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Estas son las ventajas de revisar periódicamente la cartera


En asesoramiento, el tiempo ocupa uno de los debates más frecuentes: existen estudios que demuestran que muchos asesores no han sido capaces de hacer un correcto market timing en sus carteras, causando pérdidas para sus clientes. Otros demuestran que la paciencia es la mejor aliada para generar rendimientos. Ahora bien, ¿significa esto que los inversores deberían tener una cartera y no modificarla en largos periodos de tiempo? ¿Cada cuánto debería ser necesario revisar una cartera y ajustarla?

Patrick Nolan, estratega de carteras de BlackRock, opina que es importante que los inversores delimiten correctamente tanto su objetivo de rentabilidad como la cantidad de riesgo que están dispuestos a aceptar. Pero, una vez creada la cartera en función de estos parámetros, “invertir no debería convertirse en un ejercicio de instalar y olvidar”.

“Planificar de cara a hitos importantes de la vida puede hacer con frecuencia que miremos mucho hacia el futuro, pero los mercados pueden cambiar rápidamente, por lo que es importante revisar regularmente tu propio plan”, añade el experto. Dicho de otra manera, se refiere a que “es importante tener un ojo puesto en el horizonte, pero también es crítico poder navegar los mercados hasta llegar allí”.

¿Ha cambiado algo?

Nolan recurre a una analogía con la revisión médica anual de la empresa para poder explicar mejor cómo ajustar la cartera. Así, en un chequeo anual lo primero que suele preguntar el médico es si ha habido algún cambio respecto a la revisión anterior, para después pasar a hacer observaciones que no siempre pueden ser agradables para el paciente. Como indica Nolan, “lo que quiero oír no siempre coincide con lo que necesito oír”.

Este mismo razonamiento puede aplicarse a la revisión de la cartera: “Revisar la cartera cuando los mercados suben puede ser bastante divertido, mientras que hacer esa misma revisión en un mercado bajista puede ser doloroso”. Así pues, lo que propone el estratega es realizarse a uno mismo un pequeño cuestionario sobre cómo va la cartera “al menos una vez al año”.  

Este cuestionario parte de la siguiente pregunta: ¿han cambiado los objetivos de inversión? Si han cambiado, ¿es porque quiere planear algo nuevo? ¿o porque se ha alterado el horizonte de inversión? “En tal caso, probablemente necesite ajustar su cartera”, advierte Nolan.

Lo segundo que deben preguntarse los inversores es si han cambiado sus propios puntos de vista sobre el mercado. “Las distintas inversiones pueden dejar de ser las preferidas y perder el favor del mercado, y su cartera debería reflejarlo”. El experto aclara que esta pauta no debería ser “una invitación para apostar por todo lo que parezca una inversión atractiva, dejar que una estrategia se alargue demasiado sin recoger beneficios o vender si tiene miedo”. Más bien se trataría, en cambio, de ir ajustando poco a poco algunas de las estrategias, siempre y cuando la cartera esté bien construida y no hayan cambiado mucho ni los objetivos de inversión ni el horizonte.

Finalmente, la tercera pregunta que deben hacerse los inversores es si hay algo que no esté funcionando. “Monitorizar sus holdings debe hacerse siempre con perspectiva. Algunas inversiones deberían proporcionar crecimiento. Dado que no todos los activos fueron hechos para subir al mismo tiempo, puede que haya justificación para los que estén rezagados”, aclara Nolan. Sólo cuando no haya justificación al comportamiento de un activo en cartera sería el momento apropiado para vender. Paralelamente, el representante de BlackRock recuerda que algunas otras estrategias en cartera tienen una misión diferente, la de reducir riesgos: “Nuestras expectativas sobre esos holdings deberían ser diferentes, pero no menos importantes”, comenta.

¿Y si pasa algo?

Ninguna cartera es inmune a las sacudidas del mercado. Al mismo tiempo, una cartera debería evolucionar, a medida que también evolucione el mercado. El experto afirma que una cosa que puede enseñar mucho a los inversores es someter a la cartera a test de estrés de forma regular: “Hacer un test de estrés a la cartera puede revelar escenarios que puedan provocar una respuesta exagerada, y nos puede ayudar a prepararnos para eventos variados de mercado”, asevera.

La segunda virtud de los test de estrés es que ayudan a persuadir a los inversores de tomar decisiones poco racionales en momentos de volatilidad de los mercados. Nolan explica que la reacción habitual es que los inversores se vuelvan más aversos al riesgo en momentos de estrés, y que su apetito por el riesgo suba cuando los mercados estén tranquilos.

A lo que se refiere el estratega es que, para poder seguir invertidos en momentos de estrés y no cometer errores de cálculo, entonces sería útil a la hora de construir la cartera hacerlo de manera que pueda darnos pistas de cómo se comportaría en un escenario de recesión estando totalmente invertidos.

Es más, Nolan reivindica la necesidad de que “la monitorización cale sobre todo el proceso de construcción de la cartera”, gracias a sus múltiples beneficios: permite evaluar riesgos, hacerse preguntas sobre el comportamiento de la cartera en relación con los retornos recientes del mercado y asegurarse de que se están cumpliendo los objetivos iniciales para los que fue construida.

Dicho esto, el estratega admite que “el proceso de construcción de una cartera es ahora más complejo que nunca”. “Los inversores necesitan las herramientas, la tecnología, fuentes y productos adecuados y, lo que es más importante, puntos de vista que les permitan conseguir sus objetivos de inversión”, añade. Por este motivo, el proceso de construir una cartera “puede llevar mucho tiempo y ser confuso”, por lo que contar con la asistencia de un profesional financiero “puede aportar objetividad y experiencia al proceso”, y así ayudar a los inversores – según estudios efectuados por BlackRock- a “sentirse más confiados y mejor preparados para su futuro financiero”.

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