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Fondo de Recuperación europeo: primeras reacciones de las gestoras internacionales


La Unión Europea da al fin un primer paso unido para paliar las consecuencias económicas de la expansión del COVID-19. La Comisión Europea presentó este miércoles una propuesta para crear un fondo de recuperación europeo, el Next Generation EU. Por primera vez desde que estallara la crisis, Europa pone sobre la mesa cifras relevantes: 750.000 millones en ayudas que se dividirán en préstamos y subvenciones para los países y sectores más afectados. Más allá de la cifra, importa el mensaje. En palabras del equipo de M&G, tan importante como el plan de gasto fiscal es el sentimiento de compartir la carga para ayudar a Europa a contender el riesgo de ruptura.

Esto se sumaría a los 540.000 millones de medidas de emergencia ya aprobado y una ampliación del presupuesto de la UE de 1,1 billón de euros, lo que eleva el total del estímulo de recuperación a 2,4 billones. Las gestoras internacionales coinciden: es un hito histórico dirigido a prevenir la creciente brecha económica entre norte y sur. “El paquete está estructurado en 500.000 millones en ayudas para mantener felices a los fuertemente impactados países del sur mientras que los 250 restantes se emitirán como préstamos para mantener de su lado a las naciones del norte”, interpreta Natalie Westerbarkey, responsable de políticas públicas de la UE de Fidelity.

“Supone un paso gigante en la correcta dirección. Si se aprueba, podemos estar ante un elemento que cambia las reglas de juego”, valora Luca Paolini, estratega jefe de Pictet AM. Para el inversor supondrá un apoyo para los mercados periféricos. Según Owen Murfin, gestor de MFS IM, traerá un aumento en emisiones europeas de alta calidad, que probablemente se reciban bien entre los inversores y serían elegibles por los programas de compra del BCE (el PSPP y el PEPP).

Ayudar ya no es una palabra tabú

Las transferencias entre países ya no son tabú”, sentencia Axel Botte, estratega de Ostrum AM (filial de Natixis IM). “Es un gran paso adelante para hacer frente a la creciente divergencia en los resultados económicos de los Estados miembros”, valora el experto. Botte desgrana las cifras clave: la Comisión emitirá bonos con diferentes vencimientos con el fin de minimizar el coste de la financiación. Un total de 500.000 millones de euros financiarán subvenciones y reforzarán otros programas clave. Los 250.000 millones de euros restantes podrán utilizarse en forma de préstamos a los Estados miembros. Los fondos se reembolsarán a partir de 2027 y a más tardar en 2058 utilizando los futuros recursos presupuestarios de la UE (posible impuesto a nivel europeo o aumento de la contribución de los Estados miembros). “En general, el mecanismo evitará que los presupuestos nacionales de la mayoría de los países afectados se vean sometidos a presiones. Supone una mutualización parcial de la deuda y fomenta la integración financiera europea”, analiza el experto. 

La gran incógnita ahora es lo rápido que se apruebe el plan y lo pronto que se pueda comenzar a usar el dinero. Aún hay obstáculos, como recuerdan gestores como Oliver Blackbourn, de Janus Henderson Investors, ya que todos los miembros de la UE tienen derecho a veto. Sin embargo, dado que los dos mayores pilares, Alemania y Francia, ya respaldan un paquete similar, para Blackbourn es más una pregunta de cuándo más que de si se aprobará o no.

Así parece que cotiza en los mercados en esta primera jornada de reacciones. La banca más sensible al riesgo se ha comportado bien y los diferenciales de la deuda de países periféricos se han estrechado frente al bund alemán en una clara señal de mayor demanda por activos de riesgo. “El reciente apoyo de Alemania, cuya influencia diplomática podría influir en estos países más reacios, explica el actual optimismo de los mercados”, explica François Raynaud, de Edmond de Rothschild AM

No obstante, expertos como Andreas Billmeier, analista de deuda pública de Western Asset, filial de Legg Mason, recuerdan que la propuesta se tiene que aprobar por unanimidad. “A pesar de que se trata de un paso positivo para establecer un nuevo fondo de recuperación, ahora se desencadenará la polémica sobre el tamaño y la naturaleza del apoyo financiero de la UE a los países periféricos más afectados”, opina también Reto Cueni, economista senior de Vontobel AM. Las gestoras, de hecho, no descartan que el plan que se apruebe finalmente sea una versión más descafeinada. Sebastien Galy, responsable de estrategia macroeconómica en Nordea AM, ve probable que esos 750.000 millones se rebajen a 500 para satisfacer a la resistencia y ve mayor presión para países como Italia para que implementen reformas a lo largo del próximo año.

La noticia sin duda ha dado un alivio momentáneo, pero no resuelve todos los problemas de Europa. Como recuerda Didier Saint-Georges, miembro del Comité de Inversiones de Carmignac, la ayuda se repartirá a lo largo de cuatro años y a partir de 2021. “No debemos confundir este fondo de recuperación con el apoyo que hace falta en el corto plazo para atravesar el actual colapso económico de varios estados miembros”, insiste. Para esto los países individuales siguen solos y dependen mucho del apoyo del Banco Central Europeo. Azad Zangana, estratega y economista senior europeo de Schroders, coincide: “El dinero no puede utilizarse simplemente para financiar el déficit de las finanzas públicas este año, por lo que los inversores seguirán preocupados por los importes cedidos en préstamo a los países”.“No olvidemos que la debilidad de los estados más frágiles no es una falta de disciplina fiscal sino la falta de crecimiento. La prioridad debe ser permitirles gastar para crecer”, sentencia Saint-Georges.

Un titular que también deja el plan es que la recuperación que busca Europa será verde. Como destaca Scott Freedman, gestor de BNY Mellon, la propuesta contempla la movilidad sostenible, la renovación de edificios, una mayor adopción de las energías renovables y el hidrógeno, y el fomento de la economía circular. El gestor prevé que surjan ganadores (las beneficiadas por los proyectos vinculados al plan de recuperación) y perdedores (empresas de sectores no incluidos en el plan o de otros que podrían recibir menos subvenciones porque ahora esos fondos se usarán para financiar otras actividades). “Es probable que estos proyectos impulsen aún más las emisiones de bonos verdes y sostenibles (tanto por parte de empresas como de países), lo que aumentará el tamaño y la diversificación de este mercado”, afirma.

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