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Flying low cost


El otro día me encontré a un amigo que al preguntarle por sus vacaciones me dijo que iría allí donde EasyJet le llevara. “Prefiero viajar a bajo coste y que el destino me lleve donde toque”. En otras palabras, los billetes son tan baratos que para él lo importante es viajar. Lejos quedan los veranos en su amado San Sebastián o la visita anual a los primos de Valencia; quien marca su agenda es Mr. EasyJet. Esto debe hacernos pensar, puesto que con la gestión pasiva está ocurriendo algo parecido, que da igual donde nos lleve porque para nosotros lo importante es el coste del billete. La gente se centra en el coste visible sin reparar que EasyJet te deja en un aeropuerto perdido de Leeds cuando en el fondo queríais ir a Manchester, que quien invierte en índices lo hace sin reparar en las imperfecciones de esos índices y muchas otras cosas que no tienen sentido. El contrargumento fácil no deja de ser una falacia: “!Qué más da si al final EasyJet o Iberia vuelan de Barcelona a Londres!”. En este caso la respuesta es igual de tramposa, “¿Cómo es una experiencia y la otra?”. Bueno, por desgracia, las diferencias a veces no existen y está aquí el mayor de los problemas. Con una low cost puedo acabar en Leeds cuando necesito realmente ir a Manchester, y con una línea regular puedo acabar teniendo las mismas malas y deprimentes sensaciones que en una low cost. Lo que no podemos es equiparar las dos cosas, puesto que deberían ser distintas y debería haber siempre diferencias entre ambas. El ir por ir a un sitio al que no quieres realmente ir es una tontería, pero tiene igual de poco sentido querer ir a un sitio y que el servicio sea el mismo y el coste totalmente diferente. 

Mi amigo debería ir a donde le diera la gana y debería pagar más si realmente obtiene un mejor servicio. Los proveedores, por baratos que sean, no deberían guiar nuestro destino.