Explicaciones a la última caída de la renta variable estadounidense


Wall Street ha empezado la semana con aparente tranquilidad. Decimos aparente, después de la llamativa corrección vista la semana pasada, cuando el S&P 500 perdió un 1,82% en una sesión, su mayor caída en lo que va de 2017. Se trata, además, de la mayor pérdida en una sola sesión desde el 9 de septiembre de 2016, es decir, en más de ocho meses. En este tiempo, el indicador más bien ha estado cotizando en rangos, en vez de mostrar una tendencia claramente alcista. Muchos inversores han empezado a preguntarse por los motivos de esas ventas. La respuesta podría estar, una vez más, en el riesgo político.

“El mayor riesgo para la renta variable estadounidense es que Donald Trump se muestre agresivo, en línea con las promesas de su programa electoral. No obstante, pensamos que este escenario se ha borrado del mapa y que gran parte del riesgo se ha disipado. El intento frustrado de anular Obamacare ha debilitado al presidente, e irónicamente ahora el riesgo es que Trump no cumpla nada”, afirma Víctor de la Morena, gestor de Amundi, en referencia a que “el mercado ha comprado las políticas reflacionarias, y puede que haya descontado demasiados estímulos”. Para el gestor, la caída vista en Wall Street la semana pasada “es un reflejo de lo que está pasando: cuanto más débil es la posición de Trump y menor es su capacidad para aprobar reformas, el mercado reacciona con ventas”.

Dicho esto, de la Morena afirma no estar preocupado por la corrección, ya que considera que entra dentro del escenario central con el que lleva trabajando Amundi desde el comienzo de año: “Se está cumpliendo el proceso de reflación en EE.UU., con la inflación al 2%, subidas de tipos de la Fed y un mayor protagonismo de las políticas fiscales frente a las monetarias, aunque seguimos pensando que Trump no va a cumplir con todo su programa”, concluye.

Andrew Milligan, responsable de estrategia global de Standard Life Investments (SLI) comparte la postura sobre el margen de maniobra del actual presidente de EE.UU.: “En un momento en que las valoraciones de muchos mercados de renta variable se han vuelto un poco caras, no es ninguna sorpresa que haya tenido efectos una subida de la prima por riesgo político. Es probable que las varias investigaciones congresales y del FBI tomen mucho tiempo de la Administración Trump, del Partido Republicano y para el conjunto de Washington. Esto volverá bastante más difícil que las facciones políticas varias se pongan de acuerdo sobre grandes reformas, como la de Obamacare, la fiscal o en políticas comerciales”.

La expectativa de Milligan es que se produzcan algunas rebajas fiscales, pero cree que probablemente se retrasen, “lo que significa un impulso menor a la economía estadounidense y, por tanto, menos necesidad de que la Fed realice un ajuste agresivo de su política monetaria”.

Al S&P 500 le quedan 300 puntos de subida

Dominic Rossi, director de inversiones de Fidelity, muestra un punto de vista un tanto distinto. Para empezar, afirma que ha dejado de estar positivo en renta variable estadounidense después de haber apostado firmemente por esta clase de activo en los últimos años: “Antes estaba más optimista con EE.UU., ahora soy más agnóstico y no tengo una visión fuerte sobre la región”, aclara. El experto muestra asimismo su sorpresa por dos motivos: “El entorno actual sigue siendo benigno para la renta variable, aunque estoy sorprendido de que el bono estadounidense a diez años esté cotizando en torno al 2,7% y no en el 3,2% como efecto de la subida de la inflación. También me sorprende que la volatilidad está marcadamente baja a pesar del riesgo político, de hecho está cerca de niveles de mínimos históricos”.

El pronóstico del experto es que el S&P 500 alcanzará los 2.700 puntos para el final de la década, es decir, que al índice más representativo de la economía estadounidense le quedan al menos 300 puntos básicos de subida. “Esperamos unos retornos anualizados hasta entonces de entre el 6% y el 12%, incluyendo dividendos y siempre que la volatilidad se mantenga baja. Concretamente, esperamos rendimientos del 6% con los niveles actuales de volatilidad y de hasta el 12% si ésta repunta”, aclara Rossi. Por sectores, declara que “las mejores oportunidades siguen estando en tecnología y en el sector financiero”. Dentro de la tecnología destaca a los fabricantes de software por la fortaleza de sus beneficios, mientras que resalta de los valores financieros que “están muy baratos”

El director de inversiones añade una serie de matices a estas previsiones de rentabilidad. En primer lugar, explica que, después de años de expansión de múltiplos, “ahora, con un PIB cercano al 3%, los principales motores de la rentabilidad de aquí en adelante deberían ser el crecimiento de los beneficios y de los dividendos”. De hecho, calcula que el dividendo medio podría alcanzar los seis dólares por acción para el S&P 500 en 2019.

El segundo matiz vuelve a remitir al margen de maniobra de Trump para poder sacar adelante sus promesas electorales. En este caso, Rossi aporta algo de contexto histórico: “El patrón de las reformas fiscales en EE.UU. a lo largo de los ciclos presidenciales y vinculadas al comportamiento del dólar refleja que los demócratas tienden a realizar ajustes fiscales, lo que provoca que el dólar esté fuerte, mientras que los republicanos suelen incrementar el gasto público, respaldando un dólar débil. Si Trump y los republicanos consiguen avanzar en su reforma fiscal, y esta reforma se parece a la tradición republicana, esto conllevaría un deterioro significativo del balance fiscal y el final del mercado alcista para el dólar. Esto significa que cualquier revalorización futura de la renta variable quedaría descartada si el dólar se desploma”, sentencia.

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