España podría liderar la creación de empleo mundial


El desempleo estructural y masivo por el que atraviesa España, y otros países europeos se ha convertido en un enorme drama. La terapia, inspirada desde Bruselas, FMI y OCDE, y aplicada ya desde gobiernos conservadores ya progresistas, refleja la dual impotencia de ambos bloques políticos y de las instituciones mencionadas para paliar la situación.

Por otro lado, es evidente que el asfixiante clima social creado no es gratuito. Nunca lo es. Así, y de manera colateral, emerge un inevitable cansancio y deterioro social, político, e institucional, cuyo devenir en el tiempo es incierto. La realidad sentencia que el sistema económico actual es incapaz de dar una vida digna a una parte no despreciable de sus ciudadanos, los cuales, atónitos e indefensos, ven la caída de sus derechos sociales, de la renta y de sus expectativas de sobrevivencia personal y familiar al tiempo que las diferencias de riqueza entre clases se amplían y el poder financiero y empresarial se concentra. En noviembre 2013, el FMI auguraba que España mantendrá elevadas tasas de desempleo hasta el año 2018 (25%), y no recuperara niveles normales de desempleo hasta el año 2024. En otras palabras, una década perdida en términos de capital humano para España. El panorama es desolador.

¿Desolador? Tal vez no. Tal vez la debilidad actual podría ser forja que temple la fortaleza futura. Pero antes de todo ello, es obligado detenerse y evaluar la mayor o menor bondad de las políticas adoptadas para crear de empleo por el Gobierno de España, Bruselas y el BCE.

El ciclo económico y la política monetaria

La creación de empleo esta ligada al crecimiento económico (Okun). No obstante, a este primer sencillo y bien conocido axioma le pasa como a las cerezas, tiene un compañero. La segunda cereza o axioma es que el crecimiento económico depende de la política monetaria. La política monetaria puede alterar e influir, de manera decisiva y positiva,  en el ciclo económico de las naciones, o, en términos de las circunstancias actuales, servir de motor de ignición de la recuperación económica y creación de empleo. Todo ello, si se cumplen dos condiciones exógenas al propio funcionamiento económico. La primera, que la Banca, cuello de botella de la economía (la banca determina la oferta monetaria y la velocidad del dinero de la economía) se anime a cumplir con su función primordial o concesión de crédito. La segunda, que los políticos moderen su natural entusiasmo en utilizar el déficit fiscal como variable anticrisis. Variable más virtual que real y no exenta de serios riesgos macroeconómicos.

La relación directa entre crecimiento y política monetaria, no es una opinión, es un hecho real, fácilmente verificable si se observa la  evolución y políticas monetarias en USA de los últimos años. Siendo cierto el segundo axioma, no obstante, es interesante resaltar que es intelectualmente revolucionario. Desde Say y hasta la fecha, los Bancos Centrales y monetaristas de manera unánime han mantenido que la política monetaria siempre tiene efectos neutrales para el sistema productivo y la economía (Benanke…), pero la realidad muestra exactamente lo opuesto. Dejando a un lado esta delicada paradoja, de profunda repercusión pragmática e intelectual futura, ¿cómo alteran los Bancos Centrales, con su política monetaria, el ciclo económico?

La cuasi-nacionalización de la curva de tipos de interés.

Los Bancos Centrales alteran el ciclo económico mediante sus acciones sobre los tipos de interés (precio), y no mediante la oferta monetaria (cantidad).  La oferta monetaria existente y necesaria en la economía (oferta de crédito) es determinada por la Banca (Natural Macroeconomic Model, Banco de Inglaterra). En las circunstancias actuales la política monetaria óptima, implica la cuasi-nacionalizacion de la curva de tipos de interés, siendo el efecto monetario y financiero, codiciado y subyacente, la supresión artificial del riesgo intrínseco y del riesgo soberano.

En Europa, el BCE, hace no mucho, decidió que era necesario una actuación monetaria asimétrica, en la asimétrica unión monetaria. Acción monetaria asimétrica sobre los tipos de interés a corto y largo plazo (curva de tipos) de  los países más débiles, a fin de modificar positivamente el ciclo económico en estos,  en beneficio del conjunto de la Unión, en donde los euro escépticos crecen de manera acelerada.

Contrariando el  triunfal pero erróneo sentir de la Vicepresidenta de España (9 junio 2014), la fulminante caída de la prima de riesgo de la deuda soberana española, acontecida en los últimos meses, no es una acción imputable a los mercados y reflejo de su “confianza en vena” en la economía española. La caída de la prima de riesgo de la deuda soberana de España  es una acción monetaria, meditada y artificial, auspiciada de manera acertada, aunque con retraso, por el BCE. Acción que es copia de lo realizado en USA por la Reserva Federal desde el año 2009, si bien, en el caso europeo posiblemente con más actores. El objetivo final de esta política es situar la tasa esperada del coste de la financiación del sistema productivo por debajo de la tasa esperada de rentabilidad del capital (hipótesis de Keynes, empíricamente demostrada en el Natural Macroeconomic Model). Esta política monetaria  ocasiona un inmediato cambio de expectativas empresariales de efectos beneficiosos pues anima a una mayor producción (no necesariamente a una mayor inversión, pues la banca puede no colaborar) y reactiva el consumo al caer los costes financieros del sistema. Pero, junto a toda rosa, es bien sabido, también hay espinas. Así, y como apuntaba acertadamente Hayek, mientras se apaga un incendio se empieza a alimentar otros. No por un querer malicioso de unos cuantos, sino porque lamentablemente el sistema financiero global  actual funciona en una dinámica de boom-crash permanente imposible de parar.

La cuasi-nacionalización o artificial alteración de tipos de interés tiene en España, y en otras economías europeas (Portugal, Grecia…), un caminar singular, que aunque bondadoso todo indica es carencial, o con otras palabras, no necesariamente rápido en términos de creación de empleo. La causa de todo ello es la existencia de anomalías y asimetrías diversas con origen en la imperfecta creación de la unión monetaria (Delors, Sarkozy), que persistiendo parcialmente a fecha actual,  frenan la natural recuperación de las economías más débiles. En esta dirección, el Gobierno de España ha tomado diversas medidas a fin de corregir errores pasados, así: la flexi-seguridad del marco laboral, el control de los costes salariales, el mercado único español, la desindexsación de la economía (…) acciones tendentes a aumentar la rentabilidad empresarial y ganar en competitividad intracomunitaria (la economía se mueve en términos de precios relativos).

Sin entrar a cuestionar lo realizado, es cierto que dichas acciones han permitido avanzar en una transitoria mejora de la productividad de las empresas, aumentando los beneficios y con ello, y de manera agregada, revertir en positivo el efecto riqueza (subida de la bolsa). A mediano plazo, y de ser sostenidas las expectativas sobre tipos de interés y rentabilidad del capital, el ahorro convergerá con la inversión y con ello se llegara de nuevo a la creación de empleo no estacional.

Cabria concluir que la política monetaria seguida por el BCE  (curiosamente denominada heterodoxa) y algunas medidas de Bruselas seguidas por el Gobierno español, son acertadas (excepción de la Reforma Laboral española). La política monetaria actual para los países europeos débiles, es la política más ortodoxa, es la óptima. No existe otra posible.

No obstante no debe obviarse que el padecimiento social acumulado en España es inmenso. Aunque España camine en la eurodirección monetaria y económica adecuadamente posible, lo realizado no es suficiente y, se quiera o no, socialmente reprobable. La opinión pública ha visto como se ha antepuesto la salvaguarda del sistema bancario y financiero español (pago a acreedores), a la estabilidad y bienestar de los ciudadanos y sus familias, mermando de camino y con erróneo criterio derechos básicos elementales. Por otro lado, y de darse cierta credibilidad a las previsiones del FMI sobre el desempleo en España, o bien una década perdida en términos de capital humano español,  el coste es, se quiera o no y se mire por donde se mire, no asumible como sociedad y como nación.

Siendo adecuadas las europolíticas aplicadas en España, y siendo al tiempo estas mismas europolíticas insuficientes para paliar en tiempo razonable el grave deterioro laboral y social existente, es necesario preguntarse ¿se puede acelerar la creación de empleo en España?, o en términos del FMI ¿existe algún “filón” alternativo al sector de la construcción e inmobiliario?.

Pacto Nacional por la Productividad

Supongamos un escenario posible, el actual, con mantenimiento en el tiempo de la necesaria política monetaria de cuasi-nacionalización de tipos de interés iniciada por el BCE, con los compromisos fiscales ya asumidos por el Gobierno de España (contención paulatina  de déficit público en el tiempo), y con la presumible aunque tibiamente  anunciada caída progresiva de la carga tributaria directa e indirecta, personal y societaria, según avance el crecimiento. Pero, y finalmente, con  un ligero cambio. Un cambio en la orbita salarial y retributiva. Salarios y retribuciones que de manera agregada, no son cualquier variable, ya que representan entre el 55% al 65% del PIB de cada nación.

¿Qué pasaría si todas las empresas e instituciones de una país, ya publicas o privadas (…) tuvieran que seguir un modelo de retribución salarial libre pero canalizado?. En otras palabras, ¿que pasaría si, tal y como propone el Natural Macroeconomic Model, todas las empresas e instituciones  de un país ajustan sus sistemas salariales a un único y sencillo modelo retributivo, en el cual cada salario contiene una parte fija y otra variable. Parte fija concretada libremente entre las partes en cada relación laboral. Parte variable determinada de acuerdo a la singular productividad de cada empresa e institución en el tiempo. La hipótesis es revolucionaria, no existiendo precedente real a nivel mundial en esta dirección, y a la que cabría denominar “Pacto Nacional por la Productividad”.

La idea que late en este Pacto, sencillo y fácil de implementar, es encauzar la política salarial de toda la nación hacia uno de los tres vectores determinantes del crecimiento, en concreto: el incremento de la productividad. En el caso de España, y de otras naciones sujetas a la disciplina de una moneda única, la productividad es el único vector de crecimiento, de los tres existentes, susceptible de ser alterado de manera unilateral. Así, el incremento relativo de la productividad para las naciones débiles de la Unión Monetaria no es una posibilidad, es la única opción posible si desean crecer y crear empleo. La reversión del problema del desempleo masivo existente en España, solo se logrará si se crece a tasas superiores a los demás países de la UE, y esto solo se lograra a través de incrementos sostenidos en el tiempo en la productividad relativa intracomunitaria.

La primera e importante pregunta que surge sobre el Pacto es ¿qué aporta un marco laboral único vinculado a la productividad, sin que se haya alterado en lo más mínimo los elementos básicos de la propia productividad? ¿existe algún beneficio escondido? El crecimiento de la productividad nace o esta asociada a cambios en la calidad relativa del capital humano empleado y aumentos en el grado de desarrollo tecnológico e innovación (Solow). Es obvio que este Pacto no ataca de manera directa ninguna de las dos variables mencionadas, ya que es imposible. La primera, depende de la mayor o menor excelencia del proceso educativo y de aprendizaje, tema a largo plazo y complejo en España (…) y la segunda de la inversión en investigación e innovación (…). El Pacto va en una dirección hasta la fecha intelectual y pragmáticamente inexplorada en términos macroeconómicos. Su objeto es crear un marco de relaciones laborales óptimo para que la productividad sea el objetivo primordial del sistema, a nivel individual y colectivo, aunando los intereses singulares y generales. El barco del sistema productivo no navegara en una “buena dirección” (Guindos) gracias al mayor o menor ingenio temporal de unos u otros; navegara de manera permanente en la dirección óptima, gracias a que la totalidad de los actores del sistema económico buscaran de manera incansable el aumento de la productividad como vía única para retener y aumentar su propio bienestar personal y familiar.

¿Como lograrlo?. Toda empresa e institución, por imperativo legal, debería aceptar que el modelo de retribución nacional consta de dos tramos, una parte fija y una parte variable, parte variable determinada en función de la productividad ganada. La Junta General de accionistas, en el caso de las empresas privadas, y el órgano competente en las organizaciones publicas, debería fijar, según sus circunstancias singulares y sector, dos aspectos sencillos: a) el ratio de salario relativo, b) y el método para calcular la productividad.

a) Modelo de reparto de la productividad, el ratio de salario relativo

Es seguro que puedan existir diversos modelos de reparto monetario de la productividad, si bien, tal vez el que garantiza una mayor equidad, es aquel que reparte esta de manera proporcional a la responsabilidad y función, responsabilidad y función concretado en cada salario fijo. Mediante este modelo de reparto, cada empleado y/o directivo de una empresa, pasa a ser accionista de la productividad general ganada, de manera proporcional a su salario fijo dentro del total. Este es el modelo de reparto que desde aquí se sugiere podría implantarse de manera general, ya que no limita en forma alguna la libertad empresarial ni laboral, siendo en definitiva el salario fijo, prefijado y determinado libremente entre las partes, lo que determina la parte potencialmente variable que ganará cada uno.

Pero para que la equidad en el reparto monetario de la productividad no sea una simple quimera empresarial y nacional, hace falta otro elemento. Hace falta que cada empresa e institución establezca su propio ratio de salario relativo. Así, es necesario fijar el salario fijo mínimo (igual o superior al legal, según convenga a cada cual), y el salario fijo máximo, expresando el mismo mediante un ratio o número de veces. Ratio que, una vez fijado, sería deseable sea muy estable en el tiempo Así, por ejemplo el ratio 100/1, significaría que el salario fijo máximo de la empresa nunca será 100 veces superior al salario mínimo bruto de la empresa. Si se modifica la retribución máxima, se deberá modificar la mínima (y en tal vez en cascada todas las demás) para cumplir con el ratio.

Este ratio una vez fijado por las Juntas Generales (…), evitara retribuciones directivas sorprendentes, más basadas en una privilegiada posición de poder que en el real valor añadido a la institución. El trabajo humano no es una mercancía con la que se pueda especular, pues al final se atenta en menor o mayor medida con la dignidad del ser humano  (…) entre distintos trabajos debe existir proporcionalidad en la retribución, en términos de calidad/cantidad relativa aportada.

Por otro lado, la existencia del ratio limara asimetrías entre los objetivos de los accionistas y directivos. La gobernabilidad de las empresas será más idónea y estratégicamente efectiva. Es previsible que las grandes empresas, intensivas en empleo, tengan un ratio más bajo que empresas pequeñas lideres en su sector, en donde es probable existan elevados ratios. En cualquier caso, será el buen criterio de las Juntas Generales (…) quien dará vida a esta posible nueva realidad empresarial. De no existir, será falaz el Pacto expuesto.

b) ¿Cómo determinar la productividad ganada?. 

Nuevamente respetando la plena libertad de cada empresa e institución, cada una de ellas debería determinar y aprobar el método para cuantificar, de manera objetiva y sencilla,  la productividad ganada o perdida en el tiempo, y que parte de esta debe imputarse como productividad ganada por el capital humano empleado una vez descontado el coste del capital.

Consecuencias del Pacto Nacional por la Productividad

Si un país decidiera aplicar el sencillo modelo de retribución general expuesto, se darían algunos  efectos ec

1) Desde la perspectiva microeconómica, el más relevante efecto será la mayor equidad en el reparto monetario de la productividad ganada (riqueza), ya de manera individual ya en términos de sistema económico, aspecto hoy inexistente. Asimismo, y como ha quedado expuesto, se evitara abusos directivos y se cercenará gran parte de la asimetría de intereses entre accionistas y directivos. Todo ello, respetándose la libertad de cada empresa para determinar su modelo idóneo de calculo de la productividad, la libertad de precios, la libertad de los mercados (…) De ser la productividad un objetivo económico nacional, unánimemente aceptado y compartido, este objetivo único colaborara a que España logre una mejora de su competitividad intra-europea e internacional muy por encima de cualquier expectativa actual, siendo asimismo un atractivo y potente  imán para nueva inversión fija extranjera.

2) Desde la perspectiva macroeconómica, aspecto más trascendente, el Pacto producirá un inmenso trasvase del “poder de compra” a los extractos medios y más débiles de las empresas e instituciones. Este trasvase del poder de compra aumentará de manera inmediata el consumo y, de ser mantenido en el tiempo, el ahorro doméstico (…) regenerándose y fortaleciéndose la clase media y más baja de la sociedad, acelerando el crecimiento y dinamizando la creación de empleo.

Siendo incuestionable el previsible efecto beneficioso del Pacto, cabe aventurar que España podría más que duplicar las actuales previsiones de creación de empleo previstas para próximos años (FMI) haciendo irreal la década pérdida del capital humano de España. El atractivo innegable del Pacto es posible sea replicado por otros. Como en toda batalla, la sorpresa y rapidez, es parte integrante del éxito.

El trasvase del poder compra no se origina en una chistera de mago, nace de una más racional y justa distribución de los beneficios generados, o, en términos más concretos del reparto equitativo de la riqueza creada entre: a) el capital humano empleado de cada empresa, b) y una retribución al capital ajustada a la rentabilidad-riesgo esperada.

A largo plazo la diferencia entre clases sociales, en el nivel de renta y riqueza acumulada, disminuirán. Intentar disminuir las diferencias entre clases sociales, mediante impuestos más progresivos, siendo su final engordar más a los ya regordetes Estados occidentales, no es la solución como algunos economistas sugieren. Los Estados, quieran que no, antes o después, por imperativo social tendrán que adelgazar, y, en algunos casos, mucho (España). La solución a las crecientes diferencias inter-clases de las economías occidentales, pasa por trasvasar parte de la riqueza creada (productividad), de manera equitativa (sin populismos), a quien es actor y origen de la misma; salvaguardando la libertad en la retribución diferente a cada directivo y empleado en función de su mayor o menor calidad relativa, la obligación de cumplir con la rentabilidad esperada por los accionistas, y la singularidad y circunstancias de cada empresa y sector.

La propuesta realizada, ajustándose al sistema de libre mercado actual, dará lugar a una relación laboral tremendamente eficiente y equitativa. España podría llegar a revolucionar y liderar la creación de empleo a nivel mundial, desde un modelo o marco de relaciones laborales, innovador y sencillo, que convierte al sistema de retribución en elemento critico, racional y justo, para el logro del bienestar general, y sobretodo, para la creación futura de empleo.

Mencionaba Smith, el espíritu “egoísta” que mueve al ser humano en su actuar económico (...) El objetivo de este Pacto Nacional por la Productividad, es que el “espíritu interesado” de cada actor sea verdadero motor, o cómplice activo y permanente, para el éxito del conjunto del sistema económico español, en beneficio de todos y, en especial, de los más débiles.  

(Imagen: Flickr/Oly.e300)

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