificultan un crecimiento sostenible de la economía a largo plazo.

Ante la creciente preocupación por el debilitamiento cada vez más acusado de la economía, en la primavera de 2012 los bancos propiedad del Estado recibieron el mandato de rebajar los tipos de interés de los préstamos que conceden a los hogares. Las autoridades se sentían frustradas ante la lentitud con la que los bancos estaban trasladando a sus clientes el impacto positivo de la reducción de los tipos oficiales (-450 puntos básicos en menos de un año). Históricamente, este desfase había sido bastante reducido. La presidenta Dilma Roussef criticó abiertamente a los bancos privados por no reducir sus tipos de interés con la suficiente prontitud.

Dado que cobran un interés superior al 30% por sus préstamos al consumo y que su margen de intermediación es de alrededor del 7% (uno de los más elevados del mundo), la acusación de que los bancos brasileños están obteniendo un beneficio excesivo a costa del público en general parece bien fundada. No obstante, esta acusación es bastante desmesurada. Aunque los bancos brasileños tienen beneficios, éstos no son escandalosamente elevados. Su ROE (return on equity) se ha venido reduciendo en los últimos años hasta situarse recientemente en torno a un 20%. Además, los bancos brasileños soportan en su actividad crediticia unos elevados costos operativos, al tiempo que sufren una alta morosidad y han de afrontar unos requisitos burocráticos y fiscales muy gravosos

La caída de en torno al 25% que la Bolsa brasileña acumulaba al cierre de julio desde su máximo de marzo de este año responde a un debilitamiento de la economía del país, al creciente intervencionismo en apariencia distorsionador del Gobierno y a la primacía de las medidas económicas orientadas a impulsar la demanda a corto plazo. Sin embargo, parece que las condiciones están mejorando últimamente. Las autoridades y los bancos mantienen un diálogo continuo sobre el modo de hacer más eficaz la recuperación de los créditos impagados, la creación de una base de datos nacional del nivel de solvencia de los prestatarios o la reducción del ratio de reservas bancarias, así como negociaciones de cara a una eventual reducción de la presión fiscal sobre los bancos. Dado que la calidad de los créditos ha comenzado a mejorar, los bancos se encuentran ahora en mejor situación para trasladar las tipos de interés más bajos a sus clientes sin mermar con ello su rentabilidad.

En el corto plazo los bancos brasileños afrontarán un período complicado, con un entorno en constante cambio y un Gobierno decidido a reducir el costo de los préstamos. Debido a que el gobierno muestra una renovada disposición para eliminar las trabas estructurales que obstaculizan el crecimiento sostenible del sector bancario y de otras áreas de su economía, consideramos que la inversión en bancos brasileños seleccionados podría resultar provechosa para los inversionistas.

 

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