España es un caso fascinante


Hace poco nos reunimos durante varios días en España con los principales bancos del país, el Banco de España, el 'banco malo' y otras instituciones económicas públicas. Entre ellos reinaba una constante: la creciente confianza en que la economía española había iniciado su recuperación. Y, hasta cierto punto, los datos así lo avalan. Parece que el desempleo se estabiliza, las últimas encuestas del Índice de Gestión de Compras apuntan a una expansión económica y la bolsa española es uno de los mercados bursátiles europeos que ha arrojado mejores resultados este año, con una subida superior al 27% (en el momento en que se redactó este artículo). Ahora que las rentabilidades de las obligaciones del Estado a 10 años también han descendido hasta aproximadamente el 4,28% tras alcanzar su máximo del 7,59% el pasado julio, el debate en España (y quizá en buena parte de la zona del euro) se centra ahora en la senda de la recuperación y en su sostenibilidad.

El carácter dinámico de las reformas introducidas en el sector financiero hacen de España un caso fascinante. Buena parte de los préstamos inmobiliarios fallidos del sistema han sido eliminados de los balances de situación de los bancos y han pasado ahora a ser propiedad de un banco malo: la SAREB. Los propios bancos se han recapitalizado, nacionalizándose aquellos con mayores problemas de solvencia mediante un vehículo público, el FROB. Los que no han sido nacionalizados se han embarcado en una agresiva captación de capital y el precio de sus acciones les ha acompañado. Así, por ejemplo, las acciones de Banco Popular —el cuarto banco del país—han subido más de un 70% respecto del mínimo registrado a finales de junio de este mismo año.

Dicho lo cual, todavía persisten numerosos desafíos. El consumo en España sigue en caída libre, la producción industrial apenas registra crecimiento y, lo que es más importante, el mercado de la vivienda todavía no ha tocado fondo. Según el dato facilitado por el Instituto Nacional de Estadística, los precios de la vivienda se han abaratado un 36,7% desde 2007. Con el elevado exceso de inventarios en cartera que presentan los bancos buenos (por ahora, puesto que algunos activos no alcanzaron los umbrales necesarios para su transmisión a la SAREB), los bancos malos y el propio sector privado (locales y expatriados), la pregunta que debe plantearse es quién va comprar y a qué precio, en medio de la guerra que libran por vender.

¿Acaso es demasiado cómoda y optimista la opinión generalizada de que el mercado inmobiliario español ha tocado fondo? Probablemente éste sea el mayor riesgo para la recuperación —ya en marcha— de la economía española, la cuarta de la zona del euro.

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