Guía para integrar los criterios ESG a la gestión del Private Equity y Venture Capital


Las firmas de capital privado en España están apostando cada vez más por la inversión responsable. De hecho, según los datos de PwC, el 84% ya incluye criterios ambientales, sociales y de buen gobierno tanto en su gestión como en la toma de decisiones de inversión.

Es una de las principales conclusiones de la Guía de inversión responsable para el sector de Private Equity y Venture Capital que han elaborado PwC y la Asociación Española de Capital, Crecimiento e Inversión (Ascri), y que establece cuáles serían los pasos para integrar estos criterios en la gestión.

Para lograr una integración efectiva de las cuestiones ESG, el primer paso es analizar y comprender el punto de partida actual, así como el grado de ambición en esta materia, que vendrá marcado por las demandas tanto externas (principalmente de los Limited Partners) como internas.

Una vez identificado el nivel de madurez de la empresa y el nivel de ambición a corto, medio y largo plazo, se deberá definir el compromiso que se desea adquirir, la metodología de trabajo para su consecución y el seguimiento que se hará de la misma, así como los recursos que se destinarán para asegurar la correcta integración y cumplimiento de ésta.

Integración de la ESG en la gestión interna

Es esencial designar, al menos, a una persona responsable de estas cuestiones dentro de la empresa, ya sea como parte de otras funciones o roles o dedicada en exclusiva a estas cuestiones.

Es esencial definir una estrategia de inversión responsable. La mayor parte de las gestoras tienen en cuenta algún elemento ESG en sus inversiones, pero generalmente suele enfocarse como un proceso ad hoc. No obstante, recomiendan en esta guía, abordar estas cuestiones con un enfoque más estratégico puede minimizar los riesgos y maximizar las oportunidades. Una estrategia bien definida sirve de apoyo a las decisiones durante el ciclo de vida y también durante la captación de fondos.

Asimismo, es importante desarrollar una política de inversión responsable, que define el marco de actuación y fomenta las decisiones y operaciones más informadas y responsables, estableciendo los valores y principios de actuación que sirvan de base para su estrategia de inversión y que permitan evaluar cualquier potencial de inversión relacionado con estos principios.

Los compromisos adquiridos pueden reforzarse con la adhesión a directrices, marcos de reporting o iniciativas sectoriales, entre las que destacan por su relevancia y peso en el sector los Principios de Inversión Responsable de Naciones Unidas. Además, éstos compromisos deberán estar respaldados por objetivos específicos cualitativos o cuantitativos, alineados con métricas estandarizadas (como por ejemplo Global Reporting Initiative o Sustainability Accounting Standadrs Board). Sin olvidar el reporting periódico con el objetivo de comunicar los progresos realizados y las acciones que se han puesto en marcha al respecto.

Por último, se subraya la importancia de crear equipos formados en cuestiones ESG a todos los niveles: desde back office para temas de reporte y respuestas a las demandas de los inversores, entre otros, y terminando por los equipos de inversión, que deben ser capaces de identificar las cuestiones ESG que afectan a cada sector de actividad, realizar e interpretar due dilligence ESG e implementar planes de acción para abordar los principales gaps identificados.

Integración de la ESG en la actividad de la gestora

Dependerá en gran medida de la capacidad de influencia del fondo sobre sus porfolios. Pero podrían estructurarse en cuatro fases: levantamiento de fondos, inversión, holding period y desinversión.

Durante la fase de levantamiento, la gestora debería divulgar suficiente información para que los inversores que hayan manifestado su interés en las cuestiones ESG sean capaces de valorar si sus intereses y expectativas están alineados y comprender el enfoque ESG actual y futuro de la gestora.

La incorporación de estos criterios en el análisis de las inversiones contribuye a un mayor conocimiento del target, así como a la identificación de posibles riesgos y oportunidades desde una perspectiva diferente al análisis tradicional. En esta etapa las prácticas ESG pasan por realizar un screening, la complementación de éste con una due dilligence y la integración de estas cuestiones ESG identificadas en recomendaciones y acuerdos.

La mayor parte de la creación de valor de la aplicación de estas políticas por parte de las gestoras de private equity y venture capital se producen, según esta guía, en la etapa de gestión. El principal reto es conseguir el equilibrio entre promover una gestión activa en materia ESG dentro de las participadas y fijar unas expectativas realistas. En esta etapa, la articulación de las cuestiones ESG se realiza a través de: la definición de la estructura de gobierno ESG, la definición de prioridades o aspectos materiales, el desarrollo e implementación de un plan de acción, su monitorización y el reporting asociado a los progresos y cuestiones relevantes.

Por último, en la fase de desinversión es importante destacar el incremento de valor gracias a los esfuerzos realizados desde el inicio para integrar estas cuestiones ESG en la gestión. Estas prácticas pueden cobrar la misma importancia que otros aspectos tradicionalmente relevantes, como los financieros, fiscales o legales, ya que una mejora del desempeño puede contribuir a captar flujos diferentes de inversión, especialmente de inversores largoplacistas. En ese sentido, existen distintas herramientas a poner en práctica como un análisis del desempeño ESG, un reporting de desempeño o una vendor due dilligence.

 

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Fuente: PwC y Ascri

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