“Europa ha llegado a un punto de inflexión”


Que Europa parece estar dejando atrás la recesión es algo que ya nadie pone en duda. “Mientras que los datos apuntan hacia una ralentización del crecimiento estadounidense en la segunda mitad del año, en Europa encontramos diversos indicadores que sugieren que, aunque aún no se está produciendo una aceleración del crecimiento, las condiciones han dejado de empeorar en gran parte de la región”. Para Mark Burgess, director de inversiones de Threadneedle, el Viejo Continente ha llegado a un punto de inflexión. 

Como explicó el experto durante un reciente encuentro con periodistas, “en los últimos meses hemos variado poco nuestras carteras −donde seguimos sobreponderados en activos de riesgo y mantenemos nuestro sesgo hacia los mercados emergentes tanto en renta fija como en renta variable− pero sí ha cambiado nuestra actitud con respecto a Europa, donde la mejora de los indicadores económicos nos ha llevado a pasar de estar infraponderados a neutrales”.

Burgess se muestra especialmente optimista con respecto a la renta variable europea. “En términos generales, y sobre todo en comparación con Estados Unidos, las valoraciones europeas resultan atractivas y volvemos a encontrar un número creciente de oportunidades de inversión. Ahora que el crecimiento mundial empieza a recuperarse, las perspectivas para muchas de las empresas líderes que cotizan en el mercado europeo han mejorado y somos más optimistas con respecto a la clase de activos, que hemos movido a neutral. Hemos financiado este cambio con una reducción de la renta variable estadounidense, que pasa a estar infraponderada a causa de las elevadas valoraciones, la sólida rentabilidad y la incertidumbre política en Estados Unidos”.

Temas pendientes

Sin embargo, aún quedan muchas cuestiones por resolver y no se puede afirmar que la crisis de deuda soberana se haya superado. Para Jim Cielinski, responsable de renta fija de Threadneedle “la eurozona ha avanzado en muchos frentes en los últimos años pero los progresos se han frenado sustancialmente en 2013”. Entre los temas pendientes, reformas estructurales para mejorar la competitividad (“el caso de Irlanda demuestra que es posible”), la unión bancaria y fiscal (“se está avanzado en esa dirección”), el desapalancamiento del sistema bancario europeo y una reducción de las enormes posiciones en deuda gubernamental y, más a largo plazo, la unión política. 

En opinión del experto, tres son las condiciones previas necesarias para acabar definitivamente con la larga sombra de la crisis soberana: mantener unos niveles adecuados de liquidez, mejorar los fundamentales −o, en palabras de Cielinski, “implementar cambios estructurales orientados a la convergencia económica y la reducción de los factores de estrés interno y externo, algo muy diferente del simple crecimiento del PIB”− y contar con un sistema de garantías (como el programa OMT del BCE) que elimine la brusca volatilidad asociada al riesgo de impago y fomente la estabilidad de la unión monetaria.

Amenazas para el crecimiento

Tanto Cielinski como Burgess reconocen que la corrección de la deuda externa de la eurozona ha sido extraordinaria, sobre todo en los países de la periferia, pero advierten de que un crecimiento económico basado casi exclusivamente en el incremento de las exportaciones a costa de la demanda interna, aunque era necesario a corto plazo para reequilibrar las balanzas comerciales, no contribuye a un crecimiento sostenible del PIB. Como apunta Burgess, en un entorno de este tipo “la desaceleración mundial podría perjudicar a la eurozona más que a otras regiones”.

Con respecto a la relajación de las políticas de austeridad, los expertos coinciden en que pese a que la medida ha sido bien recibida por los mercados de bonos, la deuda sigue sin ser sostenible. “El FMI traza la línea roja para la sostenibilidad de la deuda en el 120% de deuda sobre el PIB y las proyecciones se acercan a ese nivel o incluso lo superan”, afirma Burgess. Para Cielinski, “la sostenibilidad de la deuda tendrá que volver a las agendas en algún momento, pero ahora mismo es más importante garantizar la liquidez y la estabilidad de la unión monetaria”.

En este sentido, el responsable de renta fija de Threadneedle incide en el papel del BCE. “La política monetaria sigue siendo demasiado restrictiva para los países con problemas y el BCE se muestra demasiado prudente en el entorno desinflacionario actual. Si se mantienen los superávits por cuenta corriente, los diferenciales de deuda de la eurozona tenderán a la convergencia, un movimiento que podría verse reforzado por el apoyo del BCE”.