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Gestionando, tarde de toros


TRIBUNA de Fernando Moreno Villares, gestor de Patrimonios de Gesconsult. Comentario patrocinado por Gesconsult

Cuando se acercan estos días y Madrid huele ya a San Isidro, uno se da cuenta de la cantidad de semejanzas que tiene el toreo con la gestión de fondos de inversión, el torero se juega su vida cada tarde para crear arte, el gestor se juega su reputación, siempre buscando rentabilidad para los partícipes.

Para aquellas personas que desconocen ambos mundos, quiero invitarles a que me acompañen .Espero que disfruten de este viaje como llevo disfrutando desde niño y desde mis inicios profesionales. Mundos apasionantes.

Imagínense un día cualquiera de Feria, donde el cartel lo componen las figuras más importantes del escalafón taurino, que les tocara lidiar los toros de la  ganadería más importante que pasta en el campo bravo.

Imagínense un día cualquiera de mercado, cuando suena el despertador y el gestor de fondos, comienza un nuevo día.

Ambos el torero y el gestor, seguramente lo primero que hagan será levantar la persiana de su hotel y de su casa y ver qué tiempo hace. El torero con sus miedos de jugarse todo en la primera plaza del mundo, querrá una tarde soleada y sin aire, así podrá mover sus trastos acompañando la embestida del toro, suavemente, haciendo disfrutar al respetable. El gestor querrá un día sin nubarrones, sin noticias inesperadas que haga que su selección de valores sufra correcciones serias y sobre todo querrá que tampoco sople aire en contra de las decisiones tomadas con sus equipos de análisis. Primera semejanza.

Uno de los momentos más importantes del viaje que estamos realizando, se produce a las 12 en punto de la mañana en los corrales de Las Ventas del Espíritu Santo, a esta hora se deciden qué toros tocan en suerte a cada uno de los matadores que por la tarde tendrán que lidiarlos. Si nunca han estado en el "apartado” les diré que es uno de los momentos más importantes donde el azar juega su parte, en el ritual taurino, en forma de bolitas y dentro de dos sombreros de ala ancha. Anteriormente los veterinarios han hecho su trabajo seleccionando qué toros son aptos para una plaza de la categoría de Madrid.

A distinta hora y siguiendo el ritual de selección de valores, el gestor junto con su equipo de análisis, van pasando los filtros de su modelo, seleccionando las compañías que formaran parte del patrimonio del fondo, estos filtros irán descartando posibilidades, hasta quedar el número de compañías que estimen oportunas.

Por lo tanto, vemos la segunda semejanza de ambos mundos. Los toros ya están seleccionados para cada matador y las compañías también han sido seleccionadas para el fondo.

El torero comerá pronto y poco, descansará, si los nervios le dejan y unas horas antes de empezar la corrida empezará con el ritual de vestirse de luces, ritual en el que  normalmente solo estará acompañado de su mozo de espadas. Todo en la habitación estará colocado como mandan los cánones, la superstición juega un papel importante en las formas de colocar la montera, chaquetilla, corbatín, etc. Sus capillas tendrán un lugar privilegiado en la habitación, donde pedirán protección a todos los Santos que viajan con ellos, tarde tras tarde.

A las 19:00 en punto  de la tarde, clarines y timbales anunciaran que ha llegado la hora de la verdad.

A las 9:00 en punto de la mañana, la bolsa anunciara que también ha llegado la hora de cotizar.

Ambos , torero y gestor, saben que ya está todo decidido y no queda más que empezar el paseíllo, sus miedos, incertidumbres, decisiones ya solo forman parte del pasado, ahora toca lo más difícil, enfrentarse a la incertidumbre de un animal , el toro, que nadie sabe lo que lleva dentro y de un mercado que tampoco sabemos que nos va a deparar en el día, ya que la técnica, el torero la lleva aprendida y el gestor la teoría se la sabe al dedillo, solo falta que toro y mercado embistan. Tercera semejanza.

Cuando al toro se le hacen todas las suertes bien, desde pararle, mandarle y templarle, el animal saca lo mejor que lleva dentro, nobleza, empuje, repetición, el torero empieza a esculpir su obra de arte. Lo mismo ocurre cuando el gestor, una vez analizada la compañía, revisado sus balances, habiendo hecho un examen exhaustivo de su equipo de dirección, previsiones de venta, resultados antes y después de impuestos, empezará igualmente a esculpir su obra obteniendo rentabilidad para su fondo. Cuarta semejanza.

Durante la  lidia del toro y cuando hay plena comunión entre toro y torero, aparece la magia del Arte de Cuchares, esa magia que muy pocos elegidos son capaces de transmitir y realizar, magia en la que ambos guerreros, fundiéndose, convierten en arte, la vida y la muerte, haciendo fluir una magia que solo durara un instante, pero que será eterna en la memoria de los aficionados.

Cuando el gestor ha realizado una selección de valores exhaustiva, teniendo en cuenta datos macroeconómicos, ajustando al momento del ciclo cada pieza del puzle por sectores y zonas geográficas, fluye la magia entre el gestor y el mercado, traduciéndose en rentabilidad para su fondo y por ende para el inversor que arriesga sus ahorros. Quinta semejanza.

Siguiendo con nuestro viaje, como todo lector seguro que ya conoce, después de una tarde de éxitos llegan los reconocimientos para toro y torero a través  de trofeos, indultos  y Puertas Grandes, ocupando los primeros puestos del escalafón. Lo mismo le ocurre al gestor y a su fondo, cuando este es el mejor de su categoría, por rentabilidad, regularidad y consistencia, llegan los reconocimientos en forma de premios y estrellas Morningstar, reconocimiento que le otorga el mercado y al gestor sus compañeros  de la industria. Sexta semejanza.

Qué importancia tiene en ambos casos los espectadores y los inversores, ellos se encargaran de evaluar lo que están viendo tanto en el ruedo como en el devenir de sus inversiones. Y sus opiniones son tomadas muy en cuenta. Séptima semejanza

No quiero terminar nuestro viaje, querido lector, sin darle la importancia que tiene en ambos mundos, al riesgo. Pensando que en el mundo del toro, el riesgo se llama toro. El torero tendrá que gestionarlo, burlando su miedo, las incertidumbres de sus embestidas, su forma de galopar, intentando en todo momento sacar la nobleza y bondad  que lleva dentro el animal a través de su técnica y sobre todo utilizando sus herramientas que no son más que un capote y una muleta. El gestor tendrá que gestionar el riesgo, llamado volatilidad, ajustándose a las ineficiencias  del mercado, estando pendiente de las noticias que se producen a los dos lados del Atlántico, a la guerra comercial, al Brexit, etc., buscando las oportunidades que brinda el “rio revuelto”, intentando encontrar compañías con valoraciones interesantes para obtener rentabilidades futuras, siempre utilizando las herramientas más eficaces que son sus analistas. Octava semejanza.

Y aquí termina nuestro viaje por dos mundos paralelos, llenos de similitudes y contrastes. Mundos tan difíciles, siendo por este motivo, mundos únicos. Dónde todos los días hay que convivir con los riesgos y saberlos gestionar, para salir triunfadores.

Solo me queda mostrar mi mayor respeto a los protagonistas de esta historia, toreros y gestores y un único deseo para ambos… “valor, suerte y al toro”.

 

 

 

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