Evolución de la industria de fondos americana en el primer año de Donald Trump


Durante el pasado fin de semana, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se vanagloriaba ante los periodistas durante un viaje en el Air Force One de que el mercado de valores estadounidense se estaba comportando bien gracias a él. “Siempre he sido muy bueno con el dinero, siempre he sido muy bueno con los trabajos, eso es lo que hago. Y lo he hecho bien, lo he hecho realmente bien, mucho mejor de lo que la gente entiende, y entienden que lo he hecho bien”, afirmaba.

Es un dato objetivo que, desde la llegada de Trump, el S&P 500 ha encadenado siete subidas mensuales consecutivas y más de 50 nuevos máximos en lo que va de año. Pero... ¿ha tenido algo que ver el nuevo presidente con los fuegos artificiales en Wall Street? Para Hartwig Kos, co-responsable de multiactivos y vice-director de inversiones de SYZ AM, no mucho. "El llamado Trump Trade quedó completamente invalidado en los primeros ocho meses del año, lo que refleja la decepción general de los inversores con la presidencia de Donald Trump hasta el momento", asevera.

Según el experto, hace un año, los inversores le aclamaron como el salvador de las pequeñas ciudades de América –con todo el mundo hablando sobre la reactivación del sector manufacturero y del empleo para los americanos. "El espíritu animal estaba aflorando y la renta variable de pequeña capitalización y los bancos subiendo. El propio Trump continuó abogando por la derogación y el reemplazamiento del Obamacare  y las rebajas fiscales, mientras le decía a los americanos que esperaran un paquete en infraestructuras de 1 billón de dólares". Pero la realidad es bien distinta. El Obamacare todavía está vigente y el debate sobre la reforma fiscal apenas ha comenzado. Tampoco se sabe qué va a hacer en materia de infraestructuras.

David Pina, analista colaborador de ActivTrades, opina justo lo contrario. Para este experto, el efecto Trump es un hecho. “Wall Street ha registrado un fuerte impulso tras su victoria electoral. Los principales índices salieron del letargo lateral en el que cotizaban desde principios de 2015 y no han parado de marcar nuevos máximos históricos. Desde que ganó las elecciones hasta los récords del pasado viernes el Dow Jones se ha revalorizado un 21,5%, el S&P 500 un 29,1% y el Nasdaq el 27,3%”, resume.

Han sido doce meses en los que han ocurrido muchas cosas en el ámbito político, económico y también en el ámbito de la industria de gestión de activos. Lejos de la inestabilidad que se creía iba a provocar el magnate republicano en los mercados, lo cierto es que ha ocurrido todo lo contrario. Calma total. Es más: la industria americana no solo no ha sufrido las consecuencias de la elección de Trump, sino que ha visto aumentar el volumen patrimonial muy significativamente.

Evolución de la industria americana de gestión de activos en el primer año de Trump

Según datos de Thomson Reuters Lipper, los activos bajo gestión de la industria americana (incluyendo ETF) se han incrementado en 2,9 billones de dólares, al pasar de los 18,2 a los 21,1 billones. La mayor parte de este crecimiento ha venido dado por el aumento patrimonial experimentado por los fondos de renta variable, cuyo incremento alcanza los dos billones en el último año. Esto se debe básicamente al buen comportamiento registrado por las acciones.

El efecto mercado ha sido el principal contribuidor al despegue de la industria americana desde las elecciones presidenciales americanas. Desde el 1 de octubre de 2016, la industria americana registró entradas netas por valor de 691.200 millones de dólares, de los que 686.000 fueros captados por las estrategias de gestión pasiva. Ahondando en los datos se puede observar que la categoría que se ha visto más favorecida en los últimos doce meses ha sido la de renta fija.

En este tipo de estrategias los inversores inyectaron 337.200 millones, de los que 191.300 fueron a estrategias pasivas que replican índices de bonos. Por otro lado, los fondos de renta variable captaron 262.600 millones. Sin embargo, este dato esconde una importante dispersión entre lo captado por los fondos activos y pasivos. Los primeros registraron salidas netas por valor de 236.000 millones, mientras que a los segundos les entraron casi 500.000 millones.

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