¡Están locos estos romanos!


Cuando de pequeño leía las venturas de Asterix y Obelix, siempre me hacía mucha gracia aquella frase de incomprensión ante el comportamiento de sus invasores que, repetidamente, emitían los galos: ¡Están locos estos romanos!

No se trata ahora de romanos, sino de nuestros representantes políticos en el Eurogrupo que, de forma incomprensible, han cruzado una línea roja nunca superada hasta ahora con consecuencias como mínimo inciertas. Así, el pasado sábado, nos llegaba la reseña de que tras largas y tensas horas de debate habían alcanzado un acuerdo para el rescate de Chipre.

La noticia, positiva en principio, se iba transformando en un jarro de agua fría cuando se conocían los detalles, que incluían una inexplicable quita para los depositantes de las entidades financieras chipriotas. Porque por mucho que lo hayan querido disfrazar eufemísticamente como un impuesto  extraordinario, lo que han puesto en práctica es una quita con todas sus letras y todas sus consecuencias.  ¿Y por qué sostengo que es inexplicable y con unas consecuencias que son imprevisibles?

Primero porque no creo que los importes que se están barajando justifiquen ni de lejos una actuación de este tipo. Si el recate son 10.000 millones de euros y el agujero total alcanzaría los 17.000 millones, tratar de paliar esas cifras con una medida como esta me parece matar moscas a cañonazos.

Segundo, con esta actuación han contradicho a los diferentes gobiernos nacionales de países miembros que de forma repetida han actuado, incluso promulgando leyes específicas, para transmitir tranquilidad con respecto a los depositantes de sus entidades financieras.

Tercero, porque se han pasado por el arco del triunfo el límite de 100.000 euros que establece la propia legislación europea, aplicando también una quita del 6,75% a los de importe inferior a esa cifra. Al menos alguien debería explicar cuál hubiera sido la consecuencia de no establecer ese porcentaje y aplicarlo sólo a los de importe superior (en los que supuestamente debe encontrarse la mayoría de esos oligarcas rusos a los que se ha hecho mención). Quiero decir, ¿en cuánto se hubiera tenido que transformar el 9,9% del tramo superior de no existir la quita en el tramo inferior?

Cuarto. Hasta donde he leído, no adivino cuáles son las medidas para el resto de acreedores pero cabe suponer que si a un depositante le va a costar parte de su dinero, al resto de acreedores les debería costar todo o un porcentaje muy importante. Esto contrasta con la situación vivida en otros países (el nuestro es un claro ejemplo) en el que las autoridades financieras han consentido que acreedores con una grado de prelación mucho menor salgan poco perjudicados y, en algún caso,  incluso indemnes.

Quinto. El señor Dijsselbloem y otros miembros del Comité Ejecutivo se han esforzado, creo que de forma inútil, en explicar que es una "situación especial" (menos mal), que esos porcentajes quedarán congelados para garantizar su recaudación pero que el resto de depósitos estarán “libremente disponibles” para los clientes y, ¡ojo!, que el Banco Central de Chipre tiene un plan de contingencia para controlar los flujos diarios ¡y evitar huidas de capital! Muy lógico, esto último, porque si yo fuera uno de esos oligarcas rusos, ante esta situación daría por perdida mi cuota parte, pero con el resto saldría corriendo hacia otro territorio antes de que a alguien se le ocurriera una nueva maldad. Así que, por favor, que alguien me explique cómo se combina lo de la libertad con el plan de contingencia, porque yo, no lo veo. Por cierto a eso que llaman plan de contingencia, en el país del recién elegido Papa, hace algunos años lo llamaron “corralito”.

Por último, creo que nadie ha medido las consecuencias que esta actuación puede tener en otros países que todavía atraviesan situaciones inciertas. El miedo es libre y, además, es muy fácil de azuzar. Creo que las entidades de los denominados  “territorios seguros” estarán encantadas con esta decisión europea.

Lo dicho: ¡Están locos estos del Eurogrupo!

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