Etiquetas de inversión sostenible: bienvenidos a la jungla


No existe una definición común de lo que son las finanzas sostenibles, lo que en la práctica deja la puerta abierta a un amplio margen de interpretación. Las estrategias para la inversión sostenible pueden asentarse sobre temas ambientales o sociales, como el cambio climático o el capital humano, basando sus estrategias en exclusiones, en el mejor de la clase, en el mejor progreso e incluso en el futuro progreso potencial de una compañía.

Las inversiones sostenibles también pueden diferir en gran medida en cuanto al objetivo y la asignación. En medio de la variedad de terminologías -sostenible, responsable, ISR (Inversión Socialmente Responsable), ASG (Ambiental, Social, Gobernanza), verde, climática, eco, transición…- la mayoría de los inversores no están en condiciones de comprender la creciente oferta de inversiones responsables o les resulta muy difícil entenderlas.

Se han formulado etiquetas para responder a esa falta de claridad y hacer que los productos financieros sostenibles sean más fáciles de entender. Éstas certifican la calidad de los procesos pero, tal y como explica Perrine Dutronc, especialista en inversión sostenible del grupo La Française, “las etiquetas no pueden simplificar lo que ya está dividido. Además, son vistas como una herramienta para influir en los estándares, regulaciones y potencialmente una futura etiqueta ecológica europea. Muchos países de la Unión Europea se apresuran ahora a estar a la vanguardia, para poder imponer su punto de vista sobre las inversiones responsables o ecológicas y establecer la norma”.

En toda Europa, a cierre de 2019 se habían registrado nada menos que nueve etiquetas diferentes y 800 fondos etiquetados en un universo total de 60.000 productos. Aunque esto representa sólo el 1% del total del mercado, el número de fondos etiquetados se duplicó en un solo año. De las nueve etiquetas, cinco pueden ser calificadas como ASG (Ambiental, Social y de Gobierno corporativo) y cuatro como Verde. Sin embargo, el límite entre las etiquetas ASG y las verdes es borroso.

“Por ejemplo, las etiquetas ASG incluyen la A de medioambiental y, por lo tanto, también examinan criterios verdes, mientras que las etiquetas verdes requieren un mínimo de criterios/normas ASG. Entre ambos tipos de etiquetas, se trata de una cuestión de proporción y enfoque más que de una distinción fundamental en el enfoque”, revela la experta.

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Tal y como indica Dutronc, en la jungla de etiquetas reinan dos, la francesa SRI label y la belga Towards Sustainability, que están a la cabeza, con aproximadamente 300 fondos etiquetados cada uno, que representan cerca de las tres cuartas partes del número total de fondos etiquetados y el 90% de los activos totales gestionados por los fondos etiquetados.

Puntos en común y especificaciones

La cualificación para una etiqueta significa que el fondo se ha comprometido a excluir ciertas actividades o empresas que no se ajustan a los objetivos ambientales, sociales y de gobierno corporativo (ASG). “Por lo general significa, por ejemplo, que los combustibles fósiles están excluidos y que el proceso de inversión y las carteras de valores son transparentes. Por supuesto, hay diversos umbrales, alcances y requisitos de selección de ASG”.

Ciertas etiquetas introducen requisitos adicionales de divulgación, como la notificación de los indicadores de impacto. Y algunas etiquetas han definido un sistema de puntos con requisitos mínimos y un incentivo para desarrollar lo que se considera una práctica óptima. Las etiquetas verdes imponen una cuota mínima de ingresos ecológicos, pero los umbrales varían entre el 10% y el 37%.

“Cada etiqueta es una combinación única de elementos comunes y específicos que a menudo reflejan las preferencias y opiniones de los gobiernos nacionales sobre la inversión responsable. La diversidad de etiquetas disponibles complica su uso en la distribución de los fondos de inversión fuera de su mercado nacional y plantea muchos interrogantes: qué etiqueta, múltiples etiquetas, las consecuencias en materia de costes... Cada vez más, vemos fondos que exhiben múltiples etiquetas. Algunos tienen hasta tres, lo que lleva a una cuestión de sentido común: ¿cómo podría esto afectar a la filosofía de inversión del fondo?”, se pregunta la especialista.

A su juicio, apuntar a una etiqueta como certificación de la calidad intrínseca del fondo y elegir la etiqueta que coincida con la filosofía del producto y ayude a transmitir el mensaje de sostenibilidad tiene sentido. También cree que tiene sentido cuando se convierte en un imprescindible para vender en diferentes jurisdicciones. ¿Acabará una futura etiqueta europea con la reciente proliferación de etiquetas nacionales? “Hasta ahora, sólo hay una etiqueta ecológica sobre la mesa que simplemente reemplazaría a las etiquetas verdes, pero no a las de ASG. El camino puede ser largo antes de acordar una etiqueta europea de ASG”, augura.

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