“Están locos estos griegos” (Obélix)


Apenas conocerse la noticia de la concesión del premio Nobel a Camilo José Cela, las llamadas telefónicas de la prensa se sucedieron en el domicilio del escritor. Por fin, se improvisó una rueda de prensa y, en el transcurso de la misma, un periodista algo inexperto preguntó: “¿Le ha sorprendido ganar el premio Nobel de Literatura?” Cela contempló al joven y, sin piedad ninguna ante su falta de rodaje, le lanzó uno de sus dardos dialécticos: “Muchísimo. Sobre todo porque esperaba que me concedieran el de Física”.

Me acordé de esta anécdota después del anuncio del miércoles pasado sobre la resolución final de la ayuda a Grecia. Yo me preguntaba, sorprendido por la reacción de los mercados con subidas de los valores bancarios por encima del 15%, ¿y el mercado qué esperaba? Habíamos subido ya más de un 20% en los índices descontando esta noticia y, sin embargo, todavía teníamos ese impulso brutal de última hora. Nuestra visión, como ya habíamos comentado, era haber cerrado todas las posiciones largas entre el 5850 y el 6100 de Dax, con la posibilidad de ponernos cortos en la zona del 6400 de Dax y del 1270 del S&P y, aunque se cumplía nuestro plan de ruta, no dejaba de sorprendernos la violencia del mismo. Aquí tenemos que reconocer que nos hemos equivocado en parte y que no dimos todo lo que teníamos que haber dado porque empezamos a plantearnos que el patrón que estábamos siguiendo estuviera equivocado y tuviéramos una figura de vuelta como el de los años 1997 o 1998 con vuelta en V sin freno. Tres días después estamos dándonos cabezazos por no haber sido estrictos y haber dado una mayor posición corta. Nos debe servir de lección para no leer más noticias que las del Marca.

Reflexionando con lo que tenemos por delante llegamos a una conclusión; espera lo mejor pero prepárate para lo peor. ¿Y qué puede pasar? Me niego a contestar a esa pregunta, acogiéndome al hecho de que no conozco la respuesta. Como decía un anuncio, “se busca telépata, ya sabe dónde y cómo ponerse en contacto con nosotros”.

Para mí lo importante no es el tema de si Grecia puede pagar o no, si la quita es de un 50% o un 100%. Lo relevante es que tenemos que cambiar el sistema que ha imperado en los últimos 30 años, que el modelo está acabado. El más madera del tren de los hermanos Marx está acabado. El empujón que hemos vivido durante estos años “cuanto más consumas mejor” ya no da más de sí. Este consumo basado en el crédito y a cuenta de que dentro de cinco años tendremos más ingresos que ahora, no se puede estirar. El sistema se basaba en un crecimiento sin parar y continuado. Pero cuando el dominó chino se para, no hay nada que empuje a la siguiente ficha. Se ha agotado la capacidad de los estados, de las empresas y de las familias para endeudarse más, y mientras la única medida por parte de nuestros gobernantes sea seguir inflando la bola, ya sea mediante fondos apalancados, compra de bonos, etc., es que no estamos afrontando los temas como debemos. La monstruosa cantidad de deuda de las economías occidentales es el resultado de décadas de aplazamiento del dolor. Cada vez que se avecinaba una recesión económica, los gobiernos caían en déficit para estimular la economía, y los bancos centrales bajaban tipos para alentar la inversión y el crédito. La deuda del sector privado y público ha seguido creciendo y la próxima emergencia es aún peor que la anterior. Los políticos aplazan permanentemente las decisiones hasta la próxima reelección. Transferir la deuda de gobiernos insolventes a bancos, o viceversa, permite que así sea, dejando siempre el coste de las malas decisiones para contribuyentes futuros. La solución de crear un fondo apalancado que garantice las primeras pérdidas no es solución (¿no se acuerdan cuando el gobierno irlandés garantizó los depósitos de sus bancos?). La salida de esta crisis no va a ser ni rápida ni indolora, y la implementación de los cambios estructurales que puedan soportar dicha salida tardará en ejecutarse entre cuatro y seis años al menos. Experiencia es el nombre que damos a nuestras equivocaciones. Espero que nos sirva para algo.

Los mercados, para qué negarlo, se quedan con mala pinta. Oirán hablar de la rentabilidad por dividendos alta (yo no entiendo por ejemplo a los bancos españoles dando una rentabilidad por dividendo del 9% cuando no son capaces de financiarse en los mercados mayoristas y afrontan renovaciones difícilmente extensibles), oirán hablar de lo barato que están las acciones contra la TIR de los bonos (como los últimos 10 años) o que lo seguro que son las acciones energéticas por la escasez futura de la materia prima (cuando tienen que vender activos para poder pagar los dividendos que no son capaces de dar con sus flujos de caja libres). A lo mejor tienen razón, pero la probabilidad de que todo esto explote ha subido en los últimos dos años.

Los problemas del mundo son resultado de que los estúpidos están siempre seguros de lo que dicen, y los inteligentes siempre tienen dudas sobre ello.

Tengan cuidado ahí fuera.

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