Fidelity: posibles desencadenantes de la corrección bursátil que se está gestando


Siempre que se acerca el verano al calendario, empieza la zozobra: teniendo en cuenta lo movidos que han sido los últimos veranos para los mercados, los inversores cada vez tienen más en cuenta el viejo aforismo “vende en mayo y sal corriendo”. Jeff Hochman, director de análisis técnico de Fidelity Worldwide Investment, considera que, aunque este verano no se verá tanta incertidumbre como en anteriores ocasiones, sí “se están acumulando suficientes señales de debilidad interna como para sugerir que habrá una corrección durante los próximos meses”. El experto se apoya en el comportamiento del índice compuesto del ciclo, que sugiere una fase de debilidad ahora, seguida de una tendencia alcista continuada después. “Sería, pues, una desaceleración cíclica antes que estructural, seguida de un lento movimiento al alza”, resume.

Sin embargo, el experto entiende que ni el mercado ni los indicadores técnicos están descontando esta posibilidad. “La buena noticia es que dicha desaceleración inminente probablemente sea temporal, los mercados deberían al menos recuperar el terreno perdido y tal vez cerrar el año en niveles superiores”, añade. Estos pronósticos le llevan a afirmar que “una corrección provocada por una desaceleración cíclica sería una buena oportunidad de compra”, un mensaje que Fidelity lleva unos meses repitiendo a sus clientes.

¿Qué factores pueden causar dicha corrección?

Hochman indaga en las posibles explicaciones para una corrección. La primera, que el crecimiento de los beneficios por acción (BPA) sigue sin cumplir las expectativas creadas por la revisión al alza de las valoraciones en los mercados durante los últimos dos años. Al contrario, se están produciendo infinidad de revisiones a la baja de los beneficios, “lo que sugiere que el crecimiento podría no ser tan sólido como se preveía o que simplemente es demasiado pronto”. Lo que sí puede constatar es que las valoraciones históricas basadas en los PER históricos son ligeramente altas, mientras que los PER previstos han regresado a sus medias a largo plazo.

“Uno de los riesgos principales de las acciones durante el próximo año es que registren un comportamiento plano o desciendan porque no se alcancen las previsiones de crecimiento del BPA de dos dígitos que apunta el consenso de los analistas. Ahora que las acciones han visto revisadas al alza sus valoraciones y que los PER más altos oscilan entre razonables y caros, las posibles expansiones de los múltiplos serán mínimas”, advierte el director de análisis técnico de la entidad. Esto le lleva a advertir que “la percepción táctica vuelva a ser alcista, pero la visión a largo plazo no se acerca en absoluto a los máximos anteriores”.

La segunda explicación viene de la mano de la volatilidad, o más bien la ausencia de ésta dados los bajos niveles actuales, comparables con los que se registraron en 2007. La historia indica que se han registrado periodos de baja volatilidad con una duración media entre cinco y siete años. “Dado que llevamos unos 18 meses en el periodo actual de volatilidad baja, podríamos tener un periodo aún más prolongado de volatilidad baja en los mercados, al menos durante los próximos años”, observa Hochman. Éste puntualiza que el VIX, actualmente por debajo de 12 puntos, se mueve en la parte más baja de su horquilla, aunque su sesgo indica que se mantendrá dentro de la tendencia general a la baja.

El tercer factor es la menor amplitud de mercado. El experto de Fidelity recuerda que, “aunque el sentimiento de mercado ayuda a definir un mercado alcista, la definición real de un mercado alcista es cuando el número de acciones que se revalorizan es superior al número de acciones que se deprecian”. La relación avances-descensos está alcanzando nuevos máximos históricos en EE.UU., Europa, Reino Unido y Japón. “Pero esta noticia, que es positiva, está enmascarando un cierto deterioro de la amplitud que los inversores deberían vigilar”, advierte. Así, por ejemplo, el S&P 500 sigue al alza, pero muestra mayores divergencias de amplitud, que no preceden necesariamente a un pico en el mercado, pero tras un periodo prolongado de ganancias la divergencia de amplitud puede ser una herramienta útil para reforzar la convicción en un cambio de tendencia.

El último punto sobre el que Jeff Hochman llama la atención es sobre el conjunto de pequeñas capitalizadas estadounidenses. Considera que, aunque no se trate de una correlación inevitable, “el deterioro en la evolución de las acciones de pequeña capitalización puede ser un precursor de un mal comportamiento del conjunto del mercado, como ocurrió en 2011”, lo que le plantea la pregunta de si podría repetirse un mercado tan desastroso como el de aquel año. En este punto, el director de análisis técnico plantea la siguiente situación: el Dax alemán ha registrado de forma constante un buen comportamiento frente el resto de mercados europeos desde la recesión de 2009. Sin embargo, durante los últimos 18 meses los países de la periferia europea, sobre todo Italia y España, se han situado a la cabeza de la región, registrando fuertes entradas de capitales “que les dejan expuestos a recogidas de beneficios a corto plazo, dado que estos mercados descuentan ya gran parte de las noticias y la fortaleza a corto podría reducirse”.

También está el comportamiento de la renta fija. Como observa el experto, “los tipos largos han estado cayendo y no subiendo, como el consenso había vaticinado”. “La falta de vencimientos superiores a 10 años ha creado un gran desequilibrio entre oferta y demanda que, a su vez, ha provocado una contracción de casi 20 puntos básicos en los títulos del Tesoro de EE.UU. a 10 años desde enero. Si los títulos del Tesoro de EE.UU. a 10 años caen por debajo del 2,5%, se correría el riesgo de otro descenso de entre 25 y 50 puntos básicos”, vaticina.

Tendencias en las que fijarse

¿Qué estrategias pueden adoptar los inversores en este contexto? Una de las recomendaciones de Hochman es centrarse en la generación de rentas, como una estrategia de diversificación. “Aunque se espera que los tipos de interés a largo plazo suban gradualmente durante los próximos dos años a medida que la economía vaya mejorando, el ritmo de subida probablemente no sea tan rápido como muchos esperan”, explica. Dado este escenario, opina que “este año sería deseable un enfoque más diversificado de la asignación de activos y, para ello, se podrían sumar estrategias orientadas al crecimiento de los dividendos y a la rentabilidad por dividendo a las posiciones que buscan la revalorización del capital”.

El representante de Fidelity enfatiza esta idea: “Invertir en acciones que pagan dividendos es un elemento esencial de una cartera de renta variable; los dividendos dan un empuje defensivo a las rentabilidades totales que va aumentando a lo largo del tiempo”, concluye.

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