Goldman Sachs pasa de recomendar la compra de deuda pública española a su venta


Hasta el pasado viernes, el banco de inversión estadounidense Goldman Sachs recomendaba a sus clientes comprar deuda pública española. Pero sus expectativas han cambiado por dos razones fundamentales: la creencia de que la evolución del activo estará cada vez más ligado al crecimiento del país y el potencial contagio que supone la inestabilidad de la política italiana. “Hemos recomendado a nuestros clientes que tomen beneficios en el activo”, decía Silvia Ardagna, vicepresidenta y economista de Goldman Sachs International en un evento celebrado recientemente en Madrid sobre sus perspectivas macroeconómicas y de inversión.

Para la entidad, si el diferencial de la deuda española con respecto a la alemana se estabiliza por la mejora de las condiciones económicas (como ha sucedido en los últimos meses), la evolución dependerá ahora en gran parte de las expectativas de crecimiento, aún muy pesimistas, aunque matiza que si hay fuertes mejoras de financiación, con el consiguiente impacto en la economía real, el factor sorpresa podría beneficiar más a España que a otros países. “Las expectativas en España son más negativas y las buenas noticias impactarán más en la evolución de la deuda”, comenta la experta.

Es una decisión estratégica. Desde el punto de vista táctico, la eliminación de recomendar a sus clientes comprar el activo se debe al contagio de Italia. “Creemos que se puede llegar a formar gobierno a corto plazo (de minorías o institucional), pero entre nueve meses y un año habrá nuevas elecciones”, dice, aunque asegura que de que el mayor riesgo, consistente en la victoria del movimiento Cinco Estrellas y el consiguiente referéndum para salir del euro, se ha despejado a medio plazo. En cualquier caso, prefiere la deuda pública española a la italiana debido a esa inestabilidad, y a pesar de que el país transalpino no ha de recortar su déficit (tiene superávit), y solo ha de centrarse en la deuda. España tiene más trabajo por delante, dice.

El banco es optimista con la deuda de algunos países periféricos, como Portugal (con un gran potencial de apreciación) y algo menos con Irlanda, aunque prefiere invertir en plazos cortos. Considera que el riesgo ha disminuido y que los inversores, menos defensivos, empezarán a mover su capital hacia esa zona, en detrimento de la deuda pública core, que podría protagonizar repuntes moderados de rentabilidad. “Son activos muy caros y la rentabilidad se elevará al 2,5% en el caso del bono estadounidense a 10 años” –y también en Alemania, Francia, Bélgica u Holanda subirán las tires–, dice, en un activo que se moverá menos por contagios y más por la situación doméstica de cada mercado.

Y es que la Fed seguirá comprando deuda hasta finales de este año, “aunque el efecto en el mercado es cada vez menor”, y posiblemente mantendrá los tipos en los actuales niveles hasta 2016. “La Fed mantendrá el ritmo de compras este año aunque empezará a rebajarlo el próximo y no subirá tipos hasta mediados de 2016, cuando vea la inflación en los niveles del 2,5% y del desempleo en el 6%”, comenta Huw Pill, economista europeo del banco. El experto dibuja un escenario de inflación “benigna” con excepciones puntuales en Asia y recuperación económica para el año próximo en EE. UU. (con crecimientos del 3%) y China (del 8,4%), aunque más cauta para la eurozona, que este año caerá el 0,2% y el próximo crecerá el 0,8%.

España caerá el 1,7% en 2013 y el 0,2% en 2014. “Los ajustes son necesarios para estabilizar las economías pero el desapalancamiento privado y el ajuste público dañarán la demanda”, advierte. De hecho, cree que el impacto de las medidas de austeridad y las dislocaciones de mercado (que exigen una financiación más cara a la periferia) tendrán impacto. “A pesar de los beneficios del programa del BCE, España e Italia aún están mal vistas, y afrontan grandes tasas de desempleo y recesión. Mientras, Francia es tratada más como Alemania, los mercados no le obligan a hacer ajustes”, dice. Pero cree que finalmente premiarán a los que están tomando medidas y penalizarán a los que no reaccionan, como el país galo.

Preferencia por renta variable

En renta fija, además de su rechazo a la deuda pública de calidad, piensan que la revalorización puede ser modesta en crédito. En un horizonte de tres meses, sobreponderan las materias primas aunque creen que el precio del barril de crudo se estabilizará por debajo de 100 dólares más adelante, lo que les hace ser neutrales de aquí a un año. En ese periodo de 12 meses, son más optimistas con la renta variable, su activo favorito en el periodo, que sobreponderan porque confían en un rebote del crecimiento económico, la aceleración de los beneficios empresariales y la caída de la prima de riesgo en el activo.

Christian Mueller-Glissman, estratega europeo de renta variable, cree que este año el catalizador de las bolsas no será su infravaloración (catalizador a lo largo de 2012), sino el crecimiento de los beneficios empresariales. “Las firmas utilizarán la liquidez de forma más proactiva y los beneficios podrían crecer entre un 9% este año y un 12% en 2014. Los márgenes mejorarán”, dice. En este contexto, la prima de riesgo del activo se relajará, dando paso a mercados menos volátiles y donde será más fácil la selección de valores. Y el rebote de las rentabilidades de los bonos públicos, lento y moderado, no dañarán el activo. “La normalización del mercado de renta fija es sintomático de que algo se está moviendo y el inversor busca más retorno en bolsa”, afirma.

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