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Guía básica sobre cómo seleccionar un ETF temático


Las estrategias temáticas están atrayendo la atención de los inversores. Aunque inicialmente el interés por los temáticos se había ido canalizando a través de los fondos de gestión activa, poco a poco los flujos también están llegando a los productos de gestión pasiva, donde en los últimos años los proveedores de ETF han puesto a funcionar su máquina de lanzamiento de nuevos productos. La cerca de una treintena de fondos cotizados temáticos registrados en Europa acumulan un patrimonio que –según datos de Morningstar- va camino de los 10.000 millones de euros. Pero… ¿qué factores hay que tener en cuenta a la hora de seleccionar un ETF temático?

La propuesta de inversión temática se basa en la idea de seleccionar tendencias futuras antes de que sean reconocidas por otros participantes del mercado y puestas en precio. Para apostar por estos productos, el inversor no solo debe tener convicción sobre el potencial disruptivo de la tendencia, sino también que ese potencial aún no esté reflejado en las cotizaciones. “En la práctica supone invertir en compañías que, por lo general, son menos cíclicas, más conectadas al crecimiento y enfocadas a la innovación y la tecnología a través de productos más sencillos y fáciles de explicar al cliente”, subraya André Themudo, responsable del negocio de distribución de BlackRock para España, Portugal y Andorra.

En el proceso de selección de un ETF temático, el inversor debe tener en cuenta varios factores clave. En primer lugar, la procedencia de los ingresos de las compañías que forman parte de la cartera.

“La mayoría de los ETF temáticos seleccionan acciones en función de los ingresos que las empresas obtienen de un conjunto de actividades. Por ejemplo: un fondo de energía alternativa puede hacer la criba según el porcentaje de los ingresos provenientes de la energía solar, la eólica o la undimotriz. La desventaja de un enfoque basado exclusivamente en este aspecto es que los temas evolucionan y un enfoque cuantitativo puede no ser sólido a lo largo del tiempo”, explica Hortense Bioy, directora de análisis de fondos pasivos para Europa en Morningstar.

Para solventar este problema, algunos proveedores de ETF temáticos disponen de comités de expertos que se reúnen regularmente para decidir qué acciones cubren mejor el tema deseado, complementando así el análisis cuantitativo con una evaluación cualitativa. Según Bioy, “esto permite que la estrategia se adapte fácilmente a los cambios en el panorama de la inversión, aunque también es opaca y no exenta de cierto nivel de subjetividad”.

Por otro lado, además de saber cómo se realiza la selección de acciones, el inversor debe conocer cómo las pondera el ETF. Un enfoque estándar basado en la capitalización de mercado derivaría en una fuerte concentración en un conjunto de valores. Para corregir esto, la mayoría de los ETF limitan la exposición por compañía, sector y país. Otra solución que aplican los proveedores es construir una cartera equiponderada, lo que reduce la influencia de las empresas más grandes y da como resultado un mayor sesgo hacia las de pequeña capitalización.

“Algunos fondos implementan un sistema más complejo, que prioriza a las compañías que ofrecen una mayor exposición al tema subyacente. Por ejemplo, a una empresa de robótica especializada como iRobot se le daría una mayor ponderación que a un conglomerado como Siemens, para quien la robótica constituye una parte más pequeña de su negocio”, indica Bioy.

El último aspecto a tener en cuenta en el proceso de selección de un ETF temático es su precio. Si bien estos productos cobran comisiones más bajas que sus homólogos activos, dentro del universo de los fondos cotizados están entre los más caros del mercado. El TER medio se sitúa en el 0,59%, frente al 0,38% de los ETF de renta variable, al 0,37% de los de smart beta y al 0,35% de los sectoriales. Haciendo el mismo análisis pero ponderado por activos el resultado es muy similar.

”Se trata de productos que para un proveedor entrañan un mayor coste por el análisis y suministro de datos que requiere, su bajo volumen de activos y la escasa competencia hace que las tarifas sigan siendo elevadas”, apunta la experta.

Además, el inversor que compra un ETF temático debe comprender los sesgos a los que está expuesto el producto para ser consciente de los riesgos. En primer lugar, dado que son estrategias que tienden a dar una mayor ponderación a las empresas de pequeña capitalización, históricamente han mostrado una mayor volatilidad que el mercado.

En segundo término, está el hecho de que estos productos muestran ciertos sesgos por estilo. La temática de la tecnología, por ejemplo, favorece compañías growth y de momentum. “Si el factor pierde el favor de los inversores durante un tiempo prolongado puede derivar en un peor comportamiento del producto frente al mercado en ese periodo”, subraya la experta.

Eso lleva a una tercera cuestión, también compleja: cómo medir los resultados. “La naturaleza idiosincrásica de los fondos temáticos hace que evaluar su evolución pueda resultar difícil. Aunque los ETF temáticos podrían compararse frente a índices genéricos o sectoriales, lo recomendable es crear grupos de pares más específicos, cuando ello sea posible”, aconseja Bioy. Son aspectos, todos ellos, a sopesar a la hora de invertir en unos productos que cada vez se están poniendo de moda.

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