Fusiones y adquisiciones: abundancia de oportunidades para el inversor experimentado


A ambos lados del Atlántico vuelven a florecer las operaciones de fusión y adquisición (“M&A”). Sólo en Europa, el volumen de estas transacciones en el primer trimestre de 2011 fue casi el doble que en el mismo periodo del año anterior. Además, las cotizaciones pagadas por los compradores han alcanzado sus niveles más altos desde 2004, lo que demuestra que los directivos de las empresas no dudan en mostrarse generosos si están convencidos del interés estratégico de una operación. ¿Cómo exponerse a esta recuperación?

Para los inversores, el tema de las fusiones y adquisiciones por lo general se plantea como la compra de acciones de empresas que podrían ser adquiridas. El rendimiento de tal operación proviene esencialmente de la progresión de las acciones tras el anuncio de una transacción, pues en ese caso la cotización de la acción tiende a converger con el precio de adquisición que ha ofrecido el comprador.

Si bien la estrategia es sencilla, identificar los objetivos de operaciones de “M&A”  con antelación (ex ante) lo es mucho menos. Ni siquiera una buena selección de valores es garantía de obtención inmediata de rentabilidad: hasta que cristaliza el interés especulativo de los títulos puede pasar un cierto tiempo y es posible que nunca lo haga. Además, la cotización de ciertas acciones ya incluye una prima especulativa elevada que limita en la misma medida su potencial de alza. Finalmente, el soporte especulativo pudiera no ser de gran ayuda frente a una bajada del título ligada a sus fundamentos. Por tanto, sólo un conocimiento profundo de un sector y de una empresa, que no se limite a un análisis estrictamente cuantitativo de los objetivos potenciales, podrá hacer válida dicha estrategia.

También con el enfoque ex ante, los bonos convertibles permitirán exponerse a los efectos de fusiones y adquisiciones limitando los riesgos de caída inherentes a dicha estrategia. El primer atractivo de los bonos convertibles es su perfil convexo, que aúna participación en el alza de la acción correspondiente con el suelo protector que proporciona el bono. Se realice o no la operación, el titular seguirá recibiendo sus intereses y será reembolsado a la par al vencimiento del bono.

Los bonos convertibles también pueden ofrecer una ventaja significativa respecto a las acciones. La cláusula de «ratchet» estipula que en caso de cambio de control de la entidad emisora del bono, el ratio de su conversión en acción se revisará al alza de manera sustancial. Este «detalle» fue la razón de que, tras ser adquirido Bulgari por el grupo LVMH el pasado marzo, el bono convertible del joyero italiano batiera de forma notable a la acción de la misma empresa. Mientras que la acción obtuvo una rentabilidad del 59% en los días siguientes al anuncio de la operación, su bono convertible que vence en 2014 (con un perfil mucho más defensivo pero dotada de la cláusula de «rachtet») logró el 71%.

También es posible exponerse al valor bursátil creado por una operación de fusión y adquisición tras el anuncio de la operación gracias a la estrategia denominada «arbitraje de M&A». Al tomar posiciones compradoras en un título ya identificado como objetivo de una operación, el inversor se beneficia del potencial de reducción del intervalo existente entre la cotización alcanzada tras el anuncio y el precio de adquisición que propone el comprador cuando venza la oferta. Son numerosas las ventajas de esta estrategia: rentabilidad relativamente estable, escasa volatilidad y, sobre todo, una correlación con los mercados cercana a cero puesto que la prima, fijada de antemano, no es sensible a la evolución del mercado. Si se diversifica lo suficiente, una cartera con estas características es además una candidata ideal al apalancamiento.

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