Europa, una base frágil para afrontar la incertidumbre


Por desgracia, los últimos indicadores confirman que la unión monetaria no se librará de una contracción de su PIB en 2012. Aunque parece que Alemania se salva todavía, gracias a sus exportaciones a Asia y Estados Unidos y a la demanda interna, la economía de los demás países miembros está ahogada en mayor o menor grado por los planes de consolidación fiscal. Los índices de actividad PMI han retrocedido después del ligero rebote del final de 2011 y comienzos de 2012 que vuelven a rozar los niveles de septiembre pasado y denotan una contracción generalizada de la actividad industrial y el reflujo de la actividad en el sector servicios.

Por otra parte, la tasa de desempleo ha seguido aumentando en este primer semestre de 2012, y se acerca al pico histórico de hace quince años (10,8% en febrero, frente a 10,9% en 1997). Con excepción de Alemania, el Benelux y Finlandia, el paro aumenta en toda la zona euro. Supera ampliamente el 20% en España y Grecia, ha alcanzado el 15% en Portugal e Irlanda, y roza el 10% en Italia y Francia. Esta tendencia, que parece continuar en 2012, lógicamente lastra gravemente la actividad económica: el gasto de consumo se contrae, como también la producción industrial.

Bien es cierto que esta situación poco alentadora se viene perfilando desde hace ya varios meses y que los inversores probablemente la tienen integrada en buena medida. Pero constituye una “base” muy frágil para afrontar los peligros potenciales que aún encierra este año 2012: los precios de la energía ya son altos y además existe un riesgo de tensiones geopolíticas, están las incertidumbres respecto a la economía china, y sobre todo una crisis de las deudas soberanas que las inyecciones de liquidez del BCE y el nuevo tratado europeo sólo ha apaciguado temporalmente. A la dificultad de la mayoría de los países de alcanzar los objetivos de reducción de los déficits se ha sumado recientemente una incertidumbre política, incluso en economías que hasta ahora se encontraban a salvo.

En los Países Bajos, el gobierno se ha visto incluso obligado a dimitir debido a la falta de acuerdo sobre el nuevo presupuesto. El debate sobre la conveniencia del régimen de austeridad acatado por la zona euro dista mucho de haber concluido, y sigue alimentando las tensiones y la volatilidad en los mercados financieros europeos. El clima de confianza, tanto para las empresas como para los hogares, continúa pues bajo presión y contribuye a la debilidad de la actividad y de las perspectivas en Europa.

En un momento en que la economía británica sigue estancada desde final de 2010, últimamente el banco central ha modificado un poco su postura. En la reunión de principios de abril, Adam Posen, uno de los más fervientes partidarios de los programas de flexibilización cuantitativa de estos últimos años, no ha votado a favor de un incremento de las compras de deuda pública por el banco central, cuando el programa actual expirará el mes que viene. Un símbolo bastante fuerte que sugiere que ni siquiera uno de los miembros más “flexibles” del Banco de Inglaterra es insensible al hecho de que la inflación no baja tanto como se esperaba y se mantiene netamente por encima del objetivo del 2% (3,5% en marzo). Y sin embargo la atonía de la actividad persiste en la otra orilla de la Mancha, donde el número de desempleados sigue aumentando y la mejora reciente de las ventas retail se puede atribuir en buena medida, a la subida de los precios energéticos que, además de alimentar la inflación, también hincha el valor de las ventas de las gasolineras. La demanda interna del Reino Unido sigue siendo floja y frágil, y seguramente todavía no quede definitivamente descartada una ampliación del programa de flexibilización cuantitativa.

Las últimas noticias económicas procedentes de Suiza han sido más bien tranquilizadoras. El índice de actividad industrial ha regresado al territorio de expansión después de seis meses de contracción. En cuanto al tipo de inflación, se ha adentrado aún más en territorio negativo. Llega al -1,0% confirmando con ello los temores a la amenaza deflacionista generada por la fortaleza de la divisa que el BNS alberga desde hace tiempo.

Sin llegar a torcerse tanto como en 2011, el mercado de renta fija europeo ha sufrido algunos pinchazos de recuerdo sobre la fragilidad de la situación en Europa que han reavivado los temores respecto al endeudamiento soberano y al sistema financiero. Las dudas sobre la capacidad de España de controlar su déficit público, ilustradas por la escasa demanda de una adjudicación de obligaciones del Tesoro a largo plazo, y el deterioro de los índices de actividad han provocado una ampliación de los diferenciales de tipos con Alemania y un retroceso de los valores financieros. En cambio, en un contexto de crecimiento muy flojo y de tipos de interés muy bajos, las obligaciones de las empresas no financieras vuelven a estar muy solicitadas.