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Herramienta práctica para que los asesores puedan resolver las dudas más frecuentes de sus clientes en materia de inversiones


A lo largo de los últimos años, la industria de gestión de activos ha venido realizando un gran esfuerzo centrado en tratar de hacerle entender a la sociedad la necesidad de ahorrar e invertir a largo plazo para alcanzar sus objetivos y no tener problemas de dinero en el futuro. Pese a que cada vez son más conscientes de esta necesidad, al ciudadano de a pie a menudo le surgen dudas de todo tipo sobre cómo proceder: ¿cuánto hay que ahorrar para cumplir mis objetivos a lo largo de la vida? ¿cuántos ingresos necesitaré para complementar mis ahorros en mi jubilación? ¿qué efecto tiene la inflación en mis ahorros? Éstas son algunas de las preguntas más habituales que los clientes les plantean a sus asesores financieros, que en muchas ocasiones se ven en la obligación de explicarles conceptos básicos que resulta fundamental que comprendan antes de realizar la planificación.

Una de las últimas iniciativas puestas en marcha que puede servir como una guía práctica que ayude a los asesores financieros a resolver las dudas de sus clientes es Fund your Future, una página web en español lanzada por J.P.Morgan AM que tiene un claro componente didáctico. En ella se ponen de manifiesto distintos aspectos de los que los ciudadanos no siempre son conscientes y que, sin embargo, tienen una gran relevancia en lo que respecta a cómo deben planificar sus inversiones. Por ejemplo, el hecho de que la esperanza de vida en España sea de 80 años. Esto tiene una importancia capital, ya que debe obligar a las personas a invertir con la vista puesta en el largo plazo. Eso es algo que deben gravarse a fuego, ya que a lo largo de la vida tendrán que hacer frente a diferentes tipos de gasto, que deben prever.

Se trata de necesidades básicas relacionadas con los gastos esenciales para vivir (comida, alquiler...), con la mejora de la calidad de vida (estudios de los hijos, coche, compra de casa…) o con los deseos (dejar una herencia a los familiares, una segunda vivienda…). Sin una adecuada planificación, puede resultar muy difícil hacer frente a todos esos gastos futuros. De ahí la importancia de definir un plan y tener objetivos claros. Lo primero que deben entender es que la inflación siempre está al acecho. Es el gran enemigo permanente de los ahorros, ya que hace que el dinero pierda valor a lo largo del tiempo. Para comprender mejor sus efectos, en la guía se adjunta un gráfico interactivo en el que el inversor puede elegir un periodo de tiempo concreto para observar cuál es el efecto (expresado en porcentaje de dinero perdido) que la inflación puede provocar en sus ahorros (ver gráfico).

Esto es un serio aviso para todos aquellos que piensan que no van a perder dinero manteniendo el dinero aparcado en cuentas a la vista o en depósitos bancarios que ofrecen rentabilidades por debajo de la inflación. Sí perderán. Y mucho. Si siguen con esa estrategia, su capacidad adquisitiva en el futuro se va a ver muy reducida. A cinco años, por ejemplo, habría perdido casi el 10% de su dinero. Seguiría viendo en su cuenta una cifra similar, pero en realidad ese dinero le permitiría adquirir menos bienes y servicios debido al aumento de los precios. ¿Quién no ha ido un día al supermercado o a una tienda y ha visto que lo que un día costaba 50 euros ahora cuesta 60? La buena noticia para el inversor es que la inflación se puede combatir con la ayuda de los mercados financieros. Recurriendo a la inversión en diferentes clases de activo se pueden vencer sus efectos.

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Una vez explicado este concepto básico, la guía ofrece los principios fundamentales del ahorro y la inversión inteligente. Los resume en tres puntos. El primero: empezar a ahorrar e invertir cuanto antes. Comenzar pronto y hacer aportaciones periódicas son claves para el éxito de la inversión a largo plazo. Gracias al poder del interés compuesto, cuanto antes se empiece a ahorrar e invertir, más rápido crecerán los ahorros. Para ilustrar la importancia de este aspecto, ponen el ejemplo de una persona que, como resultado de su proceso de planificación, haya llegado a la conclusión de que su objetivo es contar con 250.000 euros a los 65 años. Evidentemente, las cantidades mensuales que deben destinar a alcanzar esta meta tendrían que ser mucho mayores cuanto más tarde empiece a ahorrar e invertir. Asumiendo una rentabilidad anualizada de la inversión del 5%, si se inicia a los 35 años tendría que destinar 307 euros, mientras que si lo hace a los 45 el esfuerzo a realizar sería el doble (616 euros).

Pero cada caso es único, ya que los objetivos de cada inversor son diferentes. Los míos pueden diferir de los de mi vecino. Por ese motivo, para que cada persona pueda establecer sus propios objetivos, la herramienta permite que cada inversor cuantifique el objetivo financiero que le gustaría alcanzar, el horizonte temporal que se ha marcado para lograrlo y la rentabilidad media esperada con su inversión. Hago la prueba. Tengo 35 años y pretendo jubilarme a los 65 años. Cuando llegue a esa edad quiero tener ahorrados 500.000 euros, para lo que establezco una rentabilidad anual del 5%. “Para conseguir su cantidad objetivo en el periodo indicado y con la rentabilidad especificada, usted debería ahorrar 613 euros al mes pero, asumiendo una inflación del 2%, su cantidad final en términos reales no será 500.000 euros, sino 276.035, por lo que, para alcanzar la cantidad deseada en términos reales, su esfuerzo de ahorro mensual deberá ser aún mayor”, me indica el sistema (acceder a la herramienta).

El segundo principio fundamental es la diversificación. Una adecuada diversificación de los ahorros permitirá al inversor reducir el riesgo de su cartera. Cada persona tiene unas circunstancias y un perfil inversor diferentes. Lo importante es disponer de una cartera con las características más adecuadas en función de su perfil. La herramienta es aséptica en cuanto a producto, pero permite observar el comportamiento de cada clase de activo (renta variable de países desarrollados, bolsa emergente, deuda pública, renta fija corporativa… e incluso una cartera mixta). Lo que se observa es que algunas estrategias son más rentables y volátiles que otras. En caso de que no sepa cómo hacer la distribución, lo que el inversor debe hacer es apoyarse en su asesor financiero para combinarlas con el objetivo de generar rentabilidades atractivas sin asumir niveles de riesgo con los que no se sienta cómodo (ver cómo se ha comportado cada clase de activo a lo largo del tiempo).

El último principio fundamental que se explica en la guía es el de mantener la inversión. Si algo ha observado con claridad Morningstar en los 30 años que lleva analizando productos de inversión es que los inversores suelen hacer un mal trabajo de market timing a la hora de invertir en fondos. Para monitorizar este problema en el mundo de la inversión colectiva, la firma de análisis creó una medida de rentabilidad denominada Investor Return, que mide la rentabilidad de un producto ponderada por los activos gestionados en lugar de por el tiempo. Es decir, calcula cuál es la rentabilidad real que han recibido los inversores, de media, en un producto de inversión determinado. Comparando la rentabilidad obtenida por el inversor con la obtenida por el producto se llega a lo que denominan behaviour gap, que calcula lo que han ganado o perdido los inversores en el fondo entrando y saliendo de él, en lugar de permanecer dentro del barco en todo momento. Lo que han demostrado es que la rentabilidad que obtienen los inversores son inferiores a las que marcan las fichas de los fondos.

Cuando los mercados caen con fuerza, el inversor tiende a asustarse y vender. En la guía de J.P.Morgan AM explican que mantener los ahorros invertidos en el largo plazo hace que se amortigüe el efecto de la volatilidad del corto plazo. Ponen como ejemplo la rentabilidad que hubiese generado un dólar desde 1899 (ver gráfico). “Intentar navegar por los mercados entrando y saliendo con frecuencia es complicado. Cuanto más tiempo mantenga su inversión, más estable será la rentabilidad de su cartera”, afirman. Para demostrar su afirmación, ponen un ejemplo. Asumen que invierten 100.000 euros en acciones el 1 de enero de 2001 y los mantienen invertidos hasta el 31 de diciembre de 2015: la ganancia sería de 157.836 euros. Si en lugar de permanecer invertidos todo este tiempo el inversor se dedicase a entrar y salir en el mercado, esto es lo que ocurriría… (ver gráfico interactivo).

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