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Filosofía budista para seleccionar a gestores


A los selectores de fondos con frecuencia se les pregunta qué miran a la hora de elegir a un gestor. Hay casas que te hablan de su potente programa cuantitativo, que nadie tiene y ademas es capaz de distinguir entre el gestor que aporta alfa y el que es sólo beta, entre el que aporta demasiada volatilidad a la cartera y el que te descorrelaciona, indicándote cual es el mejor gestor dentro de su peer group y aquel que está haciendo lo contrario de lo que dice… Otras casas te cuentan que, por el volumen que gestionan o porque su fundador está muy bien relacionado, tienen acceso a un análisis cualitativo al que nadie llega. Consiguen gurús inalcanzables, información de las carteras que sólo les dan a ellos, y hasta detalles de sus vidas personales imprescindibles para saber cuándo comprar o vender un gestor.

Pero, ¿qué podemos hacer el resto de inversores para analizar a un gestor si no tenemos esa maravillosa herramienta informática, no gestionamos 40.000 millones y sólo salimos a cenar con nuestros amigos de toda la vida, vecinos o padres del colegio de nuestros hijos?

Según Buda son tres los aspectos que hay que destacar de la persona humana: conducta ética, disciplina mental y sabiduría. Probemos a aplicar estos principios a los gestores, que al fin y al cabo también son personas.

- Conducta ética: Busquemos a un gestor honrado, que invierta y viva de manera honrada, que tenga la mayor parte de su patrimonio – si no todo- invertido en su fondo, que sepa guardar la confidencialidad, que tenga una política de comisiones justa y transparente, que sea intelectualmente integro: que haga lo que dice ser, y que trabaje en una gestora edificada bajo principios de honradez donde el objetivo sea las rentabilidades y el cliente y no crecer en volumen.

- Disciplina mental: Busquemos gestores que se mantenga fieles a sus principios, que su manera de pensar y de invertir vayan en la misma dirección. ¡Qué difícil es encontrar gestores que mantenga sus convicciones cuando cambia el viento! Cuánto gestor value con la cartera llena de TMT a finales de los 90; cuánto stock picker metido a macroeconomista en el 2009: cuántos inversores largo placistas vendiendo la cartera tras la caída de Lehman… El peor enemigo de la disciplina mental es el ego del gestor. Los que han tenido mucho éxito son más vulnerables a las dolencias del ego. Queremos gestores con convicción, pero que su ego no le impida estar en constante reflexión sobre si están en lo cierto, que sepan abrirse a los pensamientos que le dan claridad y huyan de los pensamientos que sólo buscan su justificación, reconocimiento y reafirmación.

- Sabiduría: No es sabio el gestor que acumula conocimientos intelectuales que se adquieren en las grandes Universidades sino el que tiene el conocimiento de la experiencia de los mercados. Buscamos gestores con largos track record. Que sepan lo importante que es no perder dinero porque haya sobrevivido a esa experiencia. Invertir es un arte, los gestores para practicarlo tienen que conocer el mundo donde nos movemos y entender al ser humano. Pero cuidado, no buscamos gurus, buscamos inversores.

A los principios de Buda le añadimos unos toques de la casa: una pizca de mal marketing basado en la creencia del gestor que si eres bueno en lo que haces el dinero te encuentra y no tienes que ir a buscarlo, y mucha, mucha pasión por lo que hacen. No queremos gestores que con los años dediquen su sabiduría, su disciplina mental y su honradez a escribir en el FT, dar conferencias, jugar al golf o cuidar a sus nietos. Buscamos gestores inquietos y llenos de entusiasmo que no conciban retirarse antes de los 80 porque lo que más le gusta en esta vida y mejor hacen es invertir.

Está claro que encontrar esta mezcla no es fácil, pero vale la pena intentarlo. Desde aquí, con mi nuevo blog que ahora nace, iré hablando de aquellos gestores que, considero, saben combinar los tres principios de Buda más los toques de la casa.

¡Hasta la próxima!

PD: El mejor amigo de la disciplina mental es la PACIENCIA y el peor enemigo el ego del gestor.

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