España no es Portugal, pero es bueno no confundirse


Cuando se produjo la Intervención en Irlanda, el Ejecutivo español al unísono clamaba “España no es Irlanda”. Argumento profundo al cual se unió de inmediato Jean-Claude Juncker, Presidente del Euro-Grupo, si bien cambiando un poco los nombres, así “no existe paralelismo de ningún tipo entre Irlanda y Portugal”. La caída de Sócrates en Portugal y la más que probable intervención de este país, reanima el mismo argumentario entre políticos españoles y personajes de instituciones europeas. Pero…

Parece que los políticos, de uno y otro signo, de uno u otro país, han unido sus esfuerzos alrededor de la hipótesis de que los problemas de la Unión Europea y en la Unión Europea son de naturaleza disociada e inconexa. En fin sorpresa. Sorpresa, que a estas alturas de la crisis, y en el ambiente actual es peligrosa. Primero porque exterioriza falta de visión sobre lo que acaece y, con ello, induce a esperar un mayor coste futuro. Segundo porque el argumento, ya en la forma ya en el fondo, pone seriamente en cuestión los conocimientos de quienes hacen dichas manifestaciones. Tercero los consabidos “malvados mercados” lamentablemente para la credibilidad de estos políticos, si conocen, desde hace más de cien años, que ocurre y porque ocurre. Es simplemente el denominador de una de sus más sencillas ecuaciones, “rentabilidad-riesgo”. Rentabilidad-riesgo, que como el mundo económico últimamente es redondo (global), últimamente se mide en términos relativos.

El riesgo, de manera genérica, es la probabilidad de que un evento adverso ocurra y trasmita consecuencias negativas. El riesgo macroeconómico cuando existe, se trasmite, refleja y convierte en riesgo monetario (financiero), concretándose de manera preferente en los tipos de cambio y los tipos de interés a largo plazo (bond yields). El riesgo macroeconómico está directamente relacionado, y por lo general, con los desajustes de gasto público (déficit fiscal excesivo) y endeudamiento público (deuda pública/PIB) o riesgo soberano. No obstante, otro tipo de desequilibrios, también por su alcance económico general, pueden trasladar efectos lesivos al sistema macroeconómico. Así, crisis inmobiliarias (Japón, USA subprime), desequilibrios bancarios (Islandia, Irlanda), desequilibrios empresariales (Enron), ineptitud en política económica (Argentina, Portugal, Grecia, España) y otros.

Para explicar el problema del riesgo en la UE, basta un sencillo símil. La economía de la Eurozona es como un buque de gran calado, lleno de cámaras distintas (naciones) y con una sola claraboya al exterior para asegurar la total estanqueidad del mismo. La claraboya al exterior se llama Euro. Si una cámara se incendia por cualquier motivo, el humo (riesgo) se expande con rapidez y dirige su caminar hacía las cámaras vecinas (naciones con problemas). Finalmente, y si no se sofoca el fuego, el buque es devorado por las llamas y se hunde.

En la Eurozona cada nación tiene su propio talón de Aquiles o potencial causa/s de ignición de riesgo. Así sector inmobiliario, sector bancario, déficit fiscal, endeudamiento soberano, endeudamiento privado, desequilibrio cuenta corriente, falta de competitividad relativa, elevado desempleo, sistema de pensiones insostenible, baja solvencia política, y, de manera general, ineficacia de una política monetaria común. Aunque las causas de la generación de riesgo doméstico de cada país pueden ser convergentes o divergentes a las existentes en otros países (“España no es Portugal”), esta verdad tiene corolario, el riesgo en una zona monetaria común no solo puede trasmitirse entre los mercados monetarios sino que además es aditivo en términos cambiarios (Euro). En otras palabras, el riesgo de la UE tiende a concretarse sobre dos variables. La primera, general, es la moneda común, el Euro, mayor riesgo implica devaluación de la moneda común frente a otras monedas a nivel mundial, y viceversa. La segunda, singular o doméstica, es el mercado de bonos soberanos (y Bolsa de valores). Distintos niveles de riesgos dan lugar a los diferenciales bien conocidos entre las rentabilidades de los bonos. La ignición de algún riesgo dentro de la UE (situación actual Portugal), aumenta la probabilidad de ignición de otros fuegos en un futuro cercano, ya que pone al mercado mundial (inversores) a la defensiva de la UE al no ser este un espacio financiero y monetario disociable e inconexo. La UE es, por definición, un mercado unido monetariamente (asociado) y conexo en términos de riesgo o exactamente lo contrario de lo que se manifiesta políticamente.

“España, no es Irlanda ni Portugal”, es verdad, pero algunas naciones de la UE (PIIGS), intervenidas o no, gracias a la unidad monetaria y a la conexión de riesgo, como afirma Krugman, están “presas del euro”.