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“Europa necesita un 'neuro' como plan B en caso de quiebra de su moneda única”


Para Para Richard Woolnough, gestor del fondo M&G Optimal Income, de M&G Investments, es responsabilidad de los políticos europeos buscar la forma de evitar, o al menos reducir, el caos que se produciría en caso de quiebra de la moneda única. “Necesitan un plan B si las cosas se tuercen y el euro se convierte en un trozo de papel sin ningún valor, lo que generaría el pánico entre los tenedores de deuda y derivados en euros y destruiría el mercado de capitales del continente, pero no parecen tenerlo o no quieren hablar de ello”, afirma. Su propuesta se centra en la creación de una nueva divisa, un “neuro” que ayude a solventar la situación.

“Primero se deberían crear nuevas divisas como medio de intercambio comercial, y con un cambio uno a uno; un nuevo euro, que podemos llamar 'neuro', al que se referenciarían los contratos y las deudas pendientes”, afirma. Es una situación ya conocida en Europa, con el ECU utilizado en los últimos años del siglo XX. Así, el neuro o nuevo ECU estaría compuesto por una cesta de divisas europea bajo el auspicio del Banco Central Europeo, donde el peso de cada una se basaría en la contribución de los respectivos países al PIB europeo, de forma proporcional. “Europa aún no está lista para una moneda única, pues antes tiene que hacer otros deberes como trabajar en la flexibilización del mercado laboral o en mejorar la competitividad de sus economías”, afirma Woolnough.

El gestor del fondo M&G Optimal Income traslada esa pesimista visión a la gestión de sus productos y reconoce haberse refugiado en activos libres de riesgo como los bonos del Tesoro estadounidenses, donde tiene posicionado el 10% del fondo. “Cada vez hay menos activos sin riesgo y los bonos del Tesoro de EEUU son uno de ellos”, afirma, matizando que el caso alemán depende de que el país cargue con las obligaciones de otros miembros de la UE. Con todo, prefiere ese tipo de deuda, en la que incluye los bonos de Reino Unido debido a la mayor flexibilidad de su economía, a su historia sin defaults y a su menor exposición a la crisis de deuda europea, y evita regiones con problemas, como la Europa periférica. Además, tiene pocas posiciones en mercados emergentes, infraponderados el año pasado.

También en renta fija corporativa, tiende a evitar compañías que tienen exposición a las economías domésticas en países más débiles, como los de Europa del sur, lo que no le impide invertir en firmas como Telefónica, con una parte importante de ingresos internacionales. “Si la UE cae, probablemente no sería un gran problema para la firma, pero sí para otras con la mayoría de sus ingresos en la región”. Por ello busca firmas con ingresos en monedas alternativas al euro pero cuya deuda esté en la divisa europea.

Más riesgo de duración y crédito

Y es que el gestor se muestra convencido de la importancia ser flexible y adaptar el perfil del fondo a cada momento, a través de una activa gestión de la duración y el riesgo de crédito. Así, puede ser defensivo en el momento en que se necesite, como ahora, cuando apuesta por sectores, como el de telecomunicaciones que no sean demasiado cíclicos y por activos de alta calidad.

Sin embargo, reconoce que lleva meses incrementando el riesgo de su cartera, tanto en duración como en crédito, así como en sectores como el bancario, si bien sigue infraponderado. Así, en un ambiente de baja inflación positivo para los bonos y en el que podría incluso apuntar hacia la deflación, “que puede llegar a ser buena”, está tomando riesgo de duración. “No existe un sistema bancario efectivo y ahora se está empezando a pagar bien por tomar este riesgo, por prestar a largo plazo”, afirma, consciente de que puede equivocarse si la recuperación comienza y se produce una inminente subida de tipos.

También ha incrementado el riesgo de crédito, pues los bonos corporativos están baratos y “deberían ser más rentables que los soberanos”, teniendo en cuenta las probabilidades de quiebra y la recuperación de la inversión en caso de que se produjera, pero sobre todo, la relación oferta-demanda. Y es que una de las claves está en el aumento de la oferta de la deuda pública, que puede presionar su rentabilidad, frente a la disminución de las emisiones corporativas, lo que aumenta el atractivo de estos activos y hace que “se pague bien por estos bonos y resulten una opción interesante frente a los soberanos”, matizando que si la situación se invierte, el fondo es flexible para cambiar sus estrategias.

Nichos de valor

Para el experto, los diferenciales de los bonos con grado de inversión se encuentran aún altos en términos históricos. En el mercado de bonos high yield, que representa el 30% de su fondo, Woolnough admite que hay nichos de valor, especialmente en activos con rating BB.

Con respecto a los convertibles, reconoce que sólo los compra cuando se encuentran a precios "distressed", muy bajos, y los evita si están en su precio justo. Por eso ahora sólo suponen entre el 2% y el 3% del portfolio, frente al 8% que representaban en septiembre.

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