Fondos de inversión: tax alpha


El propósito principal de los mercados de capitales es proveer recursos financieros a las empresas y transferir el riesgo a los inversores. Ello nos concede enormes oportunidades para incrementar nuestro patrimonio y mejorar nuestro nivel de vida. No obstante, el entorno de los mercados de capitales es duro: costes de transacción y administración, comisiones de gestión e impuestos que merman nuestros retornos.

En este sentido, y centrándonos en el coste fiscal, es curioso que los impuestos no suelen ser una de las variables principales en nuestra toma de decisiones. ¿Por qué? Creo que hay dos razones. Por un lado, la literatura financiera no presta especial atención a la fiscalidad, debido a la diferente legislación entre países y debido a que los inversores institucionales dominan las estrategias de inversión, y éstos en ocasiones tienen una fiscalidad distinta a los particulares. Por otro, la psicología del inversor tiende a fijarse en los retornos nominales antes de inflación y antes de impuestos, en vez de los que conservamos. Es un error.

Los retornos netos de impuestos son los únicos que podemos gastar o reinvertir. Diversos estudios han mostrado que, de media, e incluso con inversiones fiscalmente eficientes, la diferencia en el retorno antes y después de impuestos puede ser entre un 2% y un 3% anual. Y es un coste que coyunturalmente ha crecido, debido al incremento de la presión fiscal de diversos países con objeto de reducir los déficits públicos. Es una enorme carga en el performance, en ocasiones superior a la comisión de gestión e inflación.

Por ello, los asesores financieros debemos considerar todos los aspectos financieros y fiscales que afectan al cliente y optimizar el coste fiscal. La toma de decisiones encaminadas a minimizar la carga fiscal de una cartera genera un valor añadido, y este se denomina “tax-alpha” (alpha fiscal). Además, este “tax-alpha” está casi garantizado de antemano y es fácil de conseguir, al contrario que el tradicional alpha de inversión (exceso de retorno sobre un índice de referencia).

Para ello, es necesario conocer la legislación fiscal, la cual ha experimentado variación a partir del inicio del presente año, perdiendo la independencia del transcurso del tiempo que caracterizaba la fiscalidad de las rentas del ahorro y penalizando a las ganancias patrimoniales generadas en menos de un año. Ello condicionará el comportamiento de las operaciones a corto plazo, ya que dependiendo de la magnitud de la plusvalía el “trading” de corto plazo será en ocasiones difícil de justificar desde una perspectiva post-fiscal. Así, las ventajas de los fondos de inversión y debido a su carácter habitual de inversión estructural de largo plazo, ganan enteros interesando incrementar el horizonte temporal de la inversión y así el valor del diferimiento. Una de las técnicas utilizadas para incrementar la eficiencia fiscal es el diferimiento de la realización de plusvalías, ya que sólo tributamos cuando vendemos la inversión. Es equivalente a recibir un préstamo a tipo 0% por parte del Estado.

No obstante, la atención al “tax-alpha” no significa que la búsqueda del alpha tradicional se abandone. Es necesario un equilibrio entre la eficiencia fiscal de las inversiones (generalmente mayor en gestión pasiva y con poco rebalanceo de cartera) y la gestión activa, lo que en ocasiones necesita movimientos tácticos de nuestra cartera. Diversos estudios han sugerido que una estrategia adecuada es la denominada “core-satellite”, o una cartera estructural o “core” de gestión pasiva y con poca rotación y realización de plusvalías y unas inversiones puntuales “satellite” donde veamos oportunidades coyunturales y focalizadas únicamente en generar retorno extraordinario. Además, existe la posibilidad de compensación fiscal entre ganancias y pérdidas entre ambas.

Por tanto, el entorno económico y regulatorio es cambiante y debemos estar atentos a cómo afectan los impuestos a nuestra cartera financiera. La no consideración del aspecto fiscal nos puede costar muy caro, sobre todo en el largo plazo y afectar muy negativamente a nuestro capital financiero. No obstante, la fiscalidad no debe dominar nuestra toma de decisiones, pero es importante su consideración para la adecuación de nuestras inversiones a nuestras necesidades. Una planificación financiera debe ser completa, y la variable fiscal debe ser considerada en la construcción de la cartera, en la gestión y durante la disposición de activos de la misma.

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