Estupor de estupores: Oportunidad de entrada a los mercados


Asiste uno de nuevo y con estupor creciente a los cantos de sirena que desde el sector financiero se proclaman como oportunidades de entrada a unos mercados (indiferente que sean de renta fija o variable) que a juicio de bancos y gestoras están siempre baratos en precio y que, por lo tanto, son ahora mismo, oportunidades de compra que producirán jugosos y sustanciosos beneficios futuros.

La fórmula mágica que nos permitirá encontrar el vehículo inversor que nos ha de conducir a la rentabilidad prometida es la quimérica búsqueda de valor residual en unos activos que agotados hoy, difícilmente cumplirán esas expectativas.

Todo es defendible en esta vida, pero con las magnitudes macroeconómicas actuales a nivel mundial, ¿alguien puede creer que el crecimiento sostenido y la aceleración económica que deberían sostener estas apuestas, nos esperan a la vuelta de la esquina?.

Históricamente, las desconexiones extremas entre el comportamiento de los mercados y la macro, capítulo al que estamos asistiendo en los últimos tiempos, no suelen prolongarse mucho tiempo y salvo que el buen funcionamiento de la economía real las sostengan -que no es el caso – no se traducen en alegrías para los inversores. Más bien, todo lo contrario. 

Resulta evidente que la actual política expansiva monetaria no durará eternamente y  no podrá sostener los precios de los activos indefinidamente. Ni en Estados Unidos, ni en Japón ni en ningún lugar, por lo que su retirada se convertirá en la bajamar que dejará al descubierto a quién nadaba desnudo.

Si no hay crecimiento de la actividad económica no hay crecimiento de beneficios empresariales en términos reales y ni las acciones ni los bonos corporativos pueden seguir subiendo. Punto.

Si bien la física cuántica es capaz de demostrar que una partícula puede estar en dos mismos lugares en el mismo instante, la aplicación en los mercados financieros de esta peculiaridad física dista de ser una realidad cercana y los indicadores económicos y los mercados – tercos ellos -, o bien están positivos y alcistas o negativos y bajistas. Me dirán ustedes que cabe la lateralidad. Cierto. Pero, ¿alguien invierte para mantenerse infinitamente en un mercado lateral o espera que los indicadores macroeconómicos sean eternamente neutros?.

No cabe métrica analítica, por sofisticada o simplista que sea que justifique para el momento actual el asumir riesgos adicionales e innecesarios.

Todo parece pues, responder de nuevo a la presión competitiva de gestoras y fondos por perpetuar sin fin la maquinaria de ventas de una industria que como en tantas ocasiones vuelve a apurar la toma de posiciones de riesgo en aras de una voracidad comercial ilimitada.

Ante este panorama y la situación económica general con la multiplicidad de frentes abiertos y otros mal cerrados, los guías de las inversiones han de ser la precaución, la preservación del capital en términos reales y el posponer las decisiones de toma de riesgo a la espera de vientos más favorables.

Para terminar y si en las vacaciones de verano tienen tiempo, les aconsejo la lectura de nuestro compatriota, José de la Vega, que allá por el 1668 en su Tratado de Bolsa “Confusión de confusiones” ya nos aconsejaba bien, pues nos exhortaba a: "No querer anteponer la mayor ganancia al mayor peligro, sino ganar poco y ganar seguro".

Su bolsillo y su “umbral de insomnio” se lo agradecerán. ¡Feliz verano a todos!

 

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