Fabrice Jacob: “La especulación que están viviendo las bolsas chinas no está justificada por los fundamentales”


A Fabrice Jacob le gusta Madrid y la ciudad se ha convertido en un destino habitual de sus road shows por Europa. Durante su última visita, el gestor del LFP JKC China Value y del LFP JKC Asia Value –dos de los fondos de su empresa, JK Capital Management, la filial de La Française AM especializada en Asia– se reunió con Funds People para comentar la situación del mercado chino ante la oleada de cambios que vive el país desde la llegada al poder del presidente Xi Jinping, quien, en palabras de Jacob, “no quiere decepcionar con las reformas”.

“Las autoridades chinas están conduciendo la política monetaria como un coche de Fórmula 1: acelerador, freno, acelerador, freno”, explica Jacob. Por un lado, “el Gobierno ha conseguido frenar el crecimiento del crédito –sobre todo de la denominada banca en la sombra– que ha pasado del 33% en 2013 al 15% en 2014, y el objetivo es que se acerque a la tasa de crecimiento del PIB ajustado por la inflación”. Por otro, el Banco Popular de China ha realizado en las últimas semanas diversas inyecciones de liquidez para estimular el consumo.

Como señala el experto, además de los 500.000 millones de renminbi que inyectó en los cinco principales bancos estatales justo antes de la Semana Dorada (una importante semana festiva en China), el banco central le ha prestado un billón de renminbi al banco de desarrollo chino para que ponga en marcha un programa de préstamos condicionados –similar al TLTRO del BCE– que solo podrá emplearse en proyectos de renovación de viviendas o vecindarios o en la construcción de vivienda social y que Jacob considera un auténtico QE chino.

El sector inmobiliario también está recibiendo una de cal y otra de arena: mientras que el crédito a promotores se ha frenado en seco, provocando algunas quiebras y cierta consolidación del sector –además de un incremento de la emisión de bonos perpetuos por parte de estas empresas–, el gobierno ha decidido estimular la demanda mediante la relajación de los criterios para la compra de vivienda y la concesión de hipotecas en la mayoría de las principales ciudades de China.

Estas medidas, junto con el objetivo de cambiar el modelo productivo del país, están provocando una inevitable desaceleración económica que, no obstante, va en la línea del objetivo del Gobierno a largo plazo. En este sentido, Jacob cree que “el gobierno chino permitirá la desaceleración hasta el punto que no le cause problemas sociales”. Entre las medidas de estímulo que podría poner en marcha, el gestor ve probable una reducción del coeficiente de caja de los bancos o, incluso, una rebaja de los tipos de interés.

El Shanghai-Hong Kong Stock Connect abre oportunidades

Sin embargo, la debilidad del crecimiento chino ha quedado eclipsada, hasta cierto punto, por la puesta en marcha del Shanghai-Hong Kong Stock Connect, inicialmente prevista para mediados de octubre. “Por primera vez, los inversores extranjeros podrán comprar valores que cotizan en la bolsa de Shanghái a través de la plataforma de negociación de Hong Kong y los inversores chinos podrán comprar valores cotizados en la bolsa de Hong Kong desde Shanghái, sin tener que recurrir a las cuotas (QFII/QDII)”.

Como apunta Jacob, la incertidumbre sobre el funcionamiento y los límites de este programa piloto ha dado pie en los últimos meses a un alto grado de especulación que ha empujado al alza los principales índices chinos. Esta situación explica en parte el peor comportamiento relativo del LFP JKC China Value, que se ha dejado un 8,4% en el año frente al 4,8% que ha ganado el MSCI China Free, ya que “los valores en los que nos centramos –acciones de valor de pequeñas y medianas empresas que no suelen compartir índice con las grandes capitalizadas– no se han visto afectados por estos movimientos especulativos”.

La buena noticia es que la apertura del Stock Connect “ampliará significativamente el universo de inversión del fondo –se añaden 568 acciones de clase A con una capitalización de mercado de 1,7 billones de dólares– sobre todo en los sectores de salud, automoción, maquinaria, alimentación y bebidas, equipamiento para el hogar y turismo” y permitirá cierto arbitraje entre las acciones de clase H y A que coticen en ambos mercados. Jacob espera además que el programa tenga un efecto positivo sobre los estándares de gobierno corporativo de las empresas de China continental.

La reforma de las empresas públicas será lenta

Otra de las reformas que está causando mucha expectación es la de las empresas públicas (SOE, por sus siglas en inglés), que suponen más del 70% de la capitalización de mercado del MSCI China. El plan trazado por el Ejecutivo chino pretende mejorar el gobierno corporativo y la rentabilidad de estas empresas mediante la introducción de capital privado, un nuevo sistema de remuneración basado en resultados y la disolución de monopolios, entre otras medidas. Jacob, sin embargo, no cree que la especulación esté justificada: “Existen 155.000 SOE en China que emplean a 37 millones de personas y que controlan el 43% de los activos industriales, por valor de más de 100 billones de renminbi. La reforma tardará años, o incluso décadas, en completarse”.

Democracia en Hong Kong, una batalla perdida

Nacido en Francia, Fabrice Jacob lleva casi dos décadas viviendo en Hong Kong. Pese al cariz violento que han adquirido en los últimos días las protestas que vive el país desde el pasado 22 de septiembre, Jacob afirma que “los hongkoneses son gente pragmática y pacífica. La mayoría es consciente de que la posibilidad de que Hong Kong goce de total libertad democrática es una batalla perdida pero, aún así, quiere ejercer su ‘derecho al pataleo’”. El experto recuerda que, pese a la situación de ‘excepción administrativa’ que viene disfrutando desde 1984, año en el que Hong Kong dejó de ser colonia británica, la región mantiene una fuerte dependencia económica de China que haría inviable un estado propio.

Jacob contempla tres posibles desenlaces: que China cambie de opinión y permita elecciones democráticas en 2017 –“algo que no ocurrirá jamás”–, que intervenga el ejército chino –“lo cual podría resultar muy negativo pero que no es muy probable”– o que las autoridades simplemente dejen que las protestas vayan perdiendo fuelle: “La gente no puede quedarse en la calle para siempre; en algún momento volverán a casa”, concluye.

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