¿Ha empezado una nueva guerra de divisas?


El propio Mario Draghi rechazó recientemente y con contundencia las recientes acusaciones del entorno de Donald Trump sobre manipulación de divisas. El origen de la polémica ha residido en unas declaraciones a Financial Times de Pete Navarro, director del Consejo Nacional de Comercio de EE.UU. Navarro afirmó que Alemania se estaba aprovechando de un euro muy infravalorado para ganar competitividad en detrimento de EE.UU. y otros países de la UE. Previamente, la nueva Administración había acusado a otros países (especialmente en Asia) de mantener sus divisas artificialmente bajas. Como consecuencia, el dólar ha estado depreciándose desde comienzos de febrero.

“Quizá sea una consecuencia deliberada”, afirman expertos de Legg Mason Global AM.  Éstos se fijan en que el peso mexicano, reaccionó con una subida del 3,7% contra el dólar, pero apenas hubo movimiento en los cruces contra el euro y el yen. Entre tanto, el yuan ha continuado con su tendencia a la baja, con una caída interanual del 4,4%.

“Los países criticados por la nueva Administración por mantener sus divisas artificialmente bajas son un reflejo de la lista de países con los que EE.UU. tiene un déficit comercial. Esto ha llevado a algunos inversores en emergentes a favorecer a los países que están en la parte del superávit de la balanza comercial estadounidense, pues podrían verse menos afectados por las políticas arancelarias propuestas”, resumen desde la gestora.

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“Una cosa está clara: la nueva Administración no está interesada en un dólar fuerte”, declara Joachim Fels, asesor económico global de PIMCO. Como ejemplo, pone las declaraciones de Donald Trump sobre que el dólar “está demasiado fuerte” frente al yuan chino y “nos está matando”, así como las citadas declaraciones de Peter Navarro.

En opinión del asesor, estos hechos recientes no son más que el aviso de que el mundo han vuelto a entrar en una guerra fría de divisas, pero ésta habría sido iniciada por el BCE, en connivencia con el Banco de Japón (BoJ) y el Banco Popular de China (BPCh) a través de acciones coordinadas para depreciar sus respectivas divisas durante el segundo semestre de 2016.  

Fels recuerda que “un dólar fuerte daña al sector industrial EE.UU. y, por consiguiente, a muchos de los votantes de Trump”. Es decir, que si prosigue la apreciación del dólar, “se volverá más probable que Trump cumpla con sus promesas electorales y empiece a señalar a manipuladores de divisas poco tiempo después de asumir el cargo”.

Es más, el asesor cree que habrían entrado otros dos bancos centrales en esta contienda la semana pasada. Se remite al comunicado de la Reserva Federal tras la última reunión del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC), en el que se abstuvo de emplear un lenguaje más ortodoxo para impulsar las expectativas de una subida de tipos en marzo (que de hecho cayeron hasta el 15% tras publicarse el comunicado). Paralelamente, el Banco de Inglaterra (BoE) incrementó su previsión del PIB en su último Informe sobre la Inflación, pero rebajó significativamente su estimación del NAIRU (tasa de desempleo no aceleradora de la inflación, por sus siglas en inglés), “y por consiguiente, envió una señal dovish que ayudó a depreciar la divisa”.

La carta del proteccionismo

Para el experto, la pieza decisiva para saber hacia dónde se dirigirá esta guerra fría de divisas será el proteccionismo: “EE.UU. tiene un gran déficit comercial y Europa, China y Japón tienen grandes superávits bilaterales con EE.UU., por lo que éste parece tener menos que perder (al menos bajo su propia percepción) en una guerra comercial, y las declaraciones públicas de Trump y Navarro sugieren que la acción proteccionista es una amenaza muy creíble”.  Fels cree que la reacción más lógica para evitar una confrontación sería que “Europa, Japón, China y otros exportadores permitieran, al menos temporalmente, que sus divisas se aprecien algo frente al dólar para no provocar más a EE.UU.”.

Raphaël Gallardo, estratega de multiactivos de Natixis Global AM, analiza con una perspectiva más amplia el impacto de las políticas de Donald Trump sobre el billete verde. Por un lado, incorporar medidas de estímulos keynesianas y políticas proteccionistas a una economía que ya está muy cerca del pleno empleo “sólo tendrá un impacto moderado sobre el crecimiento, pero también servirá para impulsar al alza los tipos de interés y al dólar”. Pero si se aprueba la simplificación del código fiscal y la repatriación de ingresos en el extranjero, Gallardo calcula que “el impacto sería el equivalente a una devaluación de un 15% en el dólar”. A su vez, la reducción resultante del déficit comercial de EE.UU. volvería a empujar al alza el dólar.

El estratega aporta algunos escenarios posibles en otros países con relaciones significativas con EE.UU., empezando por Japón, donde el BoJ ha implementado una política de control de la curva del bono a diez años. “El diferencial de tipos con EE.UU. se está ensanchando, por lo que el yen se depreciará por la política monetaria del BoJ. Una caída por debajo de 120 yenes el dólar son malas noticias para el gasto de las familias niponas y lleva al riesgo de una aceleración incontrolable de los flujos de salida del capital”, explica. En segundo lugar, un encarecimiento mayor del dólar sería perjudicial para aquellos países emergentes que dependen del capital extranjero e importan petróleo, como Turquía o Sudáfrica. Finalmente, China podría afrontar dificultades debido a la subida de los tipos en EE.UU., lo que impulsaría la salida de capital en un momento en que el banco central no puede subir tipos de interés por el alto apalancamiento.

En conclusión, “el repunte del dólar será desastroso para la popularidad de Trump entre los votantes desencantados de los estados del cinturón de óxido del Medio Oeste”. Es en este contexto, a ojos del estratega, “la tentación sería acentuar el proteccionismo, lo que sólo incrementaría el riesgo de una recesión mundial”.

 

 

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